Los libros: los mejores amigos de unos, los peores enemigos de otros

- Publicidad -

La amistad es como los dientes, cuyo prominente rol en la salud es por lo general ignorado. Los amigos nos ayudan a digerir los bocados, a trocearlos. Los amigos, como la dentadura, se vuelven protagonistas cuando sonreímos y se agazapan en los rostros tristes. La amistad es desinteresada, leal e incondicional y establece vínculos por afinidad.

A lo largo de este año tan distinto que hemos vivido, sin duda, los amigos han sido el asidero de muchos para no enloquecer, el reservorio de la ilusión de que vendrán tiempos donde el festejo y la celebración se olviden de la distancia social. 

- Publicidad -

Los amigos muchas veces capitanean el entretenimiento y sobre todo capotean la soledad, al igual que los libros, quienes siempre han sido los panas más cercanos del hombre. Recientemente dos escritores venezolanos, en un acto de generosidad impresionante y valiéndose de la cercanía virtual que ofrece la tecnología, organizaron dos talleres de altísima factura. Milagros Socorro, desde Dinamarca, reunió a un grupo de alumnos para hablar de la literatura en el confinamiento, valiéndose de “Ifigenia”, de Teresa de la Parra, para hablar -entre otras cosas- del aislamiento y el impacto que produce en las emociones y la psique del individuo.

Ricardo Ramírez Requena, por su parte, con la ayuda de Provea, exploró desde Caracas, junto a un grupo variopinto, la obra “Nocturama”, de Ana Teresa Torres. 

Ambos facilitadores vinieron a corroborar lo que ya sabemos: los libros, sean de ficción o no, son los mejores oráculos que han existido en la historia de la humanidad. Describen, testimonian y vaticinan. 

Los libros tienen un catálogo más amplio que el de Netflix a la hora de entretener y los efectos especiales de una obra literaria hacen palidecer los efectos hollywoodenses si se lo propone. Los libros acompañan y sobre todo nutren. Las páginas leídas se van acumulando entre pecho y espalda y no se borran, se vuelven esteroides para el pensamiento y por eso incomodan a muchos. Básicamente a los poderosos con intelecto de plastilina para quienes los libros representan un enemigo, un oponente silente y peligroso porque atenta contra la miopía mental de los seguidores porque, tal y como lo dijo alguna vez Tomás Eloy Martínez, “con el poder iletrado no hay diálogo”.

De la mano de Milagros Socorro se develó una Ifigenia, que no solo cuenta las vicisitudes de una muchacha arruinada, de clase alta, refinada y educada que se condena a un matrimonio con un hombre al que no quiere, como tablita de salvación para mantener su estatus. 

Teresa de la Parra retrata a la Venezuela gomecista, donde el líder encarnó al cesarismo. El patriarca que repartió concesiones del recién descubierto oro negro, con lo que se creó una nueva clase que trepó escalones sociales y se sentó en mesas con narices respingadas y miradas esquivas que aceptaban la compañía de los “enchufados” porque billete mata alcurnia.

“Ifigenia”, publicada en 1924, describe un país silenciado por un gobierno opresor, donde las ideas contrarias se encarcelaban y torturaban. Desde la ficción, la sombra del tirano se hace omnipresente. Ese caudillo casi analfabeta, a quien uno de los ideólogos del régimen gomecista, Laureano Vallenilla Lanz, trató de justificar argumentando que “el caudillo constituye la única fuerza de conservación social».

Ha transcurrido casi un siglo y pareciera que Teresa de la Parra estuviera escribiendo en el presente de una tierra de gente buena atiborrada de la satrapía de sus dirigentes. La escritora describe un país que cambia, una Caracas que se maquilla, que no sabe aún si es rural o industrial, que desconoce su identidad y se engolosina con cosas superfluas y muy costosas a las que tienen acceso muy pocos, porque el grueso sacia el hambre rasguñando poco.

En “Nocturama”, de Ana Teresa Torres, el personaje principal, de manera muy distinta a la de Ifigenia, está tratando de sobrevivir, también busca su identidad. Necesita ubicarse dentro de un espacio que se desdibuja constantemente, donde la memoria es arrasada y se tiene la esperanza mesiánica de que alguien arreglará el entuerto. Pero ahoga su desasosiego en una cotidianidad que toma cerveza y baila salsa.

Tristemente nuestro país, al igual que el contexto de “Nocturama”, también tiene memoria corta. De eso puede dar testimonio la familia de Franklin Brito, aquel hombre que se enfrentó titánicamente al sistema, que se inmoló en nombre de la verdad y que clamando justicia perdió la vida. Aquel hombre, a quien en un acto de complicidad absoluta con la ignominia, la entonces fiscal general de la República Luisa Ortega Díaz ordenó que fuera trasladado en contra de su voluntad al Hospital Militar. Durante el purgatorio en vida que padeció Brito, sus hijos gemelos solo lo vieron dos veces: un ratico el Día del Padre y en su lecho de muerte. Pero la historia triste de los Brito se nos borró, como se borra constantemente la configuración citadina porque ya no está trending en las redes sociales y porque sucedió hace casi una década, lo que significa una eternidad para un país donde algunos han tratado de deificar a Luisa Ortega Díaz con su falsa capa de superhéroe. 

La tragedia de esta familia encuentra eco en el dolor de decenas de madres que perdieron a sus hijos en 2017 o en los centenares de caídos que ha dejado la pandemia, de los cuales se le han rendido honores a uno solo, como si la partida de los otros ciudadanos no mereciera ni siquiera una condolencia.

 La indolencia en ocasiones se alimenta de la ignorancia y, aunque nadie discute y ni siquiera me atrevería a decir que con tantas cosas urgentes por atender en el país habría que darle prioridad al incentivo de la lectura, me da por fantasear con que nuestro pueblo se encompinche con los libros, que descubra la amistad sincera que brindan, que descubra porqué los opresores los ven como enemigos. Quienes solo saben trampear para mantenerse en el poder le temen a un mundo de palabras porque habría menos balas. Pero convencida como estoy de que Venezuela es una cantera inagotable de gente buena, sé que siempre habrá un mañana soleado y que los venezolanos sabremos escoger a nuestros verdaderos amigos.

- Publicidad -

Más del autor

Artículos relacionados

Lo más reciente

Delcy Rodríguez espera que el diálogo brinde un espacio para todas las voces tras regreso de María Corina Machado, pero pide “arrepentimiento”

La presidenta encargada de Venezuela, Delcy Rodríguez, se pronunció este lunes sobre el regreso al país de la líder opositora María Corina Machado, dejó...

Telecomunicaciones experimentarán «boom» en 2027, afirma nuevo director de Telecom UCAB

Javier Hernández asumió la conducción de la Escuela de Ingeniería en Telecomunicaciones, en octubre de este año, con la mirada puesta en fortalecer las...

Cámara Petrolera reporta crecimiento en la producción en Zulia, pese alas fallas eléctricas

El presidente de la Cámara Petrolera de Venezuela (CPV), capítulo Zulia, Roy Biagioni, informó que la producción de crudo en la entidad «está creciendo...

¿Quieres recibir las notas de mayor interés en tu email?

Comparte con nosotros tu email y te haremos llegar las noticias de mayor relevancia directo a tu correo