Como “un grave error” califican Francisco Rodríguez, economista y profesor de la Escuela Korbel de Estudios Internacionales en la Universidad de Denver, y Feliciano Reyna, presidente de Acción Solidaria, la posibilidad que desde el gobierno de Donald Trump se reimpongan las sanciones económicas contra Venezuela, amparado bajo la política de “máxima presión” que aplicó -sin éxito y con severas consecuencias para el país y sus ciudadanos- durante su primer mandato.
Ambos expertos consideran que se estaría nuevamente “castigando a los venezolanos” y los más afectados volverían a ser los más vulnerables, al agravarse la crisis humanitaria. Esto, advirtieron, impulsaría el éxodo de venezolanos, que incluso intentarían llegar a Estados Unidos aun cuando el gobierno de Trump endureció la política migratoria.
En su artículo How sanctions on Venezuela fueled a migrant exodus, publicado en el portal The Hill, Rodríguez advierte que han surgido llamados a volver a la estrategia de máxima presión del primer mandato de Trump, cuando impuso duras sanciones económicas a Venezuela, para volver a presionar a Nicolás Maduro para que ceda el poder.
Sin embargo, explica que al analizar el impacto de escenarios alternativos de políticas de sanciones en los flujos migratorios venezolanos y basándose en investigaciones anteriores, «restablecer las sanciones de máxima presión daría como resultado que aproximadamente un millón de venezolanos adicionales inmigraran durante los próximos cinco años en comparación con un escenario base de no sanciones económicas».
“Si Estados Unidos pretende aliviar el éxodo migratorio de Venezuela, debería centrarse en relajar, en lugar de endurecer, las sanciones contra el país sudamericano. Un regreso a las sanciones de máxima presión no sería más que una repetición de uno de los fracasos políticos más graves de la primera administración Trump”, afirma.
Detalla que en su investigación más reciente estimó que, “de no haber sido por las sanciones económicas de Estados Unidos, aproximadamente 4 millones de venezolanos habrían optado por quedarse en su país en lugar de huir al extranjero”.
Además, es de la opinión que “volver a la estrategia de máxima presión de reimponer sanciones económicas punitivas a la economía del país también sería un grave error. No haría más que castigar a millones de venezolanos que no deberían cargar” con las acciones del gobernante venezolano, sostiene.
Planteamiento con el que coincide Reyna: “Volver a reimponer las sanciones es un error. Las sanciones generales y sectoriales realmente pueden hacer mucho daño. Las dos órdenes ejecutivas de enero y agosto de 2019 complicaron mucho más las cosas. Y es que cuando hablaron de no tener gestiones de ningún tipo con el gobierno de Venezuela, escribieron que por gobierno de Venezuela se entendía al gobierno y al Estado”.
Explicó que eso dificultó poder ayudar a mejorar, por ejemplo, los hospitales públicos y hasta el sistema educativo. “Todo esto podía ser entendido como una contribución con el Estado. Es una congruencia y afecta mucho… Si tú quieres dotar de insumos a un hospital, por esta cosa de Estado y gobierno pasas por una serie de controles previos que retrasan la respuesta y eso afecta a las personas”.
Sanciones económicas entrarían en conflicto con política migratoria de Trump
Retomar las sanciones económicas, de acuerdo con Francisco Rodríguez, también entraría “en conflicto directo” con uno de los objetivos más urgentes del gobierno de Trump: “frenar el flujo creciente de migrantes irregulares, una fracción considerable y creciente de los cuales son venezolanos, que llegan a la frontera estadounidense”.
A su juicio, mantener o endurecer las sanciones socava los objetivos de política exterior y migratoria de Estados Unidos. “La cooperación con los países de origen como Venezuela es esencial para abordar la migración irregular, pero las sanciones envenenan las relaciones diplomáticas y aíslan a Estados Unidos a nivel internacional”.
Rodríguez indica que los principales aliados, incluida la Unión Europea, han evitado imponer sanciones económicas a Venezuela, declarando explícitamente que no contribuirán a exacerbar la crisis económica y humanitaria de Venezuela. “Debería ser Estados Unidos, no Europa, quien tome la iniciativa de priorizar el bienestar de los venezolanos y poner las consideraciones humanitarias al frente de sus estrategias políticas”.
Asevera que los venezolanos “no abandonan su patria por quejas políticas abstractas; huyen del hambre, la pobreza y la desesperanza. La nueva administración tiene la oportunidad de abordar estas causas profundas y trazar un rumbo que alinee la política estadounidense con su compromiso declarado de aliviar el sufrimiento humano. Es una oportunidad que no se debe desaprovechar”.
