Jineteras: El lado oscuro del turismo sexual en Cuba

    0
    736

    Hace unos días, en Hispano Post, entrevistamos por Facetime al empresario Sebastián Martínez Ferraté. Podíamos oir el espeluznante testimonio de un español que había pasado 555 días en cárceles castristas por grabar un reportaje con cámara oculta sobre la prostitución de menores en Cuba. A Fidel no le gustó lo que vieron los espectadores y consiguió tras varios años vengarse con una condena sin pruebas.

    Conozco perfectamente lo que es grabar en Cuba este tipo de reportajes. Yo también lo hice en La Habana. Nuestro objetivo fue mostrar cómo está montado el negocio de la prostitución y el trabajo de las jineteras, las mujeres que a cambio de unos dólares, unas medicinas o un posible matrimonio que les saque de las isla, pasan las noches satisfaciendo los deseos sexuales de turistas de todo el mundo.

    Durante una semana pudimos decubrir la cara oculta del mercado sexual con todos sus protagonistas. Primero, un turista de Zaragoza (España) que ya en el avión de ida nos confiesa que las chicas «funcionan como si fueran novias, no son putones, tienen otra mentalidad», nos dijo este aragonés que llevaba su maleta cargada de regalos para su «novia» de 20 años.

    Después el taxista, que capta turistas en La Habana y que es capaz de mostrarte una amplia oferta de mujeres y de conseguirte una en cinco minutos. La dueña de una casa particular que ofrece una habitación por unos dólares a extranjeros pero con la condición de que solo sea ocupada con una chica y mayor de 18 años. El recepcionista de un hotel que permite subir con dos estudiantes a tu cuarto a cambio de una propina. Todos participan del bussines, donde llegan clientes sin escrúpulos que hasta reconocen tener sexo con menores de 15 años, como el caso de un argentino que era asiduo de los locales donde se dejan caer las jineteras, las víctimas de esta cadena.

    Como dijo la escritura cubana Lissette Bustamente, autora del libro «Jineteras» a la que conocí un día en Madrid y que lloró viendo este reportaje, «detrás de las sonrisas y los ojos de las chicas se esconde un gran drama que el régimen quiere tapar» y que según esta autora ha convertido a Cuba en «el grán prostíbulo del mundo».