En el segundo día de la Venezuela International Oil & Gas Summit (VIOGS) 2026, celebrada esta semana en Caracas, el debate sobre el gas venezolano pasó de la disponibilidad del recurso a la necesidad de convertirlo en un mercado capaz de abastecer a la industria, generar electricidad y abrir nuevas oportunidades de inversión, según reporta Bloomberg Línea.
Durante el panel “Unlocking Venezuela’s Domestic Gas Market: Reform, Investment & Private Sector Growth”, representantes de productores y empresas internacionales coincidieron en que el desafío está en definir el uso del gas, establecer precios y condiciones comerciales, recuperar infraestructura y conectar la producción con una demanda que hoy permanece parcialmente desatendida.
“Tenemos demasiado gas. No es un problema ni siquiera de mercado. El tema es que tenemos que organizarnos”, dijo Santiago Fontiveros, managing partner de Sucre Energy Group, al resumir una de las principales discusiones de la jornada.
Para Fontiveros, la definición del mercado y del precio del gas será determinante para que las inversiones sean rentables. Venezuela, sostuvo, tiene actualmente situaciones contradictorias: mientras parte de la demanda interna es atendida con gas de alto costo, consumidores de otras zonas recurren a combustibles como el diésel pese a la disponibilidad del recurso.
El ejecutivo planteó además que el gas venezolano podría atender tanto necesidades internas como mercados regionales. Mencionó el interés que, según dijo, existe desde países vecinos como Colombia y Brasil, aunque la posibilidad de desarrollar esos mercados dependerá primero de ordenar la cadena doméstica.
La discusión adquirió una dimensión adicional al vincularse con la recuperación petrolera. El crecimiento de la producción de crudo también implica un aumento de la disponibilidad de gas asociado, lo que obliga a definir desde ahora qué hacer con ese volumen.
Erwyn Hernández, director general de Hidrocarburos de Valesco Group, propuso precisamente incorporar el gas al diseño de los nuevos proyectos petroleros. Tomó como referencia el acuerdo anunciado entre Venezuela y Estados Unidos para desarrollar 17 campos productores y los volúmenes de reservas asociados a esos activos para hacer un cálculo propio sobre el potencial de gas.
Bajo una referencia de 400 pies cúbicos de gas por cada barril de petróleo, Hernández estimó que unos 60.000 millones de barriles podrían estar asociados a alrededor de 24 billones de pies cúbicos (TCF) de gas. Se trata de un cálculo planteado por el ejecutivo durante el panel, no de una estimación oficial del volumen de gas de esos campos.
Su propuesta es que esa producción de gas sea incorporada desde el comienzo a los planes de desarrollo petrolero y no quede como un subproducto del aumento de crudo. “Hay que planificar ese gas, porque ese gas va a estar asociado a la producción de petróleo”, señaló.
Francisco Martínez, gerente de coordinación de Cardón IV, de Repsol, señaló que la oportunidad está simultáneamente en la oferta, la demanda y las instalaciones que ya existen en el país.
“Las oportunidades están dadas tanto a nivel de productores como a nivel de demanda insatisfecha como a nivel de infraestructura instalada que hoy en día no está toda aprovechada”, afirmó.
Para Martínez, parte de esa infraestructura tendrá que ser restaurada para que la recuperación de la industria se traduzca en producción efectiva. El punto resulta especialmente relevante en un sector en el que producir gas no significa necesariamente que esté disponible para un consumidor: hacen falta procesamiento, compresión, transporte y distribución.
Esa misma distinción fue planteada por Iván del Jesús Betancourt, director general de Eneva Venezuela, quien llevó al debate la experiencia de la empresa brasileña en la integración entre gas y generación eléctrica.
Eneva desarrolló en Brasil un modelo que denomina reservoir to power: convertir el gas producido en electricidad y llevarla a los centros de consumo a través de la red, una alternativa que permitió sortear limitaciones de infraestructura para transportar el gas desde los campos hasta la costa.
“Una cosa es tener gas y otra cosa es tener gas disponible”, explicó Betancourt. El reto, dijo, está en procesarlo, comprimirlo, distribuirlo y colocarlo donde exista demanda.
La empresa brasileña ve en Venezuela una combinación similar de recursos y necesidades. Betancourt dijo que ENEVA quiere participar activamente en la recuperación del sector petrolero, gasífero y eléctrico venezolano, apoyándose en el modelo que ha desarrollado en Brasil.
“Esa es la razón por la que estamos aquí en Venezuela y queremos participar activamente en la reactivación del sector petrolero, de gas y de energía”, afirmó.
Su propuesta pasa por desarrollar generación eléctrica asociada a los propios campos petroleros. En lugar de esperar a que exista una gran expansión nacional del sistema eléctrico, planteó la posibilidad de crear módulos o “islas” de generación para atender grupos de campos y operadores.
Para Betancourt, además, el desarrollo del gas no puede analizarse separado de la electricidad y los hidrocarburos. Venezuela necesita armonizar las reglas que rigen cada sector, dijo, porque las leyes de Hidrocarburos, Gas y Electricidad terminan condicionándose entre sí.
El desafío, por tanto, no es solamente abrir nuevos pozos de gas. Es construir el mercado alrededor de ellos. Eso implica definir quién produce, quién compra, a qué precio se comercializa, qué infraestructura se requiere y qué parte del gas se destina a generación eléctrica, reinyección, petroquímica, consumo doméstico o exportación.
