Habitantes de la Cota 905 y sectores aledaños vuelven a la rutina entre el miedo y la resignación

“Me he tenido que acostar en el suelo con mi bebé y decirle que estamos jugando a los policías y ladrones, como lo ve en las películas cuando se acuesta con su papá a ver televisión”, narró una habitante de El Paraíso, que no quiso revelar su identidad, sobre la situación que ha vivido dentro de su viviendo a causa de los constantes enfrentamientos armados en la Cota 905 entre delincuentes de la banda liderada por el Koki, El Vampi y Garbis y funcionarios policiales.

Hace casi una semana el suroeste de la ciudad fue prácticamente decretado zona de guerra, cuando miembros de las bandas que mantienen el control de la Cota 905 y sectores aledaños del municipio Libertador desataron el caos, al enfrentarse a tiros contra los cuerpos policiales, en vendetta porque en enfrentamientos pasados habría resultado herido el azote conocido como el “Loco Leo”, líder de la banda de El Valle.

La banda delictiva de Carlos Luis Revete, alias Koki, sometió a una lluvia de balas a uniformados y civiles de El Paraíso, La Vega, Montalbán, Catia, El Cementerio, El Valle, Coche y demás sectores circundantes, con el saldo de ocho muertos y más de 11 heridos.

También mantuvo en vilo a las familias que viven en la Cota 905, lo que provocó la intervención de la Unidad de Operaciones Tácticas Especiales (UOTE) y las Fuerzas de Acciones Especiales (FAES), en un operativo ordenado por la ministra del Interior de la administración madurista, Carmen Meléndez, tras un día de absoluto silencio de parte de las instituciones del Estado.

En un recorrido realizado por HispanoPost desde la redoma La India, en El Paraíso, hasta el sector La Torre de la Cota 905, alcabalas y efectivos uniformados se pueden observar por doquier. De acuerdo con el material registrado por el fotorreportero Raúl Romero, la GN tiene alcabalas dispuestas en varias zonas.

“El transporte público está trabajando normal, pero quienes viajan en él son requisados y les piden sus documentos al llegar a la entrada de El Paraíso”, dijo Romero.

Informó que, a pesar de que no le fue solicitado identificarse para ingresar a la Cota 905, pudo constatar el temor en los habitantes, además de encontrar la mayoría de los locales comerciales de la zona cerrados. “La única que abrió fue una señora que vendía empanadas, en el sector Las Colinas, del resto todo cerrado. Para subir no me revisaron ni nada, pero bajando hacia la carretera vieja 905, eso está inundado de alcabalas”.

Romero aseguró que “la gente sale y habla, pero está muy temerosa”. “También me metí hacia arriba, por La Quinta, y hay funcionarias de las FAES ubicados estratégicamente que incursionan por el barrio. En ese sector de La Quinta, pero abajo, hay unos carros quemados por los delincuentes para que no pasaran las tanquetas”, dijo.

Retomando la rutina

Romero también observó que trabajadores de la Alcaldía de Libertador se mantienen haciendo labores de limpieza en la zona. Mientras, José Narváez, habitante de un edificio cerca de la Plaza Madariaga donde está ubicada la entrada de la Cota 905, destacó que “no me queda de otra que volver a la rutina”.

“Me da temor salir de mi casa. No hemos bajado ni a comprar pan estos días porque las balas perdidas estaban cayendo como fuegos artificiales, pero no me queda de otra que volver a la rutina. Hoy me tocó salir para ir a trabajar, vamos a ver cómo está la cosa cuando vuelva a la casa”, agregó Narváez.

Dariana Malavé, habitante de Los Jardines de El Valle, dijo que pasó cerca de una semana fuera de su casa: “Cuando empezó el tiroteo la semana pasada, yo andaba en casa de una amiga en el este. Mi mamá me llamó que no me regresara a la casa, porque El Valle estaba revolucionado por lo del ‘Loco Leo’. Los cuentos eran que estaba herido, pero resguardado en una casa por la zona. Aasí que me tocó quedarme a dormir en casa de mi amiga todos esos días, apenas el sábado por la noche pude volver a mi casa. Fui desplazada a la fuerza”.

La organización civil Es Otro Enfoque, que suele hacer jornadas sociales y de concientización de paz en la Cota 905, al final de la semana pasada habilitó un refugio para los menores de edad que lograron escapar de la zona en conflictos.

A través de las redes sociales, organizaron una campaña de recaudación de fondos y alimentos, además de productos de higiene persona, para que los niños y jóvenes tuvieran un sitio dónde comer, asearse, jugar y pasar la noche mientras se resolvía la situación en el sector donde está ubicado su hogar.

También hicieron una convocatoria abierta a psicólogos, psicoterapeutas y psicopedagogos que quisieran prestar su colaboración a las familias que fueron desplazadas a la fuerza, buscando seguridad y tranquilidad lejos de hogar.