Hablar de Manny Pacquiao es hablar de historia de boxeo, y la historia del boxeo siempre estará asociada a la estridencia. No es un deporte al uso, es un deporte ligado al honor y al castigo físico, y esto, en los tiempos que habitamos parece algo medieval y olvidado. No siempre la estridencia es negativa, pero es estridencia, provoca reacciones, y una vez más como acostumbra en esta última etapa y en la que dicen que será su última pelea el filipino lo ha vuelto a hacer.
Está en el punto mediático más por sus afirmaciones y comportamientos que por su currículum como boxeador. Si por algo se ganó ‘Pac- Man’ Pacquiao a los aficionados -y a los no tanto- a este deporte es porque huía del estereotipo del boxeador prepotente y bocazas. Representaba a una hormiguita que de la nada y con el fruto de su trabajo llega a lo más lejos. A todo el mundo le caía bien el bueno de Manny, y no solo por su técnica y velocidad, ni siquiera era por esos maravillosos combates donde avanzaba sin tregua pasando por encima a sus rivales como una apisonadora con el freno roto. Entrando al intercambio, no solamente sin miedo, sino con ganas.
El filipino caía bien porque era humilde y parecía un buen ejemplo para cualquier chaval, trabaja duro y sal de la pobreza era lo que transmitían sus ojos. Sé humilde en la victoria, parecía su mantra, es más, salía con esa cinta en la frente que nos hacía pensar que mientras el bueno de Floyd Mayweather se bañaba en dólares como Gilito McPato, Manny ponía incienso en su casa y comía una pechuga de pollo de oferta en el súper. Pero como todo lo bueno, ese Manny cambió, los rumores se dispararon. Se decía que había cambiado la Iglesia por el Casino, empezaba a tontear con la política, e incluso jugaba al basket, otra de sus pasiones. Poco a poco iba desapareciendo el boxeador sufrido y salía otro boxeador histriónico, de los muchos que hemos conocido.
Hace un par de años, cuando el gran Sergio ‘Maravilla’ Martínez, derrotó a Julio César Chavez jr ‘El hijo de la leyenda’ tuve la suerte de poder cenar con él aquí en Madrid. Como enamorado del boxeo, es difícil ver a estas grandes leyendas en mi país y para mí era una ocasión única e irrepetible. Supongo que será lo que siente un aficionado a la tauromaquia de Oklahoma si pudiera cenar con José Tomás allí en su pueblo. No lo pude evitar y le pregunté, cómo se veía él respecto a los dos púgiles del momento: El Alfa y el Omega del cuadrilátero Floyd Mayweather y Manny Pacquiao.
El bueno de Sergio, pese a estar siendo portada en todo el planeta debido a su heroica gesta, mantenía los pies en el suelo, pero me dijo una cosa curiosa. Me dijo que subiría con cualquiera de los dos al ring, son muy buenos, pero me veo con opciones. Mientras yo por primera vez en mi vida podía preguntarle a una leyenda del boxeo por otras leyendas con la tranquilidad que da una sobremesa en España, él aceptaba de buen grado mis preguntas de aficionado. Una vez abierta la veda, le hice la pregunta que todo el mundo piensa y nadie tiene oportunidad de hacer: ¿Pero en serio Mayweather es así?
Hay que ponerse en mi lugar para entender bien esta pregunta. Yo soy de un país donde la gente critica que Cristiano Ronaldo se compre coches y relojes caros. Él, me miró y me dijo entre risas, «no tanto, sólo cuando hay cámaras, sino es muy normal, un tío divertido». Sorprendido por esta respuesta pregunté lo mismo sobre Pacquiao. Esperaba que me confirmara la opinión que teníamos todo el planeta. «Cuando hablas con él te das cuenta de lo humilde y sencillo qué es».
Pues bien, no sabemos qué es lo que ha llevado al bueno de Manny a dejar de lado esa senda, y llegar incluso al histrionismo absurdo de opinar salvajemente contra las uniones del mismo sexo y ponerse de un plumazo en el centro del huracán mediático, por una excentricidad. Cuestionado ya como boxeador en retirada, y dudando de la persona que antaño fuera un referente, sólo queda saber que hará en esta última pelea con Bradley. ¿Humildad y trabajo? ¿Desconexión emocional? ¿ Un último combate épico? él dijo en la conferencia de prensa.
«Esta pelea tiene un significado muy especial para mí y voy a derramar hasta la última gota de mi ser físico, emocional y espiritual. No lo sabemos, sólo sabemos que esta vez apenas cuenta con 7 millones de dólares de fijo en la bolsa más incentivos y que la leyenda del trabajo humilde puede acabar besando una lona y menos querido que nunca. El boxeador que provocaba que durante sus combates en Filipinas incluso los criminales no cometieran delitos para poder verle, se ha convertido en un personaje bocazas qué está por ver si sigue en forma.



