El nadador británico de 21 años de edad, Tom Dean, se colgó la máxima medalla, la de oro, en los Juegos Olímpico de Tokio al ganar los 200 metros estilo libre, una competencia que por primera vez desde 1908 culmina con dos representantes masculinos de Gran Bretaña en el podio olímpico.
Sin embargo, el camino para llegar a este momento de su carrera deportiva no fue fácil. Dean se contagió dos veces de COVID-19, y afirma que era incapaz de «subir las escaleras sin toser o jadear».
En ambas ocasiones tuvo que mantenerse aislado y suspender sus entrenamientos durante tres semanas. Pero los cambios no quedaban en esa cuarentena, al regresar a las piscinas, sus rutinas tuvieron que ser modificadas para prevenir ocasionar daños a largo plazo en su cuerpo.
«Sentado en mi apartamento, en aislamiento, una medalla olímpica estaba a millones de kilómetros de distancia», narra y a pesar de lo difícil de enfrentar esta enfermedad queriendo ser el mejor del mundo en esta disciplina, la COVID-19 tocó dos veces a su puerta.
La primera vez fue en septiembre y tras recuperarse, a principios de este año volvió a contagiarse, esta vez de manera más severa. «La segunda vez fue mucho peor que la primera», dijo Dean ante un grupo de periodistas.
«Fue una recuperación lenta debido a la naturaleza de este deporte y a la enfermedad… No puedes simplemente volver directamente al entrenamiento completo», dijo el nadador.
«A solo dos o tres meses de las pruebas olímpicas yo estaba atrapado sin poder siquiera hacer ejercicio… Fue difícil entender eso en un año olímpico», según citó a la agencia de noticias Reuters.
Durante esta odisea el deportista fue incapaz de entrenar por semanas y, afirmó que sufrió un verdadero revés «físico y mental». Ahora, tras la victoria, dice: “Es increíble tener una medalla de oro en mi cuello, es un sueño hecho realidad».
Con información de la BBC
