Trump podría aplicar una “mezcla de instrumentos” para presionar a Maduro aunque la de “máxima presión” ya fracasó

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Con el regreso de Donald Trump para un segundo mandato a la Casa Blanca, surge la interrogante sobre cómo abordará su administración la crisis política de Venezuela. ¿Volverá a la estrategia de “máxima presión” que implementó durante su primer período y la cual no tuvo el resultado esperado por Estados Unidos, que era propiciar un cambio de gobierno, o explorará otros caminos?

Juan González, quien se desempeñó como director principal del Consejo Nacional de Seguridad para el Hemisferio Occidental durante el gobierno de Joe Biden; John Madaleno, politólogo y profesor del IESA y de la Universidad Católica Andrés; y Hussein Kalout, doctor en política internacional y profesor de la Universidad de Brasilia; fueron los responsables no solo de responder esa pregunta, sino también de analizar el contexto regional y venezolano en el que se movería Trump.

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En el seminario The New Trump Administration’s Policy Toward Venezuela: Return to Maximum Pressure or Explore New Options?, organizado por la Universidad Internacional de Florida (FIU), junto al Instituto Jack D. Gordon de Políticas Públicas y que se realizó el pasado miércoles, los expertos coincidieron en que las sanciones económicas que Estados Unidos ha impuesto a Venezuela fracasaron y que Trump debería considerar nuevas estrategias para “presionar” al gobierno de Maduro.

Eduardo Gamarra, experto en ciencias políticas y profesor de FIU, en su condición de moderador pidió a los panelistas que evaluaran lo que significa en materia de relaciones internacionales para Venezuela y la región los resultados de las elecciones presidenciales de Estados Unidos, que tuvieron lugar el pasado 5 de noviembre y en las que resultó ganador Donald Trump.

Como punto de partida, Juan González se refirió a cómo se abordó la situación de Venezuela durante el gobierno de Biden. “En el contexto de las negociaciones quiero dejar claro que cuando nosotros abordamos esto durante la administración Biden, ni yo ni el presidente esperábamos que (Nicolás) Maduro negociara de buena fe… Éramos escépticos de que el gobierno realmente permitiera unas elecciones en las que ellos no controlaran los resultados”.

Aseguró que el alivio de las sanciones que implementaron “no fortalecieron al régimen” de Maduro. “Inicialmente estábamos en una situación en la que Maduro era la víctima y la presión era que Estados Unidos debía cambiar su enfoque”.

De allí que González sostuviera que el alivio de las sanciones que propició el gobierno de Biden no solo ha permitido que se les pague a las empresas estadounidenses, sino también ha propiciado “una leve mejoría en la situación humanitaria en Venezuela… Quienes creen que las sanciones funcionan y debilitan a Maduro, sencillamente no entienden”.

A su juicio, “hay una gran oportunidad para la administración de Trump” si aborda el problema de Venezuela desde diferentes aristas: como un asunto de seguridad nacional para Estados Unidos, la presencia de actores externos como China, Irán y Rusia y la situación migratoria. “No se deben disgregar las políticas, todas se impactan y hay que balancearlas”.

Para González, la idea de que se va a regresar a la estrategia de “máxima presión”, sugiere “desconocimiento del problema y dónde nos encontramos”. Por eso considera que se debe fortalecer la coalición internacional que actualmente “ha marginalizado a Maduro”.

Al principio de su intervención, John Magdaleno afirmó que compartía la opinión de González en el sentido de que la estrategia de “máxima presión” de la primera administración de Trump “no parece haber arrojado un resultado favorable en los términos de haber producido una aproximación a la transición a la democracia que, obviamente, es el objetivo fundamental de muchos sectores en Venezuela”.

De manera que las opciones estratégicas disponibles para la segunda administración de Trump, de acuerdo con Magdaleno, son, primero, probar con un nuevo tipo de negociación en el que se hagan concesiones en materia económica-financiera a cambio de la restitución, por parte del gobierno de Maduro, de “unas garantías que están siendo violadas”.

Segundo, volver a utilizar las sanciones económicas como “el principal instrumento de la política exterior, cuyos resultados ya conocemos de sobra”; y, tercero, la disuasión militar, que si bien “ha estado en desuso… Trump podría considerar un instrumento de política exterior de mayor presión que las sanciones”.

En Brasil no hay “una visión monolítica” sobre Venezuela

Al tomar la palabra, Hussein Kalout se refirió a la estrategia que ha adoptado Brasil con respecto al gobierno de Maduro. “Los políticos de Brasil no tienen una visión monolítica sobre Venezuela”, sostuvo, y aseveró que en el gobierno de Luiz Inácio Lula da Silva hay dos grupos: uno cuya posición ha sido ideológica y defiende que se debe restaurar la legitimidad de Maduro y otro que ha mantenido una posición más cautelosa.

De acuerdo con el experto, Brasil no juzgó bien las intenciones de Maduro, especialmente cuando crearon el grupo de Barbados. “Ellos juzgaron mal las intenciones de Maduro con las elecciones”, dijo en referencia al gobierno de Lula, que “nunca tomó una posición firme, lo cual fue uno de los grandes fracasos de la política internacional de Brasil”.

Además de ello, sostuvo que el gobierno brasileño subestimó a la oposición venezolana en cuanto a articularse a sí misma y “ganar la corona”. “Para mí ese ha sido uno de los grandes fracasos de la política internacional de Brasil, porque solamente estabanviendo lo que Maduro y sus aliados decían, pero obviaron a la oposición”.

