En septiembre, Río de Janeiro acogerá las Paralimpiadas 2016. Hispanopost ha salido a las calles de la ciudad con un deficiente físico para comprobar la accesibilidad para personas con movilidad reducida. En el recorrido por uno de los cartones postales de A Cidade Marvilhosa, el paseo marítimo de la playa de Copacabana, nos encontramos con los primeros obstáculos, socavones que dificultan el paso de una silla de ruedas.
Obras que imposibilitan el acceso a los rebajes de la acera o que ocupan parte de la plaza de garaje reservada para minusválidos son otras de las escenas habituales en el barrio de Copacabana, uno de los más turísticos y por el que previsiblemente transitarán turistas y también los deportistas paralímpicos. En ocasiones, el único recurso es la ayuda de los transeúntes que circulan por la calle. Si algo caracteriza al pueblo brasileño es precisamente la amabilidad de sus gentes y su carácter acogedor.
Otra dificultad añadida es a la hora de utilizar el transporte público, buena parte de los autobuses, a pesar de que muchos cuentan con rampas de acceso para minusválidos en la mayoría de los casos no funcionan o los conductores, según denuncia, Heitor Menezes, deficiente físico, dicen no saber utilizar el sistema para no tener que parar. Son pocos los taxis que circulan por la ciudad que están adaptados para las personas con movilidad reducida. El metro, afirma Heitor, tampoco cuenta con facilidades para ellos.
Quienes poseen un mayor poder adquisitivo y capacidad para conducir poseen sus propios vehículos, aunque con un coste añadido debido al mecanismo que han de incluir para poder dirigir.



