La pandemia por el COVID-19 podría provocar que el nuevo año escolar en Venezuela comience en enero de 2021, en vez de septiembre de este año como sería habitual, así lo anunció el ministro de Educación, Aristóbulo Istúriz. Esto si no se logra controlar la expansión del virus, pero qué impacto traería tal decisión.
«Los alumnos más afectados son los que se deben enfrentar más adelante niveles de educación superiores, como por ejemplo la universidad, la secundaria, porque no hay una preparación. Al retomar deberían comenzar desde cero, donde se quedaron, eso necesario. Eso lo vemos cuando se inicia un nuevo año escolar, donde la primera semana es repaso porque las cosas se les olvidan al venir de vacaciones. Imagínate pasar nueve meses sin estudiar», expresó Nancy Hernández de Martín, presidente y fundadora de la Federación Nacional de Sociedades de Padres y Representantes, (Fenasopadres).
Hasta el momento, las clases se han regido por la modalidad «educación a distancia», pero como señaló Hernández, esta medida carece de efectividad. «Los niños no aprenden porque lo que hacen es leer y copiar de Internet. No están siendo educados, simplemente cumplen con una larga lista de tareas».
El impacto en la generación de relevo no parece insignificante. No solo serían meses sin actividad académica, sino que a esto se le suma la ausencia de pedagogía durante este tiempo de cuarentena transcurrido.
«Estamos elaborando un documento para plantear toda la situación en materia de educación, que no es solo dramática sino trágica», resaltó Hernández. En este punto, surge otra interrogante acerca de la realidad de la pandemia en Venezuela, donde actualmente existen más de 2.700 contagiados -una cifra que ha ido en ascenso-, más de 20 fallecidos y cerca de 500 personas recuperadas.
«Qué sabe el Ministro de Educación que no nos han dicho a los venezolanos para hablar sobre postergar ahora el nuevo año escolar. Sobre qué base se tomaría esa decisión. Creo que con sus anuncios ha dejado más preguntas que respuestas», enfatizó la también integrante del Consejo Consultivo de la Federación.
Las preocupaciones en los representantes por un posible nuevo cambio en la rutina de sus hijos empiezan a aflorar. «Pensar en que el nuevo año escolar comience en enero me genera ansiedad, porque pienso en cómo sería la vida y rutina de los niños en todos esos meses sin tener obligaciones escolares, teniendo en cuenta que ya los niños llevan tres meses sin tener contacto con sus compañeros, amigos, profesores, relaciones que son necesarias para ellos», puntualizó Luna Perdomo, madre de una niña de ocho años de edad.
Sin embargo, subrayó que «comenzar el año en septiembre con la modalidad de distancia también sería complicado porque sería un grado nuevo, maestra nueva, que quizás no puedan conocerse».
En medio de una situación económica bastante aguda para el país, los padres deben seguir cumpliendo con la cancelación de las mensualidades en el caso de los planteles privados hasta que finalice el actual año escolar, pero en cuanto al próximo aún existe un vacío de información. «Habría que conocer cómo se manejaría la situación con los pagos, si el colegio se inicia en enero, pues los docentes necesitan recibir sus salarios para poder mantenerse», expresó Perdomo.
Por otro lado, la representante Marilyn Rojas opina que: «Creo que las medidas que tomaron hasta ahora con los colegios fue buena, porque en los centros educativos siempre hay virus por la cantidad de niños. A pesar de que a nosotros como padres se nos ha hecho difícil, porque nunca hemos manejado el colegio vía Internet y en lo personal ha sido tedioso».
Rojas aseguró que no tiene inconveniente con que la educación de su pequeño de tres años diga siendo desde el hogar. «Mi hijo inició su nuevo año escolar en enero, nada más vio clases un mes y medio. Para ellos también ha sido difícil el encierro, porque se habían adaptado a sus amigos, pero estoy de acuerdo que por ahora no hagan ese llamado a comenzar el nuevo año escolar hasta mantener el virus controlado».
Seguir cumpliendo con la escolaridad de los alumnos les asegura un cupo fijo en las instituciones privadas, pero en vista del declive económico en el que terminó de caer Venezuela ante el COVID-19, no todos se les facilita poder hacerlo cada mes. «El país está paralizado a raíz de este nuevo virus y muchas personas perdieron sus trabajos, no están cobrando un sueldo y, de igual modo, nosotros los representantes debemos cumplir con el colegio de pagar las mensualidades así los niños no estén en el plantel. Eso es fuerte, es fuerte para las familias tener que pagar cuando los niños no ven clases y obviamente no aprenden como en el colegio. Pienso que eso es lo más grave de todo», opinó Rojas.
«No sabíamos que esto iba a pasar, el plantel no tiene la culpa y debemos seguir cumpliendo con el colegio hasta que la tormenta pase y los niños vuelvan a reintegrarse. Pero ha sido un tema duro porque hay muchos padres, por lo menos donde estudia mi hijo, que sacaron a los niños porque tienen más de dos y les es imposible pagar. Muchos viven del comercio, del día a día, y tener que sacar (dinero) sin producir es muy fuerte, Como digo yo: no vas a dejar de comer para pagar un colegio al que ni siquiera el niño está yendo. Prefieres comida antes que pagar el colegio hasta que esto lo pase, pero por ahora estoy de acuerdo que digan desde casa», sostuvo.
El silencio de Istúriz
La sorpresa de una pandemia dejó muchas cosas en el aire y el sector de educación no escapó de ello. «A estas alturas nosotros no sabemos con exactitud cuántos estudiantes hay en educación básica, porque nunca fue informado oficialmente. Supuestamente eran 7 millones y medio, pero antes eran 6 millones. Total que no sabemos y, por supuesto, no sabemos cuántos van a culminar, entre comillas, este año escolar», manifestó Hernández.
Desde Fenasopadres señalan que debería haber un plan para regresar a los planteles, pues muchos de ellos han sufrido actos de vandalismo, no cuenta con agua y, en varios casos, falta hasta la electricidad, principalmente en el interior del país.
«Aristóbulo no ha dicho absolutamente nada, lo alarmante es que el ministro de educación no ha dicho absolutamente nada. Solo que el plan de educación a distancia fue un existo, pero dónde están los indicadores de todo esto, donde están las cifras, cómo lo administran, cuál fue el resultado», cuestionó Hernández.
Si para los alumnos de educación normal no existen amplias directrices, para la educación especial es más oscuro el sendero. «El área de la educación especial ha sido absolutamente puesta de lado. Después de los primeros anuncios se olvidaron que en Venezuela tenemos una población importante de las diferentes condicione. No es solamente retardo mental o dificultad de aprendizaje, son niños que tienen problemas de motricidad, tienen dificultades auditivas y visuales, problemas de lenguaje, es decir, no han sido atendidos debidamente», señaló la presidenta de Fenasopadres.
«Países como Colombia, no estamos hablando ni de Estados Unidos ni de Europa, que está aquí al lado tiene un plan de las autoridades de cómo atender a distancia y de manera individualizada a sus alumnos de educación especial», agregó.
La desorganización en materia educativa se debe a que las decisiones que fueron aplicadas desde el inicio del confinamiento ya no coinciden con las nuevas medidas de flexibilización. «Sabemos, además, que producto de la medida de cuarentena radical los planteles pospusieron una semana completa la entrega de los portafolios. No se tomó en cuenta por altos personeros del gobierno que hay un sector que tiene una planificación. Se les olvidó ese pequeño detalle», resaltó Hernández.
