El viernes 2 de octubre ingresó a Venezuela un avión blanco con las tres franjas de los colores de la bandera de su país de procedencia; la primera era del mismo tono de la aeronave, la segunda y tercera, azul y roja, respectivamente. En su interior estaban dos bolsos de un rojo intenso y en ellos, 2.000 dosis de la Sputnik V, la vacuna rusa desarrollada por el Centro Nacional Gamaleya de Investigación de Epidemiología y Microbiología y también, la candidata vista con mayor escepticismo por los científicos.
Venezuela se convierte en el primer país de América en recibir la vacuna rusa contra la COVID-19, decía Delcy Rodríguez, vicepresidenta y ministra encargada de Economía y Finanzas de la administración de Nicolás Maduro, ante el cargamento. Mientras, el ministro de Salud, Carlos Alvarado, señalaba que las pruebas comenzarían «de inmediato» y que las primeras dosis serían aplicadas en Caracas.
La Gam-COVID-Vac, bautizada por los rusos como la Sputnik V en alusión al primer satélite soviético enviado al espacio en 1957, llegó a Venezuela, donde se realizarán algunas de las pruebas de la fase III, el último paso obligatorio que deben cumplir las candidatas para convertirse en la o las vacunas contra la COVID-19. Sin embargo, la Sputnik fue registrada antes de culminar los ensayos clínicos y, por esa razón, es la primera vacuna registrada contra esta enfermedad, como la describen sus creadores en su página oficial.
Este registro hecho antes de finalizar cada paso de la evaluación, además de haber encendido las alarmas internacionales, podría ser contraproducente para enfrentar el motivo de la pandemia. El virólogo José Esparza, miembro fundador del Programa VIH/Sida de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) y especialista de amplios conocimientos en el desarrollo de vacunas virales, afirma que no se debe considerar a esta candidata como un producto de comprobada eficiencia y seguridad, sino como una que tan solo está en fase experimental.
El registro de la vacuna rusa se hizo para autorizar el comienzo de las pruebas de eficacia. Los voluntarios deben saber que no están recibiendo una vacuna y que puede que los proteja o no. No debe venderse como una protección contra la COVID-19; al contrario, hay que tener mucho cuidado porque si la población cree que al recibirla está protegida, puede no preocuparse por las medidas o acciones de prevención y las consecuencias pueden ser mayores, dice Esparza.
El 11 de agosto el Ministerio de Salud de la Federación Rusa certificó su registro, 10 días después de haber culminado los ensayos de fase I y II. Todos los voluntarios toleraron bien las pruebas, no se registraron efectos adversos graves o inesperados. La vacuna indujo la formación de una alta respuesta inmune celular y de anticuerpos. Ningún participante en el ensayo clínico actual ha contraído coronavirus, detallan en su web.
En su portal indican que la fase III empezaría en Rusia el 24 de agosto, es decir, dos semanas posteriores del registro. En ella contaría con 40.000 personas y sumarían varios países, entre ellos los Emiratos Árabes Unidos, Arabia Saudita, Filipinas y, posiblemente, India o Brasil.
El 22 de septiembre, el doctor de biología y líder del equipo de la Sputnik V, Alexandr Guintsburg, informó que hasta ese momento todas las regiones rusas habían recibido lotes de prueba de la vacuna contra COVID-19. Unos 2.500 voluntarios moscovitas recibieron el primer componente de la vacuna. No se detectaron complicaciones en estos voluntarios, excepto aquellas insignificantes que están previstas en las instrucciones para el uso de esta vacuna, afirmó.
Esparza explica que la vacuna rusa ha sido desarrollada básicamente con la misma rapidez que las otras candidatas, pero los resultados publicados el mes pasado crearon mucho escepticismo en la comunidad científica sobre esos datos porque no parecen ser suficientemente convincentes. En ellos se repiten muchos resultados y hace sospechoso la conducta de los experimentos. De manera que la comunidad científica tiene muchas dudas sobre la veracidad de esa información, agrega.
Pero desde finales de agosto, el Ministro de Salud venezolano ha mostrado interés porque Venezuela sea una de las sedes de la tercera fase del estudio ruso, reconocido por el jefe del fondo estatal encargado de suscribir contratos de venta y distribución, Kiril Dmítriev. «Hay un gran interés por parte de Venezuela, pero también de otros países. Algunos países lo dicen públicamente y muchos otros no lo hacen, pero están trabajando estrechamente con nosotros», señaló.
En ese momento, Carlos Alvarado anunció que el país aportaría 500 voluntarios; sin embargo, ingresaron 2.000 dosis. Lo que llegó a Venezuela fueron 2.000 vacunas y 2.000 placebos. Y al igual que cualquier otra, debe pasar un proceso que demuestre eficacia y seguridad con resultados accesibles a revisión para pares científicos, afirma Julio Castro, médico internista e infectólogo.
En el caso de Venezuela, no creo que existen las condiciones para hacer una prueba experimental de esta vacuna o, por lo menos, no se ha comunicado a la comunidad científica venezolana. Las pruebas de vacunas deben hacerse con una transparencia muy alta para que la población entienda perfectamente a que se está sometiendo y no se creen falsas requerimientos sobre el uso de la vacuna, señala Esparza.
Los planes de Venezuela con la Sputnik V no se quedan en formar parte de la fase III, Delcy Rodríguez, mientras recibía el lote ruso, afirmó: «No solamente vamos a participar en los ensayos clínicos, sino que también vamos a garantizar, gracias a la cooperación estratégica entre Venezuela y Rusia, que vamos a participar del suministro seguro para nuestro pueblo y también de la producción de la vacuna en Venezuela». Su declaración confirma una solicitud mencionada por la administración de Maduro en agosto.
Podemos nosotros iniciar, primero, el proceso de envase y, luego, la producción completa de la vacuna en Venezuela como aspiramos, expresó Alvarado, tras una videoconferencia con miembros de la vacuna financiada por el Fondo Ruso de Inversión Directa (Rdif).
A lo que Esparza responde que esta es una vacuna relativamente complicada de fabricar. Son dos vectores de adenovirus y en Venezuela definitivamente no hay experticia para fabricarla. Probablemente lo que podrían hacer es enviar desde Rusia la vacuna en cantidades grandes y en Venezuela se envasarían en frascos pequeños, pero eso no quiere decir que la vacuna se esté produciendo en Venezuela.
Según Médicos Unidos de Venezuela esta vacuna, al igual que otras a nivel mundial, está en fase de desarrollo y al estar en fase III aún no es confiable. Como todo estudio debe cumplir con la metodología, pero el uso de la vacuna no se ha comunicado a las sociedades científicas. Estaremos vigilantes de sus resultados, indica.
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