Reconstruimos las últimas 48 horas de Nisman

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    El fiscal Alberto Nisman decidió trabajar en su departamento desde el vienes 16 de enero. Tenía que preparar la presentación. Ese día, a las 14hs, recibió a su secretaria de la fiscalía porque le había pedido unos papeles importantes para elaborar el informe que debía presentar el lunes en el Congreso. 

    La secretaria permaneció unos minutos en la casa y se cruzó con un abogado que trabajaba para el fiscal pero de manera independiente. Posteriormente cuando fueron a declarar por la muerte de Nisman, ambos coincidieron en que el fiscal recibía constantes llamados, entre ellos el de otro fiscal amigo, Carlos Stornelli,  que se ofreció a guardarle documentación de la causa.  

    El sábado por la mañana llamó a uno de sus custodios para que le recomendara qué arma se podía comprar. El fiscal no quedó conforme con la información que le dio el custodio y decidió llamar a uno de sus asistentes más cercano, Diego Lagomarsino. Cuando llegó al departamento Nisman, éste, le preguntó si tenía un arma. El asistente le contestó que sí, un revolver calibre 22. Nisman le pidió por favor que la vaya a buscar y se la trajera.

    Lagomarsino llegó a su casa y recibió otra llamada del fiscal insistiendole. A las 20 horas llegó al domicilio de Nisman con el arma. Según la declaración de Lagomarsino, le había pedido el arma porque quería cuidar a sus hijas y además quería tener algo con que protegerse. Le explico como usarla y se fue, dejando el arma en la casa del fiscal Nisman.

    El domingo sus asistentes lo llamaron varias veces por motivos de trabajo pero nunca contesto. A la noche llegó la madre, preocupada, y entró con los custodios. Cuando llegó al baño estaba la puerta semi abierta. El fiscal estaba tirado en un charco de sangre con un tiro en la cabeza.