El sábado 5 de marzo aterrizó sigilosamente un vuelo en el aeropuerto Simón Bolívar, donde venían tres funcionarios estadounidenses enviados por el presidente de ese país, Joe Biden. Uno de altísimo rango: Juan González, asesor para América Latina del primer mandatario. El segundo, James Story, quien ha fungido como embajador de ese país para Venezuela, pero desde Colombia; y el tercero era Roger Carstens, un veterano en asuntos relacionados con rehenes muy respetado y de gran confianza de la Casa Blanca.
¿A qué venían a Venezuela? A conversar directamente con Nicolás Maduro. No fue necesario ni la mesa de negociación de México, ni grupos de intercambio de pensamiento, y tampoco el llamado gobierno interino presidido por Juan Guaidó. Se dio gracias al mejor facilitador que siempre ha tenido Venezuela: el petróleo.
Un imponderable como el conflicto entre Rusia y Ucrania ha facilitado este encuentro que duró dos días y en los que se discutieron asuntos relacionados con las sanciones petroleras, la situación de Citgo, la detención de los llamados Citgo 6 y, por supuesto, la posibilidad de una salida política a través de elecciones con condiciones justas.
Si bien durante estos dos largos días las conversaciones fueron privada y ha habido un halo de sigilo para que no se filtren detalles, se pudo conocer de manera extraoficial que no hubo aún humo blanco, pero sí la exposición de algunos acuerdos por venir y las condiciones que establece cada parte.
Estuvieron presentes y activos la vicepresidenta Delcy Rodríguez, y el presidente de la Asamblea Nacional, Jorge Rodríguez. Hay una versión que en HispanoPost no pudimos confirmar que sugiere que también estuvo presente Asdrúbal Chávez, como presidente de la petrolera estatal, entre otros.
La noticia filtrada en un principio por el The New York Times no cayó bien entre los círculos radicales en Estados Unidos; tal y como se puede comprobar en las opiniones del senador republicano, Marco Rubio. Pero es importante entender que en este momento de crisis mundial y ante el panorama de que los demócratas con seguridad perderán el estado de Florida en las elecciones legislativas de noviembre, la reacción de Rubio es lo que se denomina en economía un costo hundido para Biden.
Para los círculos radicales en Venezuela y en el exterior la información no gozaba de credibilidad y su reacción ha sido de desconcierto; mientras que para los radicales del chavismo esa negociación luce imposible, pues a Putin no se le puede traicionar.
Un punto adicional es que en los últimos años cualquier interlocución entre la administración Biden y la de Maduro estaba bloqueada por el interinato. Eso cambió.
Sin embargo, hay mucho en juego para el planeta entero en cuanto a la crisis energética que pueden crear las sanciones petroleras que podrían ser impuestas a Rusia.
Para Venezuela esta situación, aun siendo la administración de Maduro aliada del gobierno de Putin, es una ventana de oportunidad. No hay que olvidar que la cuota petrolera que tenía Venezuela en el mercado internacional fue arrebatada por Rusia luego de las sanciones a Pdvsa.
Ya hay analistas petroleros que señalan que, aunque haya un acuerdo, es imposible que Pdvsa y empresas como Chevron puedan aumentar la producción, pero tal análisis debe ser demostrado, pues en el pasado los cálculos de producción de Venezuela han fallado y sin sanciones la realidad podría ser otra.
Hay dos vertientes de posibles acuerdos. Por un lado, la necesidad de ser pragmáticos en lo que al mercado energético se refiere y de que haya acuerdo político entre Estados Unidos y la administración de Maduro, a quien no reconoce como gobierno legítimo. Una amplia ventana se abrió y dependerá de la habilidad de los negociadores y de la necesidad de ser pragmáticos que se logren al menos unos mínimos acuerdos básicos.
El avión despegó de Maiquetía ayer en la noche, por ahora.
