El odio acosa a quienes se atreven a amar “diferente”

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“Para Damián el patio del colegio es enorme. Más si lo tiene que cruzar en medio de chicos que lo miran mal por su forma rara de caminar. Tiene 12 años y no tiene amigos. Duerme de noche y sueña de día. Es su mecanismo para evitar que, al cruzar, los gritos y las bromas lo toquen (…)”, así inicia ‘A los niños que caminan raro’, un microcuento del periodista, venezolano radicado en Chile, Sergio Niño. 

“Salir de la homofobia que existe en Venezuela me permitió escribir poesía para hombres. Dejé un poco los miedos y los complejos. Aquí fui libre”, dijo el escritor, al tiempo que recuerda un lamentable episodio de homofobia ocurrido el último día de mayo en el sur de Venezuela. 

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Jorge Granado, un muchacho de 24 años de edad caminaba por las calles de San Félix, en el estado Bolívar, la noche de ese 31 de mayo cuando fue atacado vilmente por seis hombres que, sin mediar razones, desfiguraron su rostro con golpes y correazos mientras le insultaban y amedrentaban ¿Su delito? Ser gay.

Junio es para la comunidad LGBTIQ+ el mes con más colores. Momento en el que celebran el Día del Orgullo como recuerdo de los disturbios de Stonewell (Nueva York, 1969), pero para Granado este mes no comenzó bien. 

La mañana de ese 1º de junio Granado amaneció con el rostro desfigurado, la indignación causando estragos dentro y fuera de su círculo cercano y la injusticia etiquetándolo como la víctima más reciente de la homofobia en el país. 

Para el sociólogo y director académico de Cedice, Trino Márquez, la discriminación o segregación de las personas relacionadas con su identidad o preferencia sexual “es una combinación de factores, como suele ocurrir con las conductas. Es una mezcla de ignorancia, supremacismo, arrogancia y de creer que porque una persona es homosexual vale menos”.


¿Delito natural? 

El 31 de octubre de 2012 el nombre de Ángelo Prado se convirtió en un grito de auxilio de la comunidad sexo diverso venezolana, que exigía tolerancia y respeto para quien “ama diferente”.  
A los 18 años de edad, mientras Prado intentaba finiquitar detalles que le permitirían graduarse de bachiller, fue hostigado por tres hombres que, entre otras cosas, lo denigraban por su forma de caminar.

Le decían que “los que son como yo no deben vivir, porque no es natural que a un hombre le guste otro hombre”, se puede leer en una entrevista ofrecida por Prado a Daniel Arzola, defensor de los derechos humanos y otra víctima de la discriminación venezolana. 

Al ruego de respeto que les hiciera Prado a sus victimarios, estos respondieron rociándolo con gasolina y luego lo quemaron vivo por ser homosexual. Sus heridas tardaron años en sanar y requirieron cirugías reconstructivas, mientras la cicatriz se mantiene vigente en la memoria colectiva. 

El también profesor universitario explicó que este tipo de conductas intolerantes y agresivas no se tratan solo de falta de educación: “Es un sentimiento de soberbia que hay que tratar de superar. Hay aldeanismo también, porque hay que respetar las diferentes preferencias de cada persona. Es una mezcla de incultura, falta de tolerancia y soberbia”.

“Hay personas muy bien instruidas que tienen prejuicios muy arraigados, porque tiene valores muy acentuados”, dijo Márquez. Explicó que, aunque, muchos pretendan suponer que la homosexualidad no existe, “la homosexualidad es un fenómeno biológico, no es una enfermedad”. 


¡El amor gana! 


Las llamadas de auxilio de la comunidad LGBTIQ+ son cada vez más constantes y agudos en el mundo, ya no solo se demanda respeto y tolerancia, también piden la posibilidad de legalizar su amor y consolidar sus familias. Matrimonio igualitario y derecho a la adopción para familias homoparentales, son los podios que han logrado ganar algunos países. 

“Hay que ver la conquista que han logrado los homosexuales en Europa, que se ganaron el derecho a casarse, eso es un avance cultural”, dijo Márquez, pero insistió: “Para atacar ese problema (la homofobia) no basta con fortalecer la educación. Hay que reforzar los valores, ligados a la ética y la moral. Hay que educar con valores éticos: ética con educación, ética con valores”. 

Daniel Arzola, artista venezolano y precursor del término “Artivismo”, ha ondeado alto y fuerte la bandera de la tolerancia a través de “No soy tu chiste”, una exposición de cincuenta afiches que se convirtieron en la primera campaña LGBT nacional en hacerse viral globalmente. Su obra ha tocado el corazón de artistas internacionales como Madonna y Katy Perry. Ha sido traducida en más de 20 idiomas y ha sentado precedentes hasta en las fronteras más herméticas.  

“No soy tu chiste”, fue la respuesta creativa, artística y activa que encontró Arzola al intento de homicidio contra Prado y una revelación contra la propia opresión que le tocó vivir durante su adolescencia. Los colores le devolvieron la voz, esa voz que se había apagado por miedo ante el odio y la homofobia tras ser golpeado y atado a un poste, donde intentaron quemarlo con fuegos artificiales. 

Arzola reflexionó, en una entrevista para la Fundación Reflejos de Venezuela, que un cambio en la mentalidad de las personas “sí es posible” y lo experimentó con su madre, quien pasó de ser una mujer “terriblemente homofóbica a esa persona que defiende a sus alumnos gay”. 

“Es difícil aceptar la diferencia, es necesario instrucción y capacitación para tolerar a las minorías. Hay que exigirle al ser humano que sea respetuoso de los demás. Lo que tiene que prevalecer el respeto y la empatía mutua”, agregó Márquez.

El movimiento sexo diverso en Venezuela ha tenido sus avances y retrocesos. La pantalla grande, por ejemplo, dio pasos exploratorios a principios de la década pasada, con producciones como “Pelo malo” y “Azul y no tan rosa”, pero esa misma efervescencia se apagó con el tiempo. 

Recientemente, la Asamblea Nacional rechazó el Acuerdo sobre Acciones Tendientes a Visibilizar y Mitigar el Impacto Diferenciado del COVID-19 sobre Población de Lesbianas, Gays, Bisexuales, Transgéneros e Intersex como Consecuencia de la Homofobia, Transfobia y Bifobia, introducido por la diputada transgénero, Tamara Adrián el pasado 19 de mayo. 

No obstante, grupos activistas continúan la lucha por una Venezuela multicolor y tolerante, en la que impere el respeto y gane el amor. “Nadie debería tratar de matarte solo porque eres diferente, como personas que somos tenemos los mismos derechos”, aseveraba Ángelo Prado en su entrevista con Daniel Arzola, dos años después del ataque que casi le cuesta la vida.

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