Isabela Herrera, miembro de una octava generación de banqueros internacionales, asumió la dirección de Banvelca, una de las organizaciones patrimoniales más longevas vinculadas a la familia Herrera Velutini. Esta incorporación coincide con una nueva etapa personal que emprende tras su matrimonio con Matthew Carmona celebrado en Antibes, Francia, en abril pasado.
Esta transición ocurre en un contexto de creciente interés por las estrategias de inversión a largo plazo, especialmente entre oficinas familiares y gestores patrimoniales que buscan proteger activos frente a un entorno económico cada vez más volátil. Todo esto mientras los mercados globales reaccionan a la inflación, los conflictos geopolíticos y las decisiones de los bancos centrales.
“El mayor error de los mercados modernos es confundir el corto plazo con la permanencia”, afirmó la directora de Banvelca.
Isabela Herrera, graduada cum laude en la Escuela de Negocios Stern de la Universidad de Nueva York (NYU) con una licenciatura en Finanzas y Ciencia de Datos, inició su carrera en PricewaterhouseCoopers (PwC) en Nueva York, donde asesoró a altos ejecutivos en transacciones complejas dentro del sector de servicios financieros.
Con raíces que se remontan a 1781, cuando Juan Bautista Velutini fundó Banvelca & Company en Nápoles, la organización ha atravesado guerras, crisis financieras, cambios políticos y transformaciones tecnológicas durante más de dos siglos. Según Herrera, la principal lección que deja esa experiencia histórica es que la resiliencia importa más que la capacidad de anticipar el próximo movimiento del mercado.
Innovación y diversificación
-¿Cuál es el mayor reto de preservar esa reputación de varios siglos en el mundo financiero de hoy?
-La paradoja es que la visibilidad, algo que en las finanzas modernas se puede considerar un activo, realmente es una gran responsabilidad para instituciones como la nuestra, que han sido construidas a base de discreción. Cuando se opera a una escala significativa hay una presión constante por participar en la conversación pública y ser percibidos como relevantes, influyentes o innovadores. Resistir esa presión sin volverse una organización aislada exige un equilibrio casi perfecto que se asume por convicción. El otro desafío, frecuentemente subestimado, es la transferencia de la cultura más que del capital. Transferir activos es un problema legal y financiero con soluciones concretas. En cambio transferir el clima institucional, el criterio, la paciencia y la capacidad de renunciar a ganancias inmediatas, es mucho más complejo, y no hay una fórmula exacta o garantizada para lograrlo.
Mientras buena parte de la industria financiera continúa enfocada en resultados trimestrales, Herrera sostiene que las instituciones multigeneracionales deben responder a horizontes más amplios. A su juicio, no se trata de adaptarse a las nuevas regulaciones o tecnologías, sino de preservar una cultura de toma de decisiones orientada al futuro, de aplicar principios de diversificación desarrollados durante generaciones a un entorno financiero en constante evolución.
Esa visión también ha llevado a la organización a evaluar nuevas oportunidades dentro de ecosistemas financieros emergentes sin abandonar los principios históricos de prudencia y preservación patrimonial.
-¿Cómo se logra eso?
-El mejor ejemplo es la incorporación de activos digitales a una cartera construida bajo la premisa de que ningún activo es permanente. La innovación no está en el activo per se, sino en la aplicación de una tesis de diversificación que hemos desarrollado durante siglos a un ecosistema financiero emergente. El desafío está en hacerlo sin considerar los instrumentos digitales como una amenaza para el modelo existente, ni como un sustituto absoluto.Las instituciones que han gestionado bien esta transición suelen aplicar la misma pregunta de filtro que utilizarían con cualquier nuevo activo: ¿Esto contribuye a la continuidad o introduce una dependencia estructural de la que no podremos desprendernos? La respuesta a esa pregunta es clave.
-¿Cuál es el factor más importante detrás de cada decisión financiera que le ha correspondido tomar?
-Es algo que forma parte de la cultura empresarial de nuestra familia. Se trata de preguntarse si esa decisión seguirá pareciendo acertada dentro de 50 años. Esa única pregunta elimina gran parte de lo que las finanzas modernas están acostumbradas a recompensar, que son las apuestas basadas en impulsos. La mayoría de las instituciones no están preparadas para pensar en horizontes que abarquen siglos. En mi opinión, el desafío no es cumplir las normas o regulaciones porque para eso hay asesores legales especializados. El verdadero reto consiste en preservar una cultura de toma de decisiones basada en la paciencia dentro de entornos regulatorios estructuralmente orientados al corto plazo. Por eso los riesgos solo deben asumirse cuando la asimetría a largo plazo sea verdaderamente convincente, y no cuando el sentimiento predominante del mercado genere temporalmente una ilusión de seguridad.
Más allá del capital
A medida que asume el liderazgo dentro de Banvelca, Isabella Herrera sostiene que en una época marcada por la inmediatez, la verdadera fortaleza financiera no depende de predecir el futuro, sino de construir instituciones capaces de resistirlo.
Por eso insiste en que uno de los mayores retos para las organizaciones familiares es transferir no sólo riqueza, sino también cultura institucional, criterio y capacidad de pensar a largo plazo. «Ese aspecto es uno de los desafíos modernos que más se subestima», dijo.
