En los tiempos que corren, las empresas necesitan líderes preparados para enfrentar cualquier tipo de imprevisto que pueda surgir en el cambiante escenario global. En este caso, el CEO (chief executive officer) o director ejecutivo es clave. Su trabajo principal es tomar decisiones y guiar la compañía para alcanzar sus objetivos mediante diferentes estrategias.
En el dinámico mundo empresarial, la retroalimentación o feedback es una herramienta esencial, vista comúnmente como un mecanismo para guiar y mejorar el desempeño de los empleados o colaboradores. Sin embargo, existe una noción persistente de que esta necesidad se disuelve al llegar a puestos de alto rango. Creer que un CEO está por encima del feedback es uno de los mayores errores que puede cometer una organización, tomando en cuenta todas sus responsabilidades.
El director ejecutivo es, por definición y tal como señalamos antes, el motor de la compañía, responsable de la estrategia, la cultura y, en última instancia, el éxito o fracaso. A pesar de su experiencia y posición, están sujetos a puntos ciegos, sesgos y la inercia del día a día, como cualquier ser humano. Así que un CEO también puede nutrirse de la retroalimentación. Incluso, podría decirse que es hasta indispensable.
Así que recibir feedback de manera regular y constructiva no es una señal de debilidad, sino de fortaleza y madurez de liderazgo. Este proceso no solo ayuda a refinar la toma de decisiones estratégicas, sino que también tiene un impacto crucial en la cultura organizacional. Un CEO que pide y acepta la crítica demuestra humildad, fomenta una cultura de apertura y señala que el crecimiento y la mejora continua son valores que aplican a todos, sin excepción.
En última instancia, si la empresa aspira a la excelencia y a ser adaptable, el feedback no puede ser una vía de sentido único. Debe fluir libremente por toda la estructura, llegando hasta el sillón ejecutivo. Es un pilar de la buena gobernanza y una inversión fundamental en el futuro de la empresa.