A criterio de Feliciano Reyna, “el drama” de reimponer las sanciones y que la economía se vea afectada y no termine de recuperarse el país en cuanto a infraestructura, salud, educación y capacidades productivas es que “un porcentaje importante de la población se verá muy afectada en sus posibilidades, incluso de supervivencia”.
Ante ello, advierte que para una parte de los venezolanos la única opción posible en sus planes futuros sería “buscarse la vida fuera de Venezuela… En principio Colombia, Brasil y si las situaciones en esos países también se complican, eventualmente intentarían llegar a Estados Unidos y en el camino, que es lo más duro de todo esto, sufrirían las consecuencias de la migración: tráfico, trata, explotación, reclutamiento. Es terrible”.
Opina que la migración forzosa sigue siendo “un problema real, muy complejo, muy presente y del cual no habría manera de desembarazarse si de nuevo el país tiene una situación muy grave de no creación de las condiciones para que la vida vaya haciéndose más digna”.
Consecuencias de las sanciones económicas contra Venezuela
En su artículo, Francisco Rodríguez también recuerda que en los últimos dos años el gobierno de Joe Biden alivió algunas sanciones a Venezuela, permitiendo a algunas transnacionales participar en el sector petrolero venezolano. Pero ahora “los grupos de línea dura dentro de la oposición venezolana, acompañados por los halcones de la política exterior estadounidense, están pidiendo que se ponga fin a estas licencias”.
Una posición con la cual el economista está en desacuerdo: “La evidencia muestra que las sanciones estadounidenses contribuyeron significativamente a la implosión económica de Venezuela, mientras que la flexibilización de las sanciones en los últimos años se ha asociado con una recuperación económica moderada que ha ayudado a aliviar lo peor de la crisis económica del país”.
Rodríguez expone que en la última década el ingreso per cápita de Venezuela cayó 71%, el equivalente a tres Grandes Depresiones consecutivas y la mayor contracción económica documentada en tiempos de paz en la historia mundial. Y adelantó que en su próximo libro, El colapso de Venezuela, muestra que las sanciones económicas de Estados Unidos contribuyeron significativamente a la implosión económica del país, representando más del 52% del colapso del PIB.
Para Feliciano Reyna, Estados Unidos debería centrarse en relajar las sanciones económicas contra Venezuela y mantener las licencias petroleras. “Yo me preocupo cuando escucho a personajes como la congresista María Elvira Salazar decir que los recursos le llegan al Estado venezolano. Al final, lo que se está haciendo es que haya un poco de distribución de recursos que van llegando a la población. Allí hay unas condiciones que van haciendo que haya ciertas posibilidades de normalización de lo económico. Eso no quiere decir que uno olvida otras áreas importantísimas de escrutinio sobre el tema del país, como lo institucional, lo electoral y la justicia”.
¿Las sanciones han fortalecido a Maduro?
En lugar de debilitar a Nicolás Maduro, las sanciones han fortalecido su posición, lo que ha permitido la concentración de poder y la consolidación de vínculos con los adversarios de Estados Unidos, afirma Francisco Rodríguez en su artículo.
“A medida que las empresas estadounidenses se han ido de Venezuela, han sido reemplazadas por actores de China, Rusia e Irán, lo que ha afianzado aún más el régimen de Maduro y ha reducido la influencia de Estados Unidos en la región”, agrega.
Recuerda que los opositores a la flexibilización de las sanciones argumentan que es necesario presionar a Maduro para “expulsarlo del poder”, pero décadas de investigación muestran que las sanciones rara vez logran un cambio de régimen. En cambio, “a menudo fortalecen a los regímenes autoritarios al proporcionar un chivo expiatorio para la mala gestión económica y avivar el sentimiento nacionalista”.
Por eso, Reyna asegura que desde Venezuela hay una serie de opciones para ir avanzando hacia la reinstitucionalización del país, hacia la recuperación de condiciones no solamente económicas, sino institucionales, de justicia y garantías de derechos.
“Esto toma tiempo, es de largo plazo, pero el tema de las sanciones no puede ser la única vía para resolver los problemas de Venezuela. Hay otras vías diplomáticas, políticas, incluso económicas… Ojalá no nos hiciéramos dependientes de la política interna de, por ejemplo, Estados Unidos cuando hablamos de sanciones generales o sectoriales, petroleras”, señala.
Reyna recalca que a veces se ve de manera simplista el camino posible de solución a la situación de Venezuela, “casi que haciéndolas depender solo de sanciones y que si uno propusiera levantarlas significaría olvidar otras áreas. Y nada más lejano de esta idea de ir recomponiendo toda la fábrica social, económica y política del país. Se pudiera avanzar en varios caminos al mismo tiempo. Es lo que yo vengo llamando desde hace tiempo un enfoque de múltiples caminos”.
