El acuerdo petrolero anunciado entre Estados Unidos y Venezuela abre un potencial escenario de fuerte recuperación para la economía venezolana y mejora de sus perspectivas fiscales y de deuda, aunque Oxford Economics considera que las incertidumbres que rodean su ejecución son todavía demasiado grandes como para incorporarlo a su escenario base, reporta Bloomberg.
La evaluación de la consultora llega después de una intensa jornada de acuerdos en Caracas el 2 de septiembre, cuando la presidenta encargada Delcy Rodríguez recibió en Miraflores al secretario de Energía de Estados Unidos, Chris Wright, en una visita que coincidió con la firma de nuevos proyectos para ampliar las operaciones petroleras y energéticas de compañías internacionales en Venezuela.
Es precisamente la suma de esos proyectos la que Oxford Economics intenta medir en su más reciente informe semanal sobre América Latina, destaca Bloomberg.
La firma considera que los acuerdos añaden riesgos al alza a sus previsiones para Venezuela. Pero la falta de transparencia sobre sus términos, los anuncios contradictorios de ambos gobiernos y la cautela con la que las compañías evalúan el país hacen que todavía no tenga suficiente confianza en su ejecución para incorporarlos a su escenario central.
El mayor potencial de expansión está concentrado en el acuerdo vinculado a North American Blue Energy Partners (Nabep), al que se le ha concedido acceso a una concesión que contiene 65.000 millones de barriles, equivalentes a alrededor del 20% de las reservas oficiales de Venezuela.
La empresa tiene como objetivo aumentar su producción desde unos 200.000 barriles diarios hasta más de un millón de barriles diarios, lo que supondría una expansión de unos 800.000 barriles diarios.
A ese crecimiento se sumarían los planes anunciados esta semana por Chevron y Eni. Oxford Economics estima un aumento de alrededor de 300.000 barriles diarios por parte de Chevron y de unos 400.000 barriles diarios por parte de Eni.
Si todos esos proyectos llegan a desarrollarse según lo previsto, la producción venezolana podría acercarse durante la próxima década a los más de 2,5 millones de barriles diarios que el país alcanzó antes de la crisis, según el escenario ilustrado por Oxford Economics.
Impacto económico
Para Oxford Economics, el efecto de un escenario exitoso iría mucho más allá del aumento de los barriles producidos. Si Nabep a cargo del controvertido empresario Alejandro Betancourt, alcanza su objetivo de un millón de barriles diarios en diez años, los 209.000 millones de dólares previstos en impuestos y regalías aumentarían en alrededor de 40% los ingresos del gobierno venezolano durante esa década, según los cálculos de la firma.
Y si la mayor parte de los hasta 100.000 millones de dólares de inversión anunciados se ejecutara dentro del mismo período, ese flujo de capital añadiría por sí solo al menos 5% al PIB anual.
Esas cifras explican por qué Oxford Economics considera que el acuerdo representa un importante riesgo al alza para las perspectivas económicas y de deuda de Venezuela, aun cuando no esté dispuesto todavía a convertir esa posibilidad en su previsión principal.
Con cautela
La presencia de Wright en Caracas añadió un elemento adicional a la ecuación. Para Oxford Economics, la participación de la administración Trump aumenta las posibilidades de que el proyecto de Nabep llegue a concretarse porque podría reducir el riesgo de expropiación y, con ello, facilitar la llegada de capital privado necesario para financiar inversiones de gran escala.
Pero la participación de Washington no elimina los riesgos. El informe advierte que el acuerdo enfrenta interrogantes legales tanto en Estados Unidos como en Venezuela y que podría quedar sometido a un mayor escrutinio si los demócratas recuperan una o ambas cámaras del Congreso estadounidense en las elecciones de medio término.
Oxford Economics también considera que las proyecciones publicadas en torno a los nuevos proyectos son probablemente optimistas.
A ello se suma la cautela que persiste entre algunas grandes compañías petroleras internacionales ante la necesidad de realizar inversiones de largo plazo en un país marcado por años de expropiaciones, cambios regulatorios y dificultades para atraer capital.
La firma sostiene además que el nuevo acuerdo podría reducir los incentivos para una transición democrática en Venezuela, un proceso que considera necesario para una recuperación económica más sólida a largo plazo.
Por ello, incluso con el potencial de los nuevos proyectos, mantiene su previsión de que el PIB venezolano en 2050 seguirá 20% por debajo de su máximo de 2013.
