Cierran los cibers en Caracas y se convierten en bodegones: el coronavirus dio la estocada definitiva

Hasta 2012 fueron negocios prósperos, pero la crisis económica y la falta de conectividad de Internet llevaron al cierre definitivo de muchos cibercafés en Caracas, aseguraron consumidores y expropietarios de esos establecimientos que solicitaron guardar sus nombres en reserva.

Cierran los cibers en Caracas y se convierten en bodegones

«En la Gran Caracas proliferaron esos centros de comunicaciones y entretenimiento online, pero han ido languideciendo hasta prácticamente su desaparición», contó el exdueño de un ciber.

Destacó que el empeoramiento de la conectividad ha sido un gran obstáculo para este tipo de negocio. Un consultado recordó que antes había muchos cibercafés en Caracas, al punto de que en una acera de zonas comerciales como Chacao, Candelaria o el centro caraqueño podían estar dos y tres establecimientos, pero a la fecha no queda ninguno.

Un comerciante señaló que de muchos jóvenes que chateaban durante horas, la clientela se redujo a gestores y alguna persona de paso redactando o copiando algún documento. «Eso golpeó muy fuerte los ingresos porque el tiempo de alquiler de la computadora era mucho menor», dijo.

Otro expropietario de un cibercafé en Candelaria sostuvo que “la cuarentena por la COVID-19 fue la estocada final. La gente dejó de venir incluso en las semanas de flexibilización». Este comerciante transformó su negocio en una potabilizadora de agua.Otro comerciante reveló que «los muchachos que jugaban en línea dejaron de venir, por lo que solo funcionaba el fotocopiado».

Se mantiene el fotocopiado

Agregó que se quedó con este último servicio, pero sacó las computadoras para colocar en ese espacio los estantes de los productos del bodegón. De hecho, la gran mayoría de los cibers han mutado a bodegones por significar la opción más rentable y viable para mantener el negocio y cubrir los gastos de alquiler del local, servicios, impuestos y personal.

No obstante, algunos cibers cercanos a los registros públicos, jefaturas parroquiales y oficinas de identificación (Seniat) -si bien retiraron las computadoras- han seguido con el servicio de fotocopiado de documentos y el pago de facturas de teléfono, Internet y televisión por cable.

Otra modalidad adoptada es dejar la cafetería combinada con la panadería y pastelería artesanales. «Es increíble como la ciudad cambia en pocos años. En Candelaria había cibercafés en todos lados y hoy ya no quedan», expresó Yajaira López, pensionada. Por su parte, un grupo de estudiantes de bachillerato manifestó extrañeza cuando se les preguntó sobre la ausencia de estos locales. Un joven ejecutivo narró: «Me acuerdo que muy chamito jugaba en línea por computadora en estos sitios».

En San Bernardino, un vecino exclamó:»¿Aquí había un ciber? No me acordaba».

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