Predicciones para este 2016

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No hace falta consultar a Walter Mercado, aquel Merlín de ropajes de viuda alegre y peluca rubicunda –similar a la de Donald Trump–, ni a ninguno de sus colegas, para conseguir algo tan simple como “ver” el futuro.

El contexto y los antecedentes de la gente y de los hechos constituyen la mejor bola de cristal para hacer predicciones sobre ellos. Probablemente, los mejores “adivinos” lo único que hacen sea mirar el entorno con mayor atención que los demás para pronosticar el porvenir.

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Así, puedo predecir yo, con entera tranquilidad, que este año morirá un ex presidente de Estados Unidos, teniendo en cuenta que George H. W. Bush y Jimmy Carter tienen cada uno un pie en el sepulcro. Las enfermedades que padecen y su propia senectud (ambos tienen 91 años) apoyan perfectamente mi predicción. También, vaticino que no llegarán a la próxima Navidad Fidel Castro (si es que de verdad estuvo vivo en la pasada) ni el tristemente célebre ex presidente colombiano Belisario Betancur, de 93 años, que de por sí más bien parece ser una prueba especial de que, evidentemente, hay vida después de la muerte (espero que ninguno de ellos haya expirado mientras escribo esta columna).

Con muy poco rango de error, vaticino que Mario Vargas Llosa publicará un nuevo libro en 2016 (hubo años en los que publicó dos y tres) y continuará galanteando, vestido de frac y peinado con fijador, a la señora María Isabel Preysler Arrastria, hija del marqués de Griñón, ex esposa del cantante de boleros de Miami, Julio Iglesias, y eterna reina del maquillaje y la farándula, a la cual el Nobel peruano llamó en uno de sus libros más sabios “la cultura del espectáculo” y de la que, ya octogenario y bañado de un nuevo resplandor, optó por hacer parte ella en las portadas de las revistas de telenovelas y el corazón.

¿Es necesario poseer el don de la profecía para advertir que los asesinos aglutinados en el “estado islámico” atacarán en Europa (seguramente en Francia otra vez) y en Estados Unidos?

El mayor presagio mío para 2016 es alentador: el señor Donald Trump, ese Nicolás Maduro de Queens, también fascista, cuya peluca teñida de rubio exuberante suele ser tan enojosa como la chaqueta tricolor impermeable del dictador caribeño, no será presidente de los Estados Unidos. Ni siquiera candidato del partido Republicano, al que pertenece.

A propósito de Maduro, al que no se le debe desconocer el mérito de haber pasado, sin lavarse las manos ni saber leer y escribir correctamente, del volante de un camión de remolque a la presidencia de su país, será derrocado en 2016 y si opone resistencia lo asesinarán Diosdado Cabello y los demás miembros del Cartel de los Soles, para los que, dado su talante desbocado, se ha convertido en su peor estorbo.

En 2016, Estados Unidos obtendrá la mayor cantidad de medallas de oro en los juegos olímpicos de Río de Janeiro y China ocupará el segundo lugar. Del Medio Oriente prefiero no profetizar nada: todos sabemos muy bien los horrores que ocurrirán allí frente a un mundo cruzado de brazos.

Latinoamérica caerá de nuevo por el despeñadero de las hiperinflaciones, sus niveles de miseria social batirán marcas históricas, con el agravante de que la CIA esta vez no moverá un solo dedo para derrocar ni imponer ningún régimen y los sátrapas de la nueva ola, como Rafael Correa, de Ecuador, deberán caer por sí mismos y sufrirán empellones del pueblo, al que le estrangularán todavía más los derechos civiles y le cortarán del todo el suministro de las miserias con las que lo mantuvieron quieto durante los años de bonanza. La caída de los precios del petróleo, el desorden económico y el crecimiento de la corrupción darán al traste con esos tiranos pero también profundizarán la miseria de la población, la opresión y la marginalidad.

Antes de julio de 2016, el presidente Juan Manuel Santos, de Colombia, firmará la paz con las FARC sobre la base de acuerdos borrosos, impunidad para todos los que declaren con franqueza haber pertenecido a ambos bandos de la guerra y prometan bajo juramento no volver a tomar las armas. Todo esto, sin lugar a dudas, será preferible a la guerra intestina de más de medio siglo en la que se desangró el país.

Terminará una guerra, es cierto; pero la tradición colombiana se impondrá y, como siempre, comenzará otra, ahora con los grandes y renovados ejércitos del narcotráfico (rebautizados Bandas Criminales o BACRIM). Estos ya están listos y diseminados por todo el país con la ayuda de las fuerzas militares y de policía estatales cuya misión institucional es la de enfrentarlos. La nueva guerra, como todas las demás en la historia colombiana, esta vez también será por la tierra y será a muerte. En las barriadas de Medellín las bandas, con los fusiles al hombro, ya han anunciado: “desmovilizado de las FARC que aparezca, será desmovilizado muerto”. Miami volverá a recibir una nueva avalancha de colombianos en busca de asilo que moverá el mercado de los bienes raíces y otras inversiones.

El Presidente Santos será postulado por sus amigos al premio Nobel de la Paz, que no le será concedido. Por el contrario, todo lo que ganará será la abierta traición de su vicepresidente, Germán Vargas Lleras, que hará alianzas con los no pocos enemigos de los acuerdos con las FARC y, con el respaldo de aquellos, tratará de alcanzar la presidencia en las elecciones de 2018. Entonces, en la cena de Navidad de 2016, Santos, con los ojos aguados, exclamará a puerta cerrada: “¡Cría cuervos y te sacarán los ojos!” (me temo que ya lo dijo en la pasada cena de 2015).

Vaticino que mi documental Operación Jaque, una jugada no tan maestra  seguirá censurado en Colombia y que el “reciente” descubrimiento del tesoro del galeón colonial San José en el mar de Cartagena de Indias, valorado en más de US$ 3.000 millones, desembocará en un escándalo universal de corrupción y pillaje.  

Para terminar con una nota de aliento, a quienes se hayan tomado la molestia de leerme hasta este punto, les traslado la mejor frase de Alan Kay, informático estadounidense, célebre pionero del diseño de sistemas de interfaz gráfica: “La mejor manera de predecir el futuro es inventarlo”. 

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