Creyentes de El Nazareno acudieron a la medianoche a la Basílica Santa Teresa para la primera misa del Miércoles Santo tras 4 años sin celebrarse

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El templo estaba lleno, a diferencia de las calles adyacentes a la Basílica Santa Teresa que lucían oscuras y completamente vacías.

En la entrada, el grupo de voluntarios que recibía a los fieles saludaba hasta con cierta familiaridad y cariño: “Bienvenidos a la casa del Nazareno de San Pablo”.

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Al concluir la primera misa de este Miércoles Santo, a la medianoche, las calles aledañas a la Basílica de Santa Teresa quedaron completamente vacías

Y la imagen de Jesús, cargando la cruz, estaba al final, en el altar mayor; como esperando con serenidad y hasta resignación a todos sus devotos antes de llegar al Calvario.

En la iglesia, tras abrirse paso y pedir permiso para poder acercarse a la imagen y agradecer, se pudo ver a bebés de meses cargados en los brazos de sus madres, caballeros descalzos, adultos mayores, mujeres; así como grupos de jóvenes que llamaban la atención por su corta edad. Como se dice en Venezuela “chamos”.

Todos congregados frente a Jesús. Algunos vestidos con túnicas, para emular la vestimenta y el manto púrpura del Cristo, y la gran mayoría con jeans y franelas.

Ubicados en un lateral del altar mayor se pudieron apreciar los detalles del arreglo. El Nazareno se apoyó sobre su acostumbrada alfombra de orquídeas rosadas y fucsias y, a pocos centímetros delante de su imagen, había dos candelabros que parecían como lámparas de cristales.

A sus espaldas colocaron otro candelabro y dos ramos de flores; y las columnas que lo precedían fueron cubiertas de orquídeas con colores más tenues: primero rosado, luego blanco, y nuevamente rosado. También había rosas. Un conjunto que reunido reforzó esa veneración o encanto por el Cristo moreno.

Sus fieles respaldaron el retorno a las misas de la medianoche y así dieron inicio a esta jornada de Miércoles Santo que representa el fin de la Cuaresma y recuerda la reunión del Sanedrín, ese tribunal religioso judío que ofreció 30 monedas a Judas Iscariote para lograr condenar a Jesús.

Antes de iniciar la misa, oficiada por el vicario de la Basílica Santa Teresa, padre Manuel Rodríguez, junto a varios sacerdotes invitados; se escucharon los sonidos del órgano que emitía el también tradicional “Popule Meus”, del compositor venezolano José Ángel Lamas.

El sonido refiere a un extracto del texto bíblico de Miqueas (6:3-8), el cual dice: “Pueblo mío, ¿qué te hecho? ¿Cómo te he ofendido? Respóndeme”.

En esta oportunidad el arreglo del Nazareno de San Pablo también contó con rosas, además de la tradicional orquídea

Y allí fue inevitable conectarse con ese padecer de Jesús, con su corona de espinas y su pesar; aunque estuviera rodeado de flores hermosas.

El Miércoles Santo y la traición de Judas

“Cada mañana, él despierta mi oído para que yo escuche como un discípulo. El Señor abrió mi oído y yo no me resistí ni me volví atrás. Ofrecí mi espalda a los que me golpeaban y mis mejillas, a los que me arrancaban la barba; no retiré mi rostro cuando me ultrajaban y escupían”, se escuchó en toda la Basílica.

Era un extracto del libro de Isaías (50, 4-9) que se leyó al comenzar la misa.

Y luego se oyó un coro de miles de fieles que respondieron: “Honor y gloria a ti, Señor Jesús”.

Enseguida, los devotos escucharon en silencio la lectura del capítulo 26 del Evangelio según San Mateo, que cuenta la traición de Judas Iscariote:

“Entonces uno de los Doce, que se llamaba Judas Iscariote, se presentó a los jefes de los sacerdotes y les dijo: ‘¿Cuánto me darán si se lo entrego?’. Ellos prometieron darle treinta monedas de plata. Y a partir de ese momento, Judas andaba buscando una oportunidad para entregárselo.

El primer día de la Fiesta en que se comía el pan sin levadura, los discípulos se acercaron a Jesús y le dijeron: ‘¿Dónde quieres que preparemos la comida de la Pascua?’. Jesús contestó: ‘Vayan a la ciudad, a casa de tal hombre, y díganle: El Maestro te manda decir: Mi hora se acerca y quiero celebrar la Pascua con mis discípulos en tu casa’.

Los discípulos hicieron tal como Jesús les había ordenado y prepararon la Pascua. Llegada la tarde, Jesús se puso a la mesa con los Doce. Y mientras comían, les dijo: ‘En verdad les digo: Uno de ustedes me va a traicionar’.

