El COVID-19 no detiene a quienes trabajan para ayudar a los demás

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    La pandemia ha permitido a las personas fijarse un poco más en el vecino, añorar la cercanía e, incluso, extrañar lo cotidiano. En esta segunda entrega de Héroes sin capa, tres hombres dedicados a empleos esenciales, que pudieran pasar desapercibidos, contaron su historia en exclusiva para HispanoPost.  

    “El policía no conoce la palabra ‘miedo’”, dijo un supervisor agregado de la Policía Nacional Bolivariana (PNB), que prefirió no dar su nombre, sobre su actuación frente al coronavirus COVID-19. “Si no nos da miedo meternos a los barrios, tampoco podemos tomarnos con miedo a la pandemia, porque no es algo que se trate de una muerte súbita”, agregó.

    La estrategia que adoptó el Estado venezolano para combatir a la enfermedad, que ha cobrado la vida de más de 140.000 personas alrededor del mundo, fue desplegar un amplio operativo de seguridad en todo el territorio nacional, obligando a los uniformados a ser de los primeros en la línea de batalla.

    El funcionario, con 15 años de experiencia, confesó: “Esto es algo nuevo que no vivimos con el H1N1 ni con Ébola, que no llegó hasta aquí, por eso nos duchamos en el comando antes de ir a la casa. Ponemos el uniforme al aire libre, ya que las dotaciones son muy pocas y no tenemos un uniforme por día y al llegar a la casa me vuelvo a desinfectar antes de abrazar a mis seres queridos”.

    Libaldo Sánchez, bombero de la estación de servicio La Auxiliadora, ubicada en la recta Las Minas de San Antonio de Los Altos, anhela volver a lo cotidiano. “Esta ha sido una experiencia bastante difícil, ya uno no saluda como antes, si acaso con el codo o el puño. Uno ya no sale, solo para solventar la comida y cumpliendo con el protocolo de higiene para evitar al coronavirus”.  

    A su juicio, el COVID-19 llegó para cambiar la vida de todos. “Uno ha dejado de ver clientes fijos, porque ya no es igual que antes. Se trabaja un día sí y otro no. Esperamos que todo esto se mejore y volvamos a nuestras vidas como antes. Todos los días recibo llamadas preguntándome qué día llega el combustible o para no hacer tanta cola, pero esas cosas ya se escapan de nuestras manos”.  

    Por su parte, José Sojo, quien tiene 8 años y 4 meses trabajando como jefe del departamento de equipo médicos de una cadena de farmacias, asegura que en ocasiones le causa más temor ser víctima de la inseguridad que del mismo coronavirus, pues le toca bajar caminando muy temprano en la mañana desde su casa en Carapita hasta su trabajo en La Yaguara.

    “El que la gente ande con tapabocas, a veces con lentes y capuchas, uno no les puede ver la cara, eso se presta para cosas malas”, dijo. Está costumbrado a trabajar en momentos difíciles, pero lo hace con convicción: “Siempre he sido muy colaborar, me gusta ayudar a la gente y compartir con el prójimo. Siempre he creído que eso Dios me lo repone y nos recompensa”.

    Cuenta que la empresa, consciente de la gravedad del momento, le donó a cada empleado el equipo de bioseguridad. Les dotó de alcohol y gel antibacterial para uso personal: “También tenemos unos frascos para echarle (en las manos) a los clientes”.

    “¡Ayúdanos a ayudarte!”

    El funcionario de la PNB recordó que, si bien su función es ayudar y proteger, no lo es “ser los padres del ciudadano, hay que llamar a la consciencia”. “No podemos estar siempre diciéndoles que usen el tapabocas o que eviten salir de sus casas. A veces hace más un llamado a la consciencia que una sanción pecuniaria”.

    Explicó que, a diferencia de lo que puedan creer muchos, el uniforme no representa un beneficio. “Somos humanos, nuestras familias también se alarman. Ya no es solo la delincuencia que nos acecha. Nuestra labor, como la de los bomberos y guardias nacionales, no es bien remunerada. La estructura policial está lejos de las políticas del Estado. Lo único que podemos llamar beneficio es poder subirnos al Metro y ni siquiera lo es, porque uno se sube a velar por los que viajan en el tren”.

    Sojo reiteró que quienes decidieron trabajar en comercios esenciales “tenemos el chip en la cabeza y sabemos que nos toca trabajar hasta los días feriados”. “A pesar del riesgo y con el nerviosismo que uno sale a la calle, hay que salir a trabajar encomendados a Dios. Aunque hay que tratar de salir lo menos posible, porque yo entiendo que la comida no te va a llegar sola a la casa y hay que buscarla”.

    Se mostró preocupado por quienes no cumplen la cuarentena. “He visto personas que creen que la cosa es juego y salen sin tapaboca, hasta los he visto tomando. Esta enfermedad es una cadena. Esa persona que hoy está en la calle bebiendo, se infecta y luego infecta a toda la familia. Si en otros países que son potencia mundial se las ven feas, aquí que hay escasez. Pienso que la cosa puede ser muy grave. ¡Hay que evitar!”.  

    El bombero afirmó que entiende la situación y las largas colas en las gasolineras: “Estamos equipamos lo que está estipulado para que pueda rendir para toda la cola. Le pedimos a los clientes que eviten estar en la calle, lávense las manos con agua y jabón. Sé que hay un problema de agua que nos afecta, pero vamos a procurar estar en nuestras casas”.

    Reconocimiento por su labor

    Sojo ha tenido el agrado de conseguirse a clientes agradecidos y cuidadosos. “Yo me encargo de asesorar a las personas que vienen a comprar o alquilar equipos médicos. Como uno les habla con honestidad y no trata de echarles una broma, porque hay mucha gente que no conoce el tema los depósitos, la gente se muestra muy agradecida con uno. Hasta me dicen ‘Doctor’, imagínese”, recordó entre risas.  

    Sánchez aseguró que se preocupa por ofrecer el mejor servicio. “Prestamos un buen servicio a todos los clientes y recibimos sus agradecimientos. A veces nos dan comida, pero no es algo que nosotros pedimos. Cuando llego a casa tengo el reconocimiento de mi esposa e hijos, porque uno siempre hace todo lo posible por mantener contenta a la familia”.

    El policía, por su parte, aseguró que el reconocimiento por su labor es algo personal y particular. “Cuando te uniformas y te ves al espejo, sientes la satisfacción del deber cumplido. Cuando ves a un policía en cada punto de control atendiendo al ciudadano, recordándole las medidas de prevención, es ahí cuando sientes el reconocimiento por tu labor”.

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