Delegados rusos y ucranianos se reúnen en Estambul este lunes para su segunda ronda de conversaciones directas de paz, un día después de que Ucrania lanzara un ataque sorpresa con drones contra los bombarderos rusos con capacidad nuclear, en una operación que, según el presidente Volodymyr Zelensky, llevaba un año y medio gestándose.
Tras la primera ronda de conversaciones en la ciudad turca el mes pasado —la primera entre los países en conflicto desde poco después de la invasión a gran escala de Rusia a principios de 2022—, ambas partes acordaron compartir sus condiciones para un alto el fuego total y una paz potencialmente duradera.
Zelensky declaró el domingo que Ucrania había presentado a Moscú sus demandas “lógicas y realistas”, pero que Rusia aún no había compartido su memorando.
“No lo tenemos”, declaró Zelensky. “La parte turca no lo tiene, y la parte estadounidense tampoco tiene el documento ruso. A pesar de ello, intentaremos lograr al menos algún avance en el camino hacia la paz”.
Aún no está claro si el audaz ataque aéreo ucraniano del domingo facilitará esa vía o la complicará. Kiev lleva mucho tiempo intentando convencer al Kremlin de que prolongar su campaña tiene sus consecuencias, pero algunos analistas advierten que la operación —que atacó aeródromos rusos a miles de kilómetros de las fronteras ucranianas— solo reforzará la determinación de Moscú.
La misión, denominada “Telaraña”, fue uno de los golpes más significativos que Ucrania ha asestado a Rusia en más de tres años de guerra a gran escala. El servicio de seguridad ucraniano, el SBU, afirmó haber introducido los drones de contrabando en Rusia, ocultándolos en casas móviles de madera enganchadas a camiones. Los techos se abrieron a distancia y los drones se desplegaron para lanzar sus ataques contra cuatro aeródromos rusos en todo el vasto país.
Vasul Malyuk, jefe del SBU, afirmó que el ataque causó daños estimados en 7.000 millones de dólares y alcanzó al 34% de los portamisiles de crucero estratégicos rusos, un total de 41 aeronaves. Estos objetivos eran “totalmente legítimos”, afirmó Malyuk, subrayando que Rusia había utilizado los aviones durante todo el conflicto para bombardear las “ciudades pacíficas” de Ucrania.
