Desde hace veinte años se ha convertido en sinónimo de delincuente, más específicamente de gánster, el cargo de Edecán de la Presidencia de la República de Colombia, que suele ser ejercido por un oficial de alto rango de la Policía Nacional.
El coronel Mauricio Santoyo estuvo al lado de Álvaro Uribe desde antes de que llegara a la Presidencia y fue inmune a todo tipo de señalamientos criminales hasta que llegó a ser el jefe de seguridad del mandatario. Desde allí, obedeció órdenes para hacer persecuciones a opositores y periodistas y estrechó su amistad, siempre negada, con la multinacional del narcotráfico y del crimen organizado llamada Oficina de Envigado.
Desde cuando Uribe ejerció la gobernación del departamento de Antioquia tuvo a Santoyo a su lado interceptando ilegalmente conversaciones privadas y cometiendo otro tipo de crímenes tales como homicidios por encargo.
Desde la presidencia, articuló actividades criminales de mayor calado con la Oficina de Envigado y otras organizaciones, principalmente del narcotráfico. Durante esa época, el poderoso jefe mafioso Antonio López Jiménez, alias Job, entró varias veces al palacio presidencial, por la puerta de atrás, con el objeto inédito de tomarle cuentas al gobierno.
Con el apoyo de Santoyo, Job era recibido por los secretarios presidenciales de prensa y jurídico, César Mauricio Velásquez y Edmundo del Castillo. El segundo ya fue condenado penalmente y el primero será juzgado en pocos días como reo ausente mientras permanece prófugo en Italia, donde está protegido por el Opus Dei, secta católica de la que es alto funcionario en Colombia.
Job era reconocido como la mano derecha de Diego Fernando Murillo, alias Don Berna, al que algunos analistas consideran que llegó a ser el narcotraficante colombiano más poderoso de todos los tiempos. Este último también fue el caporal mafioso que articuló con éxito el plan conjunto de las autoridades y un sector de la mafia para cazar a su antiguo jefe: Pablo Escobar.
Las visitas del mafioso a la presidencia trascendieron a la prensa, explotó un escándalo y Job fue asesinado.
A pesar de los innumerables crímenes y relaciones ilícitas que mantenía, incluso de manera relativamente pública, el coronel Santoyo alcanzó el grado de general bajo el amparo del residente, recibió las más altos honores a los que podía aspirar (incluido el de agregado policial a la embajada de Washington) y su nombre quedó en la lista de agradecimientos especiales en el libro No hay causa perdida, que Uribe publicó tras haber dejado la silla de Bolívar.
Santoyo fue sucedido, al final del gobierno de Uribe, por el general Flavio Buitrago, hoy preso por múltiples delitos de esos días y está próximo a ser juzgado en Colombia.
Terminado el gobierno Uribe, Santoyo fue apresado en Estados Unidos (donde también está recluido Don Berna) y confesó sus crímenes.
El edecán del presidente Ernesto Samper (1994 y 1998), coronel Germán Osorio, fue juzgado y condenado por sus vínculos con el cartel de Cali, organización criminal que le dio el triunfo a este presidente mediante la inyección ilícita de cerca de US$ 10 millones.
El coronel Osorio, de acuerdo con comprobaciones judiciales, tuvo estrechos nexos con Elizabeth Montoya de Sarria, alias La Monita Retrechera y su esposo, el narcotraficante Jesús Sarria. Elizabeth, quien también aportó dinero del narcotráfico para la campaña presidencial, fue asesinada cuando se publicaron grabaciones de conversaciones de Samper con ella en las que hablaban de actividades criminales.
Durante la presidencia de Andrés Pastrana, 1998-2002, el cargo de Edecán le correspondió al coronel Royne Chávez. Se hizo notar primero por ser el enamorado de la popular cantante del género tecnocarrilera Marbel y se casó con ella en una fiesta de bodas estrepitosa, a la que asistieron varios mafiosos que compartieron con altos oficiales de la policía y sorprendidos funcionarios del gobierno.
Chávez terminó condenado y preso por enriquecimiento ilícito. El año pasado murió de cáncer.
Hace pocos días, la marca perversa de los edecanes presidenciales rebrotó en Colombia. El jefe de seguridad del presidente Juan Manuel Santos, Luis Gilberto Ramírez Calle, fue ascendido al grado de general de la Policía, para lo que necesitó un aval del congreso nacional, que le fue concedido en medio de desaprobaciones y advertencias desoídas.
Ramírez Calle quedó en la pequeña lista de candidatos para suceder al actual director nacional de la Policía, el también cuestionado general Rodolfo Palomino.
El nuevo general recibió las insignias de manos del propio presidente durante una parada militar solemne y un mes y dos días después renunció intempestivamente, con lo cual abandonó la opción de llegar en breve al más alto cargo posible de su carrera, dejó el codiciado e influyente puesto en el palacio presidencial y botó 30 años laureados de vida policial.
¿Por qué se fue Ramírez Calle? El país sospecha que pronto se conocerá la respuesta en un estrado judicial.
