Con autoridad y determinación, viniendo de atrás en la serie, los Warriors de Stephen Curry, Klay Thompson y compañía se coronaron como el flamante campeón de la NBA, tras imponerse en seis juegos a los Celtics de Jayson Tatum y Jaylen Brown.
Con una ventaja de 13 en el marcador final (103-90), Golden State conquistó el séptimo título de su historia, dejando en el camino a la dinastía de Michael Jordan y sus Chicago Bulls (6). Con esto, se convirtieron en la tercera franquicia más ganadora de la NBA, solo por detrás de Lakers y los propios Celtics, empatados con 17 trofeos.
Por si fuera poco, este triunfo también sirvió para ganar su cuarta corona en los últimos ocho años, desde que esta historia comenzó a escribirse en 2015, con el primer triunfo sobre los Cleveland Cavaliers.
En cierto modo, se puede decir que estamos hablando de una dinastía moderna, liderada por el ‘Big Three’ que conforman Stephen Curry, Klay Thompson y Draymond Green, que han estado presentes y han sido fundamentales en los cuatro campeonatos.
Asimismo, también es importante mencionar la presencia del MVP de la finales de 2015, Andre Iguodala que también ha formado parte de la plantilla de este equipo en los cuatro campeonatos recientes; el alero se marchó luego de caer en las finales de 2019, ante Toronto Raptors, siendo traspasado a los Grizzlies de Memphis donde no jugó un solo minuto, recalando posteriormente en Miami Heat.
No obstante, el 6 de agosto de 2021, se hace oficial su regreso a los Warriors, con los que firma por un año y el mínimo de veterano. Sin embargo, algunos problemas físicos condicionaron la participación del jugador de 38 años en estos playoffs.

Retomando las incidencias del sexto partido de las finales de 2022, los californianos llegaron a tener una seguidilla de 21 puntos consecutivos, durante la primera mitad, lo que les bastó para tomar el control casi absoluto del partido. De hecho, según el departamento estadístico de la cadena ESPN, es la racha más larga en un partido de finales, en más de 50 años.
Una vez concluida la primera mitad, el equipo de San Francisco estaba arriba –con amplio margen– en el marcador, al superar a sus rivales por 54-39 al momento de irse al descanso. Los Celtics, apoyados en un Jaylen Brown comprometido con forzar el séptimo juego, regresó a la cancha con contundencia para llevarse el tercer parcial.
Sin embargo, pese a dominar el tercer cuarto (27-22), lo más cerca que llegó a ponerse Boston fue a diez puntos por debajo. Ya en el último fragmento, impotentes y superados, el equipo de verde y blanco acabó sucumbiendo ante los dirigidos por Steve Kerr.
Un MVP fuera de serie

Si hay que buscar a un responsable de que los Warriors puedan alzar su séptimo trofeo, ese es Stephen Curry, que no tuvo reparos en tomar la batuta y liderar a su orquesta. El base demostró que sí tiene liderazgo y que lo que ha conseguido no es casualidad; en el pasado fue cuestionado, pues para muchos su figura se vio opacada por la de Kevin Durant en las finales de 2017 y 2018, donde fue elegido como el Jugador Más Valioso.
Para bien o para mal, con partidarios y detractores, provocando gustos y disgustos, estamos hablando de un jugador que con su estilo la historia y las formas de este deporte, tal y como lo hicieron otros en sus tiempos.
Curry, que ya había sido elegido como el Jugador Más Valioso del Juego de las Estrellas y de las Finales de la Conferencia del Oeste, promedió 31.1 puntos entre los seis encuentros de la final. Además, también recogió una media de seis rebotes y repartió cinco asistencias por partido.
En este sexto y definitorio encuentro, el estelar armador volvió a liderar a los suyos en la ofensiva, con 34 unidades, siete rebotes y mismo número de asistencias, para terminar de dar un golpe sobre la mesa y dejar claro quién es la principal figura del equipo californiano, colocando su nombre entre los más grandes de la historia del baloncesto.