Recordó que en estos momentos Venezuela y Brasil están atravesando una crisis diplomática, donde Maduro acusa al gobierno de Lula de intervenir en asuntos internos. “La retribución que Maduro le dio a Brasil es básicamente acusarla de defender los intereses de Estados Unidos en Latinoamérica. Y Brasil, después de lo que ha ocurrido, ha dicho que no va a reconocer un nuevo período de Maduro”.

Según Kalout, Trump llega al poder en un escenario completamente distinto para Venezuela. En su primer mandato era aceptada, “hasta cierto punto”, la legitimidad de Maduro entre los jefes de Estado de América Latina, pero ahora “no necesita inventar, endosar o declarar a nadie presidente” como lo hizo con Juan Guaidó. 

Aseveró que ese “no es el contexto actual, cuando tienes a Edmundo González como el legítimo presidente electo… Varios países dentro y fuera de Latinoamérica han asegurado que no reconocerán un tercer mandato de Maduro. Esto abre el espacio para que legítimamente la nueva administración de Estados Unidos ejerza presión sobre Maduro”, agregó.

Pero la pregunta es, a su criterio, qué tipo de presión, “porque la presión del pasado hasta ahora no ha funcionado con Maduro. ¿Máxima presión? ¿Más sanciones? ¿Aislamiento? A Maduro no le importa el aislamiento en Latinoamérica. Todavía tiene conexiones con Rusia, China, Irán, con varios países de África, del Medio Oriente y Asia. Él puede todavía maniobrar porque solamente tiene un producto: petróleo”.  

De modo que para Kalout será interesante ver cómo la administración de Lula y la de Trump podrían trabajar, “no diría de manera más cercana, pero sí en la misma dirección, porque Brasil, en mi opinión, se mantendrá distante de Caracas entre 2025 y 2026”.

Dos “decisiones muy interesantes” de Estados Unidos

Durante el seminario, Gamarra recordó dos “decisiones muy interesantes” que ocurrieron esta semana: la aprobación, por parte de la Cámara de Representantes de Estados Unidos, de la llamada «Ley Bolívar», que sanciona a cualquiera que haga negocios con Venezuela; y el anuncio del secretario de Estado, Antony Blinken, “que es el reconocimiento formal de Edmundo González Urrutia como presidente electo de Venezuela”.

A propósito de ello, preguntó a los panelistas qué impacto tendrían estas decisiones. Para Magdaleno, “abren la posibilidad de una combinación de instrumentos de política exterior para el caso venezolano. La Ley Bolívar será leída por el gobierno como una amenaza y de hecho ya hubo un pronunciamiento del Parlamento nacional sobre la materia”.

Añadió que también se abre la posibilidad de una negociación, que “es en donde veo están centradas las mayores incertidumbres sobre el destino final de la administración norteamericana”. 

Por el momento, advirtió Magdaleno, “parece estar configurándose una política exterior que, por un lado, busca presionar a la administración de Maduro y, por el otro, abrirse ulteriormente a una negociación”. 

Sin embargo, opina que las concesiones que tendría que hacer Maduro para que alguna oferta del gobierno estadounidense, como renovar las licencias o flexibilizarlas mucho más de lo que hizo la administración Biden, “deberían ser demasiado importantes como para que la estrategia central de la presión, que creo que es la que gobernará la política exterior norteamericana con la segunda administración de Trump, no se concrete”.

Y sobre este punto concluye que ambas señales que está enviando Estados Unidos “comunican la idea de que la administración norteamericana va a presionar mucho más a la administración de Maduro. La gran interrogante es cuál es el instrumento o la combinación de instrumentos de política exterior que se va a utilizar para intentar buscar una negociación con Maduro”.

Para González, la Ley Bolívar “equivale a un embargo y esto no ha funcionado en Cuba y tampoco va a funcionar aquí (en Venezuela). Las sanciones que se implementaron durante la administración de Trump alcanzaron su punto máximo en septiembre de 2019. Hoy, el régimen está totalmente sancionado”. 

Aseguró que, pese a las sanciones, Venezuela está vendiendo todo su petróleo, “con un ligero descuento”, en el mercado negro, utilizando barcos iraníes sancionados para transportarlo a otros destinos. “Así que ninguna sanción sectorial adicional supondría una presión para el régimen”. 

González es de la opinión que “las sanciones solas no van a llevar a un cambio de gobierno, podrían producir un cambio en el comportamiento. Pero ante la ausencia de un esfuerzo de mediación, las sanciones tan amplias agravan la situación humanitaria. La idea de que aumentar la presión para incrementar el sufrimiento de los venezolanos y del régimen al mismo tiempo como teoría de cambio no solo está equivocada, no va a funcionar”.

Insistió, al igual que Magdaleno, que la pregunta es qué “mezclas” de sanciones son las que serán utilizadas por Trump en su segundo mandato Y, a su juicio, el enfoque debería centrarse en sanciones selectivas. 

“Para Estados Unidos, en términos de seguridad nacional, estabilizar la economía de Venezuela es clave para prevenir la ola de migrantes… Así que la pregunta es: cómo ayudas a estabilizar la economía de Venezuela, sin llenar los bolsillos de Maduro. Pienso que hay opciones para ello”, puntualizó.

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