Ya hace cinco años la encuesta «Commuter pain survey» realizada por la INM arrojó que la capital de México era la ciudad más complicada para desplazarse, compartiendo el nada honroso título con Beijing. Dejando de lado los continuos estancamientos en el tráfico vehicular, los más de 8 millones que utilizan diariamente el metro, metrobús o tren suburbano sufren de los efectos de vivir en algunos casos hasta a 30 kilómetros (urbanos) de sus sitios de trabajo.
No es inusual para los usuarios entrar a presión, empujados por otros viajeros, para que el tren pueda cerrar sus puertas y continuar su camino, o esperar el paso de hasta diez convoyes o autobuses para poder ingresar a los transportes atestados. Lo sorprendente es que a pesar de las constantes mejoras que se hacen a la red de transporte público se notan pocas mejoras en los trayectos más conflictivos, en los que aparte de la pérdida de tiempo sel viajante se expone al acoso sexual o a ser víctima de robo.
La Zona Urbana de Valle de México, con más de 22 millones de habitantes, sufre a causa de la falta de planificación urbana que concentra los centros de trabajo a largas distancias de las zonas habitacionales, obligando a largos y costosos desplazamientos diarios, lamentablemente esto está tan normalizado por el viajero capitalino que para algunos la solución es simplemente: tener más paciencia



