Y más allá de las personas, y más recientemente los felinos del Zoológico del Bronx, el precio del petróleo parece ser otra de las víctimas de la pandemia conocida como Covid_19.
La baja demanda del llamado oro negro y de sus derivados, ante la ralentización de la economía mundial como consecuencia de la pandemia, obligó al descenso de la producción y por ende, de los precios. Ello resulta paradójico, por cuanto una de las máximas del mercado petrolero en época de baja demanda por motivos estacionales o de otra índole, es recortar la producción para subir los precios Pues aquí, la cosa se complicó y el resultado se invirtió.
La caída vertiginosa de los precios del crudo, comienza manifestarse cuando se inicia el mes de marzo. Ante ello y previendo una notable disminución de sus ingresos, Arabia Saudita propuso a la OPEP una reducción, para el mes de abril, de unos 1.5 millones de barriles diarios de crudo, a lo cual se opuso Rusia, lo que ocasionó un impasse entre estos países, lo que se tradujo en una guerra de precios. El precio actual solo es comparable a niveles de 2002, y amenaza con seguir descendiendo.
Ello ha traído consecuencias nefastas en la economía de algunos países de la región latinoamericana que, al igual que Venezuela, tienen al petróleo como la mayor fuente de sus ingresos monetarios. Los pronósticos acerca de la salud económica de estas naciones son para nada alentadores, y desde ya están buscando la aplicación de medidas que hagan la coyuntura menos difícil de lo que ya se presenta.
¿Podrá entonces el petróleo y las economías que dependen de él, salir airosos de esta cuarentena mundial y sortear con éxito los desafíos que impone un significativo descenso de los precios del crudo en época de pandemia?
Habrá que reinventarse y buscar nuevas y mejores maneras de administrar la merma en sus arcas que, para países productores, significará un mayor descenso en los precios del crudo.
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