Cifra alarmante: 34 millones de desempleados en Latinoamérica

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Las medidas de confinamiento impuestas en Latinoamérica para evitar la expansión del COVID-19 han dejado a su paso unos 34 millones de desempleados, según lo señalado por la Organización Mundial del Trabajo (OIT).

La cifra es una de las peores noticias que circulan en medios internacionales. Además de la estela de fallecidos, del caos de orden económico causado,  estos datos vienen a complementar el panorama, nada esperanzador, de miles de familias que requieren de sus ingresos, por exiguos que estos sean, para satisfacer necesidades tan básicas como la alimentación.

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Según el informe de la OIT “Panorama Laboral en tiempos de la COVID-19”, la cifra supone un triste récord, ya que es la región del mundo donde la pandemia ha causado mayores estragos, sobre todo, en lo que se refiere a la destrucción del empleo. Un total de nueve países, que concentran 80% de los puestos de trabajo de la región, forman parte de este informe. Argentina, Brasil, Chile, Colombia, Costa Rica, México, Perú, Paraguay y Uruguay.

Los datos señalan que durante el primer semestre de 2020 el porcentaje de ocupación de la población económicamente activa se ubicó en 51,1%, unos 5,4 puntos menos que en similar periodo del año anterior. En total, 34 millones de personas en la región entraron a las filas del desempleo, especialmente mujeres y jóvenes, sobre todo del sector informal.

El empleo masculino cayó entre 3% y 34%, mientras que en el femenino descendió entre 7% y 43%. La destrucción del empleo ha sido desigual. Al comparar el primer trimestre con el segundo trimestre de 2020, observamos que, en lo que respecta a Uruguay, el índice de ocupación pasó de 55,6% a 52,9%, mientras que en Perú el impacto ha sido mayor, al caer de 66,6% a 41,3%.

Los sectores que más aportaron a las estadísticas de desempleo son los dedicados a la actividad turística (hoteles y restaurantes), comercio, servicios personales y construcción. La crisis ha sido especialmente dura con los trabajadores independientes e informales, más que con los formales y asalariados. México es uno de esos casos, ya que entre marzo-abril de 2020 el sector informal registró una pérdida de 10,4 millones de puestos informales, mientras que el empleo formal se redujo en 2 millones.

A todas luces el escenario luce preocupante. El caos social se incrementa. Las consecuencias de quedarse sin empleo repercuten sobre todo en la población más vulnerable. Un importante número de habitantes de Latinoamérica corren el riesgo de que si no les mata la pandemia, pueden morir de hambre. Debe, entonces, haber un esfuerzo colectivo de los gobiernos de la región para diseñar mecanismos de transformación productiva, propiciar escenarios para que la economía arranque y la crisis vaya minimizando sus efectos perniciosos.

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