Pablo Iglesias asoma la patita y se deja ver con nocturnidad y alevosía. Su primer puñetazo encima de la mesa lo ha dado para destituir sin previo aviso a uno de sus hombres fuertes, su Secretario de Organización, Sergio Pascual. Ayer por la noche, después de la jornada parlamentaria y con un comunicado a los medios.
Nadie mejor que Juan Carlos Monedero, ex dirigente de Podemos y aún así una de las opiniones más influyentes dentro del Partido, para definir la situación de caos, desorden e inmadurez aparente que viven los jóvenes revolucionarios de la política española.
«Hemos alimentado la locomotora y sacrificado los vagones. Eso pasa factura», ha dicho Monedero en referencia al fulminante cese del citado número tres de Pablo Iglesias, su Secretario de Organización, Sergio Pascual. Se da la casualidad también que éste es la mano derecha de Iñigo Errejón, que ya define una línea menos dura dentro del partido y que aboga por los pactos antes de buscar nuevas elecciones generales en España.
Sí, parece muy pronto para todo esto. Que se desatiendan los vagones, como dice Monedero, en una formación tan joven como Podemos para dar aire a una locomotora que todavía no ha hecho el rodaje casi obligado para circular en una red tan revuelta como la política española. Pero es que tampoco es tan cierto lo que dice el profesor, porque la locomotora podemita se ha convertido en los últimos días en una bomba cercana a la explosión. Son jóvenes, recién llegados y recién organizados. Quizá sea este el problema. No han salido de la estación y la locomotora ya tiene varios conductores: los partidarios de Iñigo Errejón , los seguidores del líder Pablo Iglesias y los que se consideran como anticapitalistas, que son los que se sitúan más a la izquierda del padre y los más radicales en la formación. Los que dieron el espíritu de lucha y reivindicación con un papel importante para las bases del partido.
La cuestión es que Monedero adivina ya a estas tempranas horas comportamientos más propios de la antigua casta que de quienes están llamados a hacer triunfar una renovación política en España. Critica a Sergio Pascual por su ineficiencia en la gestión de la crisis del partido en Madrid, que se saldó con la dimisión de diez dirigentes en la formación. Y también ataca a éstos: «cuando alguien te dimite en mitad de la investidura, como ha ocurrido con los compañeros de Madrid, es porque dan más importancia a su situación personal que al proyecto colectivo. Algo hemos hecho mal. Es intolerable en sus consecuencias que eso haya ocurrido y hace daño al proyecto no nuestro sino de España. Esas dimisiones, marcadas por legítimos intereses pero expresados en un momento en donde el foco debía estar en otro lado demuestran que aún no somos el partido que queremos ser», ha dicho Juan Carlos Monedero.
Aun no somos el partido que queremos ser, dice. Eso le ha tenido que doler, y mucho, a su antaño inseparable Pablo Iglesias. Y no se queda ahí el mensaje de fondo del pensador, sino que deja claro que ya en los amaneceres del partido hay quien piensa más en su culo y su poltrona que en los intereses colectivos, que son los que les han llevado al butacón. Y es que eso suena a qué hay de lo mío, o lo que es lo mismo, a las viejas formas que tan incompatibles son ya en España. Juventud, juventud. ¿Juventud, ambición, falta de experiencia, desorganización, sálvese quien pueda? De todo un poco.
La cosa es que el cruce de vías no se deshace y el arranque se complica un poco más. Seguimos teniendo en el andén a los mismos actores en el casting esperando al tren, pero con guiones que adaptan a su interés según sople el viento. Pedro Sánchez (PSOE) ve un problema en la firmeza de las decisiones de Albert Rivera (Ciudadanos) y se da cuenta de que el Partido Popular no va a mover un dedo a su favor, ni directa ni indirectamente. Por eso el pacto alcanzado y firmado entre PSOE-CDs se convierte en papel mojado y parece que el bonito socialista le va a hacer ojitos de nuevo a Pablo Iglesias, que tampoco se apea de su determinación de tocar pelo, dicho vulgarmente, sabedor de que en unas nuevas elecciones podría dar un estacazo al PSOE. Iglesias se deja querer y Rivera observa discreto, como lo ha hecho desde el primer día. Rajoy, con su equipo de estrategia a la cabeza, tozudo como una mula, no se mueve de su sitio, aunque, eso sí, parece que quiere hacerle algún guiño a Sánchez y ofrecerle propuestas de Estado que, aunque no lleguen a buen fin, le sirvan ya como elementos de su precampaña electoral. Las propuestas incluyen desgravaciones fiscales para pymes, autónomos, investigadores, empresarios e inversores que se fijen en las nuevas tecnologías. Propone fórmulas para fomentar el trabajo fijo y en una reforma general del INEM. ¡Qué aburrimiento! porque no se le ve un mínimo de sinceridad en ese supuesto acercamiento a los socialistas.
Todos quieren ser locomotoras, pero ninguna está en condiciones de arrancar la travesía. Pasajeros, ¡al tren! Pero de una vez
