Venezuela se está convirtiendo en un caso de curiosidad sanitaria a nivel de la región. A la segunda semana de abril, y después de un mes de haber sido reportado el primer caso de contagio por COVID-19, el país reporta oficialmente bajas cifras de contagiados y fallecidos si se remite a los datos mundiales.
El análisis del escenario económico del boletín Coyuntura Venezuela realizado por el economista, Leonardo Vera, para la firma Carpe Diem Comunicaciones, destaca que por cada 100 mil habitantes, Venezuela recoge una de las tasas de contagio más bajas de la región (0,67 por 100 mil hab.), muy lejos de Panamá, Ecuador y Chile, que estando entre los países con mayores incidencias, tienen tasas de 71,2, 61,0 y 42,4 respectivamente.
La tasa de fatalidad en Venezuela después de un mes de haberse confirmado el primer caso, se ubica en el promedio mundial y regional (5,1%). Al día 9 de abril el ministro de comunicaciones, Jorge Rodríguez, señalaba además que se habían realizado 139.282 pruebas, colocando a Venezuela en la vanguardia de la región, añade.
Dejando a un lado la posibilidad nunca descartable del sub-reporte de casos, al menos tres factores pudieran explicar la muy baja incidencia de contagios por Covid-19 hasta ahora encontrada en Venezuela.
En primer lugar, la poca conectividad aérea que hoy exhibe Venezuela y que minimiza las fuentes iniciales de contagio.
En segundo término, la muy baja movilidad interior de las personas como resultado de una depresión de 5 años a lo que se añade la escasez de combustible.
En tercer término, está el hecho de que Venezuela es el país en la región que más rápidamente impuso cuarentena total una vez conocido el primer caso de contagio.
El primer caso se reporta el 14 de marzo y tres días después el gobierno de Maduro decretaba la cuarentena. Esto contrasta con otros países que han demorado hasta dos semanas por imponer la cuarentena y que hoy muestran severo avance en los contagios comunitarios.
Sin embargo, no hay todavía evidencias firmes de que la lucha esté conjurada, muy por el contrario, el caso de Venezuela todavía puede ser uno de lento avance inicial de la epidemia, pero proliferación rápida y exponencial de nuevos casos si algún brote comunitario no detectado está en marcha.
Para Vera, el gran dilema que enfrenta el gobierno de Maduro es si extender o no la cuarentena. En las condiciones deplorables en que se encuentra el sistema de salud pública en Venezuela, Maduro hizo lo correcto, epidemiológicamente hablando, imponiendo una cuarentena de un mes muy rápidamente.
No obstante, su gobierno no tiene recursos para poner en práctica programas de estímulo fiscal o algún tipo de fortalecimiento significativo en las transferencias no condicionadas que pueda llevar alivio a hogares y empresas. La ayuda internacional aún es limitada y el financiamiento está prácticamente cerrado, sostiene.
En las últimas semanas la única acción significativa en materia de transferencias han sido dos bonos por un valor equivalente a 10 US$ cada uno. A esto se añade las acciones anunciadas el 22 de marzo que incluyen la suspensión del pago de alquileres para empresas y particulares durante un plazo de seis meses, la ratificación de la inamovilidad laboral, la asunción por parte del Estado del pago de salarios de las pequeñas y medianas empresas (pymes) por un período de seis meses, y la aplicación de un régimen especial de alivio sobre pagos de capital e intereses sobre préstamos de cualquier tipo.
Con excepción de las acciones en el ámbito financiero y dada la precaria institucionalidad para hacerle seguimiento a estas medidas, su cumplimiento debe ser muy bajo. Así que una cuarentena muy larga, puede significar un stress social muy grande donde focos de descontento y reclamo no son descartables del todo, a pesar de las medidas de control militar y social que el gobierno de Maduro ha venido imponiendo.
Por otro lado, una suspensión muy temprana de la cuarentena, en medio de un cuadro crítico de escases de combustible como el que padece Venezuela puede ser igualmente peligroso para Maduro. Un encierro corta implica menos padecimientos económicos y menos necesidades de alivio gubernamental. Sin embargo, expondría crudamente una realidad que ya se venía presentando en el interior del país y que ahora ha llegado a las grandes ciudades.
La salida de Rosneft de Venezuela y la carencia de recursos por parte de PDVSA para seguir comprando gasolina en el exterior deja como una de las pocas soluciones estructurales al problema del combustible, la desregulación del mercado interno de la gasolina. Esta es una petición hecha pública por la Cámara Petrolera de Venezuela capítulo Zulia, mientras que Hispanopost revelaba que en las esferas más altas delchavismo se evaluaba una propuesta para que PDVSA permitiera a los privados comprar e importar gasolina y diésel y distribuir el combustible en todo el país.
El plan de reactivar la refinería de El Palito, paralizada desde hace tres años, apenas comienza y por el momento lo único que se ha podido reactivar allí es la producción de destilados que deben pasar ahora por un proceso de conversión media a través del Craqueo Catalítico en lecho Fluido (FCC). Esta solución es incierta, tomará tiempo y difícilmente cubriría las necesidades totales del mercado interno.
En cualquier escenario, el problema de la gasolina es medular. Mientras más rápido puede resolverse, mayores serán los incentivos gubernamentales para relajar la cuarentena y menores los daños a la economía y las personas.
