La capilla ardiente del papa Francisco, instalada desde el miércoles y por tres días en la basílica de San Pedro, había sido visitada por más de 50.000 fieles hasta la mañana de este jueves. La multitud ha sido tan grande que el Vaticano optó por mantenerla abierta toda la noche y solo cerrarla apenas una hora para las labores de limpieza.
La iglesia más grande del mundo debía cerrar a medianoche, pero las autoridades católicas cambiaron de planes ante la enorme afluencia de público, permitiendo el acceso de fieles hasta las 5:30 hora local. Se reabrió a las siete de la mañana, cuando ya miles se agolpaban en los accesos.
El primer Pontífice latinoamericano yace en un sencillo ataúd abierto, ante el imponente baldaquino barroco de la iglesia más grande del mundo. Lleva su inseparable rosario entre las manos y casulla roja. Su cuerpo no se depositó en un catafalco, a diferencia de sus antecesores: petición expresa del jesuita argentino de estilo austero.
En un silencio sepulcral, fieles afligidos de todo el mundo avanzan en una lenta procesión por el pasillo central para dar su último adiós a Francisco, quien murió el lunes tras un derrame cerebral.
La capilla ardiente se mantendrá hasta el viernes de noche, previo a un funeral de Estado que contará con la asistencia de presidentes como Donald Trump, Javier Milei y Lula da Silva, así como el rey Felipe VI de España y el secretario general de la ONU, António Guterres.
El gobierno italiano prevé la participación de entre 150 y 170 delegaciones extranjeras en el servicio y reforzó la seguridad de la capital de Italia, con cierre de vías y estrictos controles.
Con información de INoticias y Univisión
