Espero que algún día celebremos nuestra independencia de nuevo y podamos proclamar que en Venezuela se puede ser gente

“En estos días, cuando deberíamos estar celebrando un nuevo aniversario del 5 de julio y, en cambio, nos encontramos con que no tenemos ni una sola razón para celebrar; quiero compartir con ustedes una de las historias más hermosas que hablan de nuestro gentilicio: la de Irina Nimchikova, dueña de la posada Macrovia en Morrocoy”, señala la comunicadora Carolina Jaimes Branger.

En su videocolumna para HispanoPost, narra lo que debió enfrentar Nimchikova antes de migrar a Venezuela. “Cuando la entrevisté, me contó que había nacido en Rusia y su familia, de blancos rusos, eran contrarios a los bolcheviques. Tuvieron que ir a Yugoslavia, donde los sorprendió la II Guerra Mundial”.

Cuando los nazis invadieron el pueblo donde vivía su familia, Nimchikova “sufrió su cuota de terror porque el ejército alemán consideraba a los rusos como una banda de criminales judeobolcheviques y, por lo tanto, eran subhumanos. Y como tales no se les permitía entrar en los refugios, durante los bombardeos”, cuenta Jaimes Branger.

Uno de esos bombardeos destruyó por completo al pueblo y la única sobreviviente fue Irina: sus padres, sus familiares, sus amigos, todos murieron. Al terminar la guerra, fue a un campo de refugiados de las Naciones Unidas, para ver para dónde se iba. Al principio pensó en Canadá, pero le pedían papeles, lo cuales no tenía porque los había perdido durante el bombardeo. Luego consideró Brasil, pero también le pedían algún tipo de identificación.

“Mientras ella caminaba entre un stand y otro, había un señor pequeño que no le quitaba la vista de encima y cuando ella sale frustrada del stand de Brasil, se le acerca y le dice: ‘Hija, ¿y tú no has considerado venirte a Venezuela?”, continúa relatando Jaimes Branger.

Nimchikova le contó a la comunicadora que buscó en su memoria y recordó que había estudiado el río Orinoco en sexto grado, pero era la única referencia que tenía de nuestro país. “Entonces le pregunta al señor, que resultó ser el cónsul de apellido Colmenares: ‘¿Y yo, qué puedo hacer en Venezuela?’ Y la respuesta del señor Colmenares es una de las más hermosas que he escuchado en mi vida sobre nuestro país: ‘En Venezuela –le dijo- podrás ser gente”, dice Jaimes Branger.

Ante tal respuesta, Nimchikova recordó lo que pensó en ese momento: “¿Cómo no venirme a un lugar donde podía ser lo que se me había negado toda mi vida?… Aquí estoy y aquí sigo…”.

En vista de todo lo anterior, Jaimes Branger puntualiza: “Yo solo espero, queridos compatriotas, que algún día podamos celebrar nuestra independencia de nuevo y que con orgullo podamos proclamar que en Venezuela se puede ser gente”.