El asesinato del líder opositor ruso Boris Nemtsov en 2015 supuso una enorme sacudida para la oposición rusa. Desde entonces hay más miedo a participar en la disidencia. Pero Nemtsov ha servido también para reforzar los vínculos entre algunos opositores, que de vez en cuando marchan contra el gobierno.
El partido del presidente ruso, Rusia Unida, logró una aplastante victoria en las elecciones parlamentarias del año pasado, aunque en grandes ciudades como Moscú y San Petersburgo triunfó la abstención. El año que viene hay elecciones presidenciales, y todas las encuestas dan a Putin como ganador. En Moscú manda la apatía y las manifestaciones están férreamente controladas por la policía.
El gobierno ruso quiere dar una apariencia de modernidad y apertura, y tolera los actos de la oposición hasta cierto punto. Pero la independencia judicial es todavía una utopía y no se ha esclarecido totalmente quién encargó el asesinato. La familia del político y la oposición extraparlamentaria rusa acusan abiertamente al Gobierno de crear el clima de odio que motivó el crimen.



