-Las muertes de usuarios a manos del SAS merecen estar en las crónicas de la España negra.
-Fallos en los diagnósticos en la provincia con peor atención sanitaria de toda la Unión Europea.
-Enfermos psicóticos que le sacan los ojos a los compañeros de habitación.
– Individuos que mueren esperando una ambulancia que nunca llega.
– Mujeres condenadas a la esterilidad por fallos médicos.
– Cúmulo de despropósitos en la provincia que más castiga el gobierno socialista con sus decisiones.
– La Junta de Andalucía vuelve a poner en práctica la misma política sanitaria de los últimos 30 años, que no ha funcionado, pero a gran escala.
La peculiaridad del enfermo radicaba en el hecho de que solo tenía un riñón que, además, no le funcionaba del todo. A pesar de su complicada situación médica, el SAS no tuvo a bien sacar a R.C. P de las listas de espera para que recibiera diálisis. El resultado, como era de esperar, fue una muerte horrible al morir ahogado en su propia sangre tras esperar, en vano, que la ambulancia-aquel triste día solo había dos unidades disponibles- se presentase en el domicilio para facilitarle, al menos, una muerte digna. Seis meses después de su fallecimiento, la esposa recibe una llamada del SAS citándole para la primera sesión de diálisis. Ésta comenta a la telefonista que no sabe si su marido va a oír el mensaje a lo que la maleducado trabajadora replica que si es sordo. La viuda respira hondo y, con toda la dignidad que es capaz de reunir en ese momento, suelta una frase lapidaria; no está sordo, está muerto. Corría el año 2006.
Unos años antes, la paciente A.G.M, que contaba entonces con 28 años, es ingresada en el Hospital Materno Infantil de Málaga por haber empezado a manchar con sangre a los dos meses de gestación. Tras unos días en observación, proceden a hacerle un legrado al informar que el embarazo podría no ser evolutivo. A las pocas horas de completar la operación de legrado, la mujer es dada de alta pero comienza una pesadilla imposible de olvidar; hemorragias y contracciones de aborto por lo que vuelve a ser ingresada en el mismo centro hospitalario. La joven pide que se le haga una simple ecografía y la repetición del legrado. Es ignorada, y el doctor Ignacio Cano Trigo le diagnostica un embarazo extrauterino por lo que procede a extirpar el embrión en la única trompa de Falopio en la que podía haberse quedado embarazada. El resultado es simple pero terrorífico; A.G.M sale del hospital pero no podrá volver a tener hijos jamás al haberla dejado estéril una mala decisión de un doctor arrogante. Tras años de litigios, la demandante consigue una sentencia condenatoria del Tribunal Supremo para el galeno, uno de los pioneros en la Técnica de Laparoscopia en España, que debe pagar a la víctima una indemnización millonaria.
A.V.H. sufre un infarto de miocardio en su domicilio situada a escasamente cinco minutos del hospital Carlos Haya de la Capital de la Costa del Sol. Sus familiares llaman al 061 para que manden una ambulancia cuanto antes. Desgraciadamente, y a pesar de la cercanía, la ambulancia tarda más de media hora en personarse y el infartado muere sin que los equipos de emergencia puedan hacer nada por salvarle la vida.
En la madrugada del 25 de noviembre de 2013 un bombero con problemas mentales abandona el área de observación de urgencias del Clínico Universitario, abre una ventana de una sala contigua y se arroja al vacío. Resulta herido de múltiples fracturas y fallece en la UCI dos horas más tarde. Que hubiera sido ingresado por autolesionarse no fue considerado motivo suficiente para que se le prestara una especial vigilancia.
Dos meses antes, y en el mismo hospital, un paciente psicótico de origen ecuatoriano se desprende de sus ataduras durante la noche y ataca con la mesita de noche a su compañero de habitación, también atado a la cama, ocasionándole graves heridas en el cráneo. Luego le arranca los ojos.
