La multinacional estadounidense Chevron se ha mantenido firme en medio de la volatilidad de los precios del petróleo y las tensiones entre Estados Unidos y Venezuela. Tanto es así que ha cumplido una de sus misiones: devolver valor a sus accionistas.
Las operaciones de la petrolera en territorio venezolano están en el centro de la escena, impulsadas por los vaivenes en las sanciones aplicadas por la administración de Donald Trump. Aunque estas noticias pueden influir en la confianza del mercado, la exposición financiera directa sigue siendo marginal.
La producción asociada a Venezuela representa un porcentaje bajo de un solo dígito sobre el total global de Chevron y aporta una parte aún menor al flujo de caja consolidado, lo que limita su impacto en las ganancias y mantiene al riesgo geopolítico bajo la mirada del mercado.
Si bien Venezuela pueda seguir ocupando espacio en los titulares, la lógica detrás de la inversión en Chevron se apoya en la sostenibilidad de su flujo de caja, en una asignación de capital cuidadosa y en la rentabilidad para el accionista, más que en especulaciones geopolíticas.
Alza de sus acciones por debajo del S&P 500
Sus acciones subieron 3% en 2025, muy por debajo del 14% que registró el índice S&P 500, un rendimiento que deja por sentado la cautela de los inversionistas las variaciones en las ganancias relacionadas con materias primas, así como también las dudas sobre el potencial de crecimiento, incluso si el precio del petróleo mejora.
Aunque la acción no mostró un gran impulso, el negocio se mantiene firme. Los ingresos bajaron en promedio 6,2% anual en los últimos tres años, pero Chevron sigue siendo considerada neutral en términos de flujo de caja libre cuando el Brent ronda los 50 a 55 dólares. Eso le permite sostener el pago de dividendos y continuar con la recompra de acciones, pese a las tensiones geopolíticas, sobre todo en torno a Venezuela, que todavía condicionan la confianza del mercado.
De hecho, Chevron está entre las compañías del sector energético más orientadas a beneficiar a sus accionistas. La acción ofrece una rentabilidad por dividendo cercana al 4%, sostenida por una trayectoria de varias décadas con pagos constantes, incluso en los distintos ciclos de precios de las materias primas.
En los últimos doce meses, devolvió más de 25.000 millones de dólares a sus accionistas a través de dividendos y recompra de acciones, a pesar de que sus ingresos cayeron 3,6% interanual, hasta los 187.000 millones de dólares, con una baja del 1,5% en el último trimestre, cuando facturó 48.000 millones de dólares.
El programa de recompra, que permite gastar hasta 20.000 millones de dólares por año, refleja la decisión de la empresa de priorizar el retorno de efectivo excedente, antes que apostar por un crecimiento basado en mayor producción. Al mismo tiempo, reduce progresivamente el número de acciones en circulación y preserva la flexibilidad del balance.
De modo que Chevron probablemente no sea la compañía con mayor volatilidad en un mercado petrolero en alza. Pero con ingresos estables, una rentabilidad anual de varios miles de millones para los accionistas, una fuerte generación de efectivo y un balance preparado para soportar los ciclos de las materias primas, se posiciona como una alternativa más defensiva para seguir expuesto al sector energético.
Con información de Forbes