Se sintieron profundamente afligidos, y uno a uno comenzaron a preguntarle: ‘¿Seré yo, Señor?’. Él contestó: ‘El que me va a entregar es uno de los que mojan su pan conmigo en el plato. El Hijo del Hombre se va, como dicen las Escrituras, pero ¡pobre de aquel que entrega al Hijo del Hombre! ¡Sería mejor para él no haber nacido!’

Judas, el que lo iba a entregar, le preguntó también: ‘¿Seré yo acaso, Maestro?’. Jesús respondió: ‘Tú lo has dicho’”.

Cumplir con dos mandamientos básicos

Después de la lectura, el párroco Manuel Rodríguez explicó que esta celebración litúrgica retomaba el ritual de las misas a medianoche tras cuatro años de restricciones debido a la pandemia de la COVID-19.

Los fieles aplaudían con fervor y él aclaró: “Aplaudimos no sólo por El Nazareno de San Pablo, lo hacemos por los de toda Venezuela”.

De allí pasó a explicar que las lecturas referían a San Pedro y a Judas, quienes eran “dos grandes traidores del círculo íntimo de Jesús”.

El sacerdote aseguró que Jesús estaba al tanto de quién era Judas y sabía de lo que era capaz. Sin embargo, quiso renovarle a diario la oportunidad de ser distinto, de cambiar su conducta.

“Judas le dio la espalda a su mejor amigo, que era Jesús, pudieron más su ego, su egoísmo, sus angustias, sus tristezas. En cambio, Jesús nunca nos dará la espalda porque nuestro Dios es un Señor de misericordia, bondad, paz y amor, aunque suene cursi”, acotó.

Rodríguez fue enfático al subrayar que todos los presentes en el templo eran pecadores, comenzando por él, pero ante eso -insistió- la respuesta de Jesús siempre será el perdón y la misericordia.

En su reflexión, el padre fue bastante claro y su lenguaje sencillo. Recalcó que el Dios de los católicos no estaba en un sitio lejano, «montado en una nube, lanzando rayos y castigos, pandemias». Nada de eso.

Insistió en que si alguien había conocido todos los sufrimientos de los mortales fue Jesús, quien padeció, según enfatizó el prelado, la soledad, la angustia, la sangre, el dolor y la traición.

“Dios no nos envió a este mundo a pasar hambre, a sufrir y a pasar necesidad. Si queremos que esta etapa del país sea distinta, tenemos que cumplir con los únicos dos mandamientos que él nos dejó: Ama a Dios sobre todas las cosas, y ama al prójimo como a ti mismo», dijo.

«Si pusiéramos esto en práctica, todo sería distinto. Pedro reconoció su falta, pero Judas no pidió perdón ni se arrepintió. No caigamos en el error de Judas porque todos, de alguna forma, hemos traicionado el amor de Dios”, añadió.

Y allí la Basílica se colmó de aplausos.

Agradecer los milagros

Una señora que pidió no ser identificada aseguró que El Nazareno logró que ella y su esposo tuvieran a su única hija; luego de que hace 31 años le advirtieran que tenía un embarazo de alto riesgo y al momento de dar a luz se tendría que decidir por la vida de la madre o del bebé en gestación.

“Yo tenía placenta previa y lo más probable era que tuviera un aborto espontáneo. Venía todos los días a hablar con él, antes de irme a trabajar, y mi niña ya tiene 31 años. Creo que el secreto está en creer en eso que quieres y pedirle fervientemente. Yo no le he pedido nada que no me haya cumplido. Para mí es mi “negro bello”. Yo lo llamo así y él sabe esto. Ese negro nunca nos falla”, dijo la señora, acompañada de su esposo.

Un poco más allá estaba Alejandro Reina, vestido con una túnica morada y descalzo.

Alejandro Reina después de asistir a la primera misa en honor al Nazareno de San Pablo

“Hace once años yo pasé por una situación muy fuerte. Sufría ansiedad, tenía como una especie de esquizofrenia, se me alteraba la tensión y tenía adicciones a ciertas sustancias ilícitas y al alcohol. No la estaba pasando bien», contó.

Y prosiguió su relato: «Un día vine, me coloqué frente a él y le pedí que me ayudara y que me quitara ese pensamiento que no me dejaba descansar. Esa idea de terminar con todo. Poco a poco se me fue pasando. Y hubo una Semana Santa que me vine caminando desde el 23 de Enero, sector El Pueblo y, después de eso, busqué ayuda en el hospital y me fui recuperando».

«Le tengo mucha fe. Él se me ha aparecido hasta en sueños, y creo que si no he vuelto a caer en los vicios es porque antes de hacerlo pienso en él. Le he pedido con humildad y eso que hizo por mí, yo lo hago por otros. Ayudo sin esperar nada a cambio. Sí, yo sé que es un reto y que puede parecer difícil, pero yo lo imagino conmigo, a mi lado, y me siento acompañado. Así es como hago. Así es como he podido continuar”, aseguró.

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