El 1 de junio de 2007, una mujer casada y con dos hijos acude al Hospital Regional de Málaga con dolor de estómago, náuseas y vómitos que lleva sufriendo desde hace varias horas. El Centro hospitalario le realiza una radiografía abdominal sin hallazgos significativos y se le inyecta un calmante al considerar que su problema es un simple ataque de nervios. La mujer sigue vomitando en urgencias y pide ser atendida por un especialista. Insiste en el hecho de que tiene realizado un Bypass gástrico. Empero, el cirujano de guardia la manda a su domicilio para que se relajase en casa. Allí empeora y su marido decide llamar al O61 que manda una ambulancia con conductor, pero sin médico. Cuando éste llega, la paciente ha perdido la vida. La autopsia revela que la fallecida había sufrido una necrosis hemorrágica aguda en todas las capas del intestino lo que llevó a los familiares a poner una demanda al SAS por mala praxis en la atención médica. Demanda que ganan tras ser condenado nuevamente el SAS a pagar a los herederos de la víctima 172.812 por diagnóstico erróneo con resultado de muerte.
Varios accidentes acaparan la atención de los servicios de urgencia del Hospital Carlos Haya en las fechas que anteceden la Navidad; enfermeros que corren, ordenes y médicos que se afanan en hacer su trabajo en condiciones deplorables. Un escalofrío de muerte recorre las estancias del tuneado centro a la hora en la que sube la marea en el mediterráneo. No, no estamos en la playa pero por todo el centro podemos ver más posaderas que en la Malagueta por culpa de esos ridículos pijamas abiertos por la retaguardia de los enfermos que esperan hacinados en las camillas de los pasillos. Hay enfermeros que llevan alargando el turno varias horas y, aún así, no dan abasto para contener la avalancha humana a la que tienen que atender. Todos, absolutamente todos los presentes, conocen los nombres y apellidos de los responsables del desaguisado sanitario pero nadie hace nada. En el mostrador una mujer de mediana edad insulta gravemente a un celador que pone cara de póker ante la mirada atónita de un vigilante jurado. Alguien eleva una oración al cielo en la tierra donde las ermitas e iglesias siempre tocan a muerto por las gentes de la mar que ahora, por cierto, parece un remanso de paz comparado con la locura que se ha apoderado de los servicios de urgencia. Es el caos absoluto.
Razones
Málaga es la provincia de España que tiene el peor ratio de camas por habitante de España como denuncias los sindicatos CCOO y UGT; 15, 48 por cada 10.000 habitantes cuando la media andaluza es de 18,30. La provincia malagueña padece un indicador sanitario de 4,5 puntos menos que la media española. Sin embargo, esos son los datos oficiales porque los oficiosos señalan, según varios estudios oficiales de la Diputación, que Málaga cuenta con una población no reconocida de más de 500.000 personas. Dicho de otra manera, la provincia es la más poblada del sur con más de 2,200.000 habitantes. Eso sin contar con los visitantes que en épocas de estío, llegan a quintuplicar la gran mayoría de pueblos de la Costa del Sol. Período en el que el gobierno socialista de Susana Díaz decide cerrar plantas enteras de los hospitales de la tierra que vio nacer a Pablo Picasso.
Es evidente que la situación de la sanidad malagueña es insostenible al ser la peor en todos los indicadores de la Unión Europea como aseguran las centrales sindicales, el personal médico, los usuarios y todos los agentes sociales de la región. Ante esta terrible situación, Susana Díaz ya no promete, como si hicieron todos sus antecesores en el cargo, el tercer hospital. Simplemente ignora el problema; construye CHARES que no los dota de trabajadores- como en el caso del Guadalhorce- y se niega a abrirlo argumentando que no hay carretera para llegar hasta el centro. Cualquier excusa de última hora le sirve a la de Triana para no cumplir con las promesas electorales de su partido.
En definitiva, una sanidad más propia de un país del tercer mundo que del primero en la España del siglo XXI donde la muerte del perro Excalibur trajo más titulares de prensa que las muertes de malagueños a manos del Servicio Andaluz de Salud- SAS-.
