«El perro es el mejor amigo del hombre», el abogado George Vest inmortalizo esta frase, frente a un jurado de los Estados Unidos, en el año 1870; más de un siglo y medio después, César Ferrari, otro abogado pero de un humilde barrio de la provincia de Buenos Aires, mantiene vigente dicha afirmación.
A la vera del arroyo Sarandi, a 10 minutos de la capital federal, César nos recibe en el lote adquirido hace poco tiempo, desmalezó, alambró y organizó lo que era un basural, en un nuevo cobijo para más de 50 perros de la calle.
No es la primera vez que «arranca de nuevo», más de 25 años de pasión por los animales lo llevaron a pasar por desalojos, tristezas, crisis económicas y hasta separaciones de pareja, pero dice no arrepentirse de nada «a mi hijo le doy las herramientas necesarias para que enfrenten la vida, a los perros los acompaño de por vida porque en la calle no los ayuda nadie».
No tiene auto para pasear con su familia, pero camina y viaja en transporte público para llegar a su refugio canino. Hace quince años no se toma vacaciones pero asegura brindarle la mejor estadía a los más de 50 perros que alberga, no festeja navidad ni año nuevo pero celebra cada día que pasa haber encontrado su misión en la vida y lejos de haber cumplido el «sueño de la vivienda propia» decidió invertir más de 100 mil dólares en la casa de sus mascotas; difícilmente encontremos una carta de presentación, mas genuina y movilizadora, que está para entender la locura de este humilde abogado.
«El dinero es lo de menos», asegura, ser profesional le garantiza un aceptable pasar económico aunque afirma, «no me sobra nada y no tengo grandes ambiciones, si me sobrara algo también se lo daría a los perros, el cariño que me dan ellos, no tiene precio.
Sin embargo el aspecto financiero es un dato más que relevante, dentro de su emotiva actividad invierte mil quinientos dólares mensuales entre alimento y manutención, 500 dólares de sueldo al encargado del lugar y un gasto medico incalculable entre medicamentos y operaciones, sumado a que jura no haber recibido nunca ayuda gubernamental, cuando le pidió apoyo a la comuna lo trataron de loco y dice, elegir, no depender de nadie «me enorgullece no deberle nada a nadie, solo me debo a los perros»



