La literatura empresarial se ha volcado a definir los tipos de líderes, según sus habilidades y capacidades. Uno de estos es el líder transaccional que, si bien siempre ha existido en las compañías, es en 1978 cuando el especialista James MacGregor Burns teoriza por primera vez sobre las características de este modelo de liderar equipos.
El liderazgo transaccional, también llamado liderazgo institucional o gerencial, que se basa en dos puntos clave. Uno, decirle directamente al equipo de trabajo qué hacer y, dos, motivarlo a través de beneficios o recompensas. En otras palabras, es una estrategia que busca la mejora continua de los resultados operativos mediante la fijación de incentivos para los trabajadores.
En el caso de que el empleado responda y cumpla con la responsabilidad que se le ha sido asignada o alcance el objetivo fijado, recibirá un reconocimiento. Pero si no da la talla, recibirá una amonestación.
Este tipo de liderazgo es una estrategia más pragmática que -además de la búsqueda de mejoras continuas de resultados- permite promocionar a los mejores empleados y dar un llamado de atención a los que no han alcanzado los niveles de productividad esperados. Todo esto se combina con una autonomía para los trabajadores, quienes solo dan cuentas cuando sus tareas son completadas.
Entre los beneficios de este modelo están la mejora en la motivación de los empleados y los resultados operativos que se obtienen y una mayor eficacia de la gestión. Pero también presenta desventajas, como la excesiva presión para algunos profesionales, lo cual genera ansiedad y depresión.
La presión con este liderazgo -si no se ejerce adecuadamente- pone en riesgo el clima de trabajo, las relaciones interpersonales y el sentido de pertenencia de los trabajadores hacia la empresa.
Por ello, un buen líder transaccional se caracteriza por su capacidad de generar la motivación y el entusiasmo en los miembros del equipo para realizar de forma óptima y en el tiempo establecido las labores y los objetivos encomendados por la compañía.
Se trata de comprometer a todos los integrantes premiando a los mejores y llamando al hacer las cosas mejor a quienes no cumplieron adecuadamente las metas.
Estos líderes presentan las cualidades de ser asertivos, claros y concretos en la comunicación, solicitando a los empleados lo que desea obtener de ellos. También son cerebrales, pues jamás pierden de vista el objetivo.
En resumen, el rol del líder transaccional es sumamente importante para las compañías, ya que de él o ella depende que estas alcancen sus objetivos económicos y continúe creciendo con su gente. Sin embargo, si bien este estilo de liderazgo es útil para motivar al equipo a corto plazo o en situaciones de emergencia, el liderazgo transaccional debe usarse con precaución.
