La noticia de que el gobierno de Donald Trump permitiría a Chevron retomar sus operaciones en Venezuela a pocos días de cumplirse dos meses del cese de operaciones ordenado por la Oficina de Control de Bienes Extranjeros (OFAC, por sus siglas en inglés) del Departamento de Tesoro es visto por expertos como una señal positiva ante lo que consideran un cambio en la política de Estados Unidos hacia Venezuela.
Medios como Bloomberg, The Wall Street Journal, Reuters y El Nuevo Herald resaltaron el viraje de Estados Unidos con respecto a la política inicial de revocar las licencias petroleras, aunque aún no está del todo claro la modalidad que se aplicaría. Sin embargo, según El Nuevo Herald, el nuevo acuerdo, descrito por fuentes sería como una “licencia específica” en lugar de una general, lo que permitiría a Chevron reanudar una actividad más regular con Petróleos de Venezuela (Pdvsa).
El Departamento de Estado señaló, de acuerdo con el medio estadounidense, que la licencia se emitió únicamente para fines de mantenimiento por parte de Chevron y para crear las condiciones necesarias para que el gobierno de Nicolás Maduro pague la “enorme deuda” que mantiene con la empresa petrolera.
“Aunque no podemos comentar sobre licencias específicas, el gobierno de Estados Unidos no permitirá que el régimen de Maduro se beneficie de la venta de petróleo,” dijo el Departamento de Estado al Miami Herald en un correo electrónico
Además, el medio señala que Chevron pagará al gobierno de Maduro en barriles de petróleo en lugar de efectivo, “un cambio que podría dar a Caracas cierta flexibilidad para comercializar sus recursos pese a las sanciones internacionales vigentes”.
También insiste en que las fuentes afirmaron que Estados Unidos optó por hacerla “una licencia específica en vez de una general, como la última vez”, tomando en cuenta la diferencia entre una licencia específica y una general: “los detalles de la primera pueden mantenerse en privado, mientras que en la segunda los detalles quedan expuestos a la vista de todo el mundo”.
No obstante, Elías Ferrer, fundador de Orinoco Research, aún no se sabe “a ciencia cierta” qué tipo de licencia recibiría Chevron. “Anteriormente, la Licencia General 41 no autorizaba los pagos de impuestos y regalías, pero tampoco los prohibía en el idioma de las licencias OFAC. La LG 35 se encargaba de eso, es decir, lo permitía”.
Al respecto, Jeremy Martin, vicepresidente de Energía y Sostenibilidad del Institute of the Americas, asegura que, por ahora, lo que hay es “un gran tira y afloja interno (en el gobierno de Trump) sobre lo que se permitirá y las modalidades. Es difícil y quizás no muy útil especular sobre los detalles hasta que haya más declaraciones oficiales de Estados Unidos y la administración Trump”.
¿Adiós a la “máxima presión” de Trump?
Si bien no se refirieron abiertamente a la noticia de la posible reanudación de las operaciones de Chevron en Venezuela, los congresistas estadounidenses Carlos Giménez, María Elvira Salazar y Mario Díaz-Balart, quienes habían inicialmente condicionado su voto en el Congreso al megaproyecto presupuestario de Trump si no revocaban las licencias petroleras, emitieron un mensaje conjunto, reafirmando el respaldo al mandatario estadounidense “en su lucha por la libertad en Venezuela”.
En un mensaje publicado en la cuenta en X de Díaz-Balart, enfatizaron que el gobierno de Maduro no obtendrá beneficios: “No importa lo que diga el régimen de Maduro, no recibirán ningún beneficio”. Además, resaltaron el compromiso de Trump con la causa venezolana, señalando que “no hay aliado más firme de la causa de la libertad del pueblo venezolano”.
En su cuenta en X, Luis Vicente León, presidente de Datanálisis fue más allá y aseguró que: “Está en marcha un cambio evidente en la estrategia de comunicación y negociación del gobierno norteamericano frente a Venezuela, que refleja cada vez con más claridad la visión que el presidente Trump ha venido expresando a nivel global”.
Recalcó lo que ya ha reiterado en diversas oportunidades. “La política de ‘máxima presión’ es circunstancial e insostenible, entre otras cosas, porque resulta irracional cara a las necesidades transaccionales del sancionador”, en este caso para Estados Unidos.
“Resulta absurdo pensar que un gobierno mantendrá indefinidamente una política de sanciones contra otro si esta no tiene posibilidad real de generar cambios políticos y, además, produce efectos boomerang negativos para quien las aplica: empeora su política migratoria, afecta las actividades económicas de sus propios ciudadanos, reduce su capacidad de incidir en el mercado energético regional, fortalece la influencia de su adversario global y pulveriza a la oposición que ha intentado respaldar”, indicó el economista.
Por eso, para León, en el caso venezolano “las prioridades estratégicas están bien definidas” y estas son: contener la presión migratoria, asegurar el acceso preferencial de Estados Unidos a energía y minerales críticos dada la ubicación geográfica del país, y frenar el avance de la influencia china en la región.
“Ninguno de estos objetivos es compatible con una estrategia de máxima presión sostenida, mucho menos cuando no hay una expectativa realista de cambio de gobierno en el corto o mediano plazo. Tras dos décadas en las que los mismos líderes políticos han prometido un cambio político que nunca ocurrió, Estados Unidos ha recorrido una curva de aprendizaje significativa y sabe perfectamente separar el ruido de las señales, más allá de que circunstancialmente le puedan convenir los ruidos durante un rato”, agregó.
También considera que este giro en la política de Trump no está exento de “contradicciones, tensiones internas ni movimientos estratégicos propios de cualquier disputa de poder. Pero el desenlace parece cada vez más claro: Estados Unidos actuará según su conveniencia. Y lo que le conviene no es aislar a Venezuela ni regalarles su espacio estratégico a actores adversos. Ese escenario no está planteado. Y lo veremos desarrollarse con lógica y pragmatismo más temprano que tarde”.
Concluye asegurando que en esta oportunidad los intereses de Estados Unidos y los de la población venezolana coinciden: “Me parece que podremos celebrar en breve algunos avances importantes para la calidad de vida de los venezolanos”.
Tanto coinciden en los intereses que, como bien escribió Asdrúbal Oliveros, socio director de Ecoanálitica, en su cuenta en X, de confirmarse la reanudación de las operaciones de Chevron, el impacto sobre la economía venezolana de cara al segundo semestre y 2026 “es significativo: el sector petrolero continuaría con su racha de crecimiento y un importante flujo de divisas para el mercado cambiario y financiamiento de importaciones”.
De hecho, tal y como resalta Jeremy Martin, “a pesar de todo el esfuerzo y la aparente ‘máxima presión’ de los últimos meses, la producción y las exportaciones de petróleo de Venezuela están cerca de los niveles que tenían antes de las cancelaciones de licencias”, así como tampoco se ha producido un cambio de gobierno.
Elías Ferrer también destacó que la producción y las exportaciones se han mantenido al mismo nivel “con la breve salida de Chevron”. Sin embargo, no había expectativas de crecimiento. ”Ahora sí, aunque tardarán en materializarse, sobre todo por la incertidumbre que se genera con ese ahora sí, ahora no”.
Por ello, considera que lo importante es ver hasta qué punto se expanden las licencias, si son por más tiempo y para más empresas. Aseguró que de eso dependerá si habrá “más o menos inversión, y también certidumbre para el sector (petrolero) y la economía en general”.
