A Clara María no se le olvidan los años de su niñez que compartió, en el mismo barrio de la ciudad de Santa Clara, con José Fernández: juegos de pelota en la polvorienta calle hasta pasadas las 8 de la noche, los cumpleaños y otras fiestas, las travesuras debajo de la cama para darse besitos de niños en la boca a escondidas.
Y así recuerda a José Delfín Fernández, como el muchacho alegre e inocente que a todos mortificaba con sus maldades infantiles; el buen jugador de pelota que desde niño fue; el amigo que saludaba cuando visitaba Cuba y el hombre del cual todos estaban orgullosos.



