El día llegó. Este jueves es el estreno mundial de «Star Wars. The rise of Skywalker», la ¿última? entrega de la saga que hace 42 años comenzó a escribir la mítica historia de personajes tan desiguales como empáticos que se dieron en una galaxia, muy, muy lejana.
Daisy Ridley (Rey) y Adam Driver (Kylo Ren) son los detonantes de este capítulo nueve, en el que las historias se cierran, no se dejan cabos sueltos, pero tampoco por eso significa que no pueda escribirse un capítulo diez, por ejemplo.
Ciertamente, el anuncio de Disney decía que esta entrega sería la última, pero para los fanáticos de la creación de George Lucas nunca será suficiente recordar a malvados como Darth Vader, Palpatine o amigos tan curiosos como A2D2 o C-3PO.
No se puede decir mucho de la historia sin correr el riesgo de hacer spoiler. pero ciertamente, la producción de J.J. Abrahmz tiene muchas aristas melodramáticas y revelaciones tipo del clásico «yo soy tu padre», aunque en este caso la consanguinidad es un poco más allá.
Asimismo, durante toda la película los espectadores se preguntan quién será el Skywalker que asciende, porque todos lo potenciales con ese apellido están muertos (Luke y Leia), y el único que lo puede tener Ben Solo (Kylo) está en el lado oscuro. Sin embargo, la revelación es tan simplista como predecible.
En cuanto a los efectos especiales y la utilización de la mítica banda sonora, no hay mucho que decir. Muy bien utilizados ambos en lo que ha sido la tradición de la saga.
El resto lo dirá el espectador cuando vea la película.
