Latinoamérica baja y EE.UU. sube

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En la mayor parte de los países latinoamericanos, por estos días la gente está haciendo cuentas, cálculos y esfuerzos para mantener el valor de su dinero y remendar con algo de dólares americanos sus depreciados ingresos en monedas nacionales. Es lo que me dice la joven gerente de una sucursal bancaria en Bogotá.

En Colombia, por ejemplo, hace apenas un año el dólar americano costaba 2.380 pesos. Hoy vale 3.300. El obvio encarecimiento de las importaciones se refleja en una escalada inflacionaria sin remedios reales a la vista.

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Los ingresos petroleros se fueron de bruces y nadie puede asegurar que no seguirán cayendo. En enero de 2015 el barril de petróleo estaba en aproximadamente US$40, que ya era barato, frente al de años anteriores, cuando estuvo por encima de los US$80. Hoy ronda los US$30.

Algo parecido ha pasado con las materias primas de las que América Latina deriva sus mayores ingresos. La región regresa, al parecer, a una de esas crisis pendulares en las que la miseria social se vuelve todavía más grande y dramática y al mismo tiempo se desatan los grandes debates sobre quiénes y por qué pudieron robarse y despilfarrar los ingresos faraónicos de la última bonanza, que  no volverá.

Venezuela, una de las principales potencias petroleras del mundo, es el ejemplo más claro de la decadencia, la corrupción y la pauperización, puestas completamente al desnudo con el colapso de los precios del crudo. Los alimentos y las medicinas escasean cada vez más y la prostitución y la violencia callejera desenfrenada son recursos de supervivencia cada vez más socorridos. No distan mucho de Haití.

En Ecuador la tiranía constitucional, regida por el “socialismo del Siglo XXI”, sigue los pasos de su hermana Venezuela hacia el abismo. Vive el mismo colapso petrolero, el mismo estrangulamiento estatal del sector privado, el mismo enriquecimiento ilícito de la oligarquía socialista con la riqueza nacional guardada en cuentas particulares en paraísos fiscales y la misma asfixia democrática que impide respirar aires que no sean el que permite el tirano de turno, para este caso Rafael Correa. Y la misma hipoteca, depredadora e impagable, en favor de China, cuya economía también se frenó.

Resulta increíble que con su economía dolarizada desde el gran colapso de 1999 Ecuador haya experimentado en 2015 una inflación real superior a 6 por ciento, de acuerdo con analistas independientes.

Las marcas dolorosas de la pobreza eterna de América Latina siguen en alza y se vislumbran estallidos sociales como consecuencia de la evaporación de los recursos con los que, de alguna manera, los gobiernos engañan el hambre de los pobres por medio de pequeños bonos, subsidios y otras miserias.

Estamos frente al fin de una extensa bonanza económica latinoamericana, marcada por las devaluaciones severas de sus monedas y el recorte de sus ingresos fiscales. 

Para Colombia, el panorama es complejo y angustiante si bien 2016 es el año en que se echará a andar un proceso de paz pactado con la guerrilla más vieja y poderosa del mundo. Sin dinero suficiente en las arcas del estado, como ocurre ahora, será todavía más difícil hacer las reconversiones sociales, agrarias y de otro tipo que llevarán al país a olvidar las armas y se corre el riesgo de que, por el contrario, se desmadre la violencia. Para los combatientes, salvo mejor panorama, los fusiles han sido siempre su forma de vida más confiable.

En medio de ese panorama, mi amiga banquera está convencida de que, en cambio, la economía de Estados Unidos ha vuelto por sus fueros: “crece sanamente y con fuerza”, dice. Y agrega: “es increíble la fortaleza económica de ese país”.

Nadie creía que Estados Unidos fuera a superar fácilmente la recesión en la que cayó en 2008. Pero salió a flote con la fuerza de una pelota liberada desde lo más profundo de una piscina: hoy tiene desempleo e inflación bajos, ingresos en ascenso y una moneda sólida. Esto ocurre mientras el resto del mundo ve caer las acciones, los bonos, los ‘commodities’, el petróleo, el oro etc.

Estados Unidos se volvió autosuficiente en términos petroleros, ya posee excedentes para exportar y avanza a la vanguardia en el desarrollo de nuevas tecnologías que pronto harán menos rentables y más inciertas las reservas de otros países representadas en petróleo o carbón.

Una vez más, América Latina comienza a volcar sus capitales hacia Estados Unidos para asegurarlos en todo tipo de inversiones, principalmente finca raíz. Mientras la economía mundial no muestra exactamente para dónde va, y la latinoamericana menos aún, mi amiga banquera sostiene que “la mejor inversión del momento para preservar el valor del dinero que antes estaba en la Bolsa de Colombia, es comprar bienes raíces en Miami o Nueva York”.  Según ella, aunque los precios están creciendo, todavía son bajos y van a alcanzar valores insospechados.

Las economías latinoamericanas vuelven a cifrar sus esperanzas en las remesas que envían los migrantes pobres que se fueron a buscar la vida y las gentes de algún nivel económico ven su futuro sacando sus capitales para invertirlos principalmente en Estados Unidos. Los pobres envían lo que pueden y los ricos lo sacan. Parece que esa será la dinámica de 2016.

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