Un grave error que no regresará empleos y provocará caos

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El presidente electo de Estados Unidos Donald Trump, está considerando dentro de sus primeras medidas a tomar dentro de su primer día como presidente, el plantearle a México que tiene que renegociar el Tratado de Libre Comercio o NAFTA en condiciones que Trump considere favorables para Estados Unidos o en 6 meses Estados Unido se retirará del Nafta.

Su justificación es el hecho de que el NAFTA ha provocado que muchos empleos, sobre todo de ensamble y manufactura, emigren a México y culpa ese hecho a que mucha gente no encuentra trabajo en Estados Unidos. Pero esta es una verdad a medias que le sirve para justificar una medida populista.

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Salirse del NAFTA provocará exactamente el efecto contrario. Afectará mucho a las empresas y consumidores norteamericanos, no hará que esos trabajos regresen a Estados Unidos y aparte  provocará mayor desempleo y causará que los productos le cuesten mucho más a los consumidores norteamericanos, o sea, creará inflación, desempleo y una recesión que será muy difícil de manejar porque las tasas de interés se encuentran a un nivel muy bajo y no existe un margen de maniobra suficiente.

El tratado NAFTA fue concebido por el presidente Ronald Reagan como una respuesta norteamericana al Tratado de Maastricht visualizando un mercado común norteamericano para competir contra el mercado común europeo. En 1984, el congreso norteamericano pasó una ley autorizando negociar el tratado bajo el concepto de “fast-track” que consiste en que una vez negociado el tratado, el congreso solo puede aprobarlo o rechazarlo, pero no modificarlo.

Correspondió negociar el tratado a los presidentes Carlos Salinas de Gortari de México y George H. W. Bush de los Estados Unidos y a Brian Mulroney, Primer Ministro de Canadá y fue firmado por ellos el 17 de diciembre de 1992.  Posteriormente fue ratificado por los congresos de los tres países en 1993. Aquí en Estados Unidos, el congreso lo aprobó el 17 de Noviembre de 1993 por 234 votos a favor contra 200 en contra. Tres días después, el senado lo aprobó por 60 votos a favor contra 38 votos en contra. El presidente Clinton lo firmó el 8 de diciembre de 1993 para darle fuerza de Ley, y entró en vigor el 1 de Enero de 1994.

Contrario a lo que se ha hecho creer, el presidente Bill Clinton no participó en la negociación del tratado pero por ser el presidente que sucedió a Bush, fue a él a quien le tocó firmarlo después de que el congreso norteamericano lo ratificara. Pero todo el mérito es del presidente George H. W. Bush quien desarrolló la idea original que como dije, fue del presidente Ronald Reagan.

Todo tratado trae beneficios y pérdidas para las partes en lo individual, pero en lo colectivo, el NAFTA ha traído muchos beneficios para Estados Unidos, México y Canadá aunque en el análisis del gobierno de Trump, el malo de la película es México.

Lo primero que hay que considerar es que el comercio entre México y Estados Unidos se disparó a raíz del NAFTA. Cosas que se compraban en otros países, ahora se compraban entre ambos países. También permitió que muchas empresas de servicios norteamericanas se instalaran e hicieran negocios en México beneficiando a sus corporativos localizados en Estados Unidos.

En los 22 años que han transcurrido desde que entró en vigor, las economías de los tres países se han entrelazado de manera notable. Las cadenas de suministro de la mayoría de las empresas incluyen productos y procesos de los tres países. Esto ha permitido  que sean competitivas internacionalmente. Una decisión para separar a Estados Unidos del tratado, seguramente llevaría a que decenas de empresas demanden al gobierno norteamericano por verse perjudicadas en su operación.

Si bien 682,900 empleos manufactureros norteamericanos se perdieron en algunos estados, un estudio encomendado por la US Chamber of Commerce demostró que la tasa de desempleo disminuyó notablemente después de que el NAFTA entró en vigor. Antes del NAFTA promediaba 7.1% y después del NAFTA bajó a 5.1%. También se demostró que el comercio con Canadá y México generaba casi 14 millones de empleos, de los cuales 5 millones eran atribuibles directamente al incremento en el comercio que generó el NAFTA.

Y si bien algunos empleos migraron a México, si no hubiera habido el NAFTA, esos empleos hubieran migrado también a México o a China.

Las exportaciones de bienes y servicios a México y Canadá se han triplicado desde que el NAFTA entró en vigor, subiendo de $169 billones en 1993 a $645 billones en 2014. En ese mismo período nuestras importaciones desde Canadá y México subieron notablemente hasta sumar a $692 billones en 2014.

Se habla del déficit comercial de Estados Unidos con México y Canadá, pero no se toma en cuenta que en esas cifras está incluido el petróleo y el Gas Natural que Estados Unidos importa de esos países, sobre todo de Canadá. El NAFTA ha sido bueno para Estados Unidos.

El presidente electo ha amenazado que si México no acepta renegociar el NAFTA, podría imponer un impuesto del 35% a los productos que se importen de México. Pero lo que no ha pensado es que esa tarifa del 35% se tendría que aplicar a todos esos productos, vengan de donde vengan y no solo a los de México. Eso implicaría un aumento generalizado de los precios al consumidor. Subirían los Autos, los Televisores, las Laptops, las Desktops, los Tomates, los Aguacates y casi todo

Aparte, México no se quedaría sin actuar, e impondría un impuesto similar a los productos que ellos importan de Estados Unidos y se caería en una guerra comercial que a nadie beneficia y a todos perjudica. Los empleos no regresarían y muchísimas empresas demandarían al gobierno norteamericano para forzar a bajar las tarifas.

Y aún con una tarifa del 7.5% que es la más alta que Estados Unidos aplica, los trabajos seguirían fluyendo a México y a China ya que las empresas buscan mano de obra barata, y la mano de obra China es más barata que la Mexicana. Solo el Nafta y la cercanía de México con Estados Unidos han impedido que muchos más empleos emigren a China.

El resultado sería un caos descomunal, ya que por 22 años se ha trabajado para integrar las economías de los tres países y eso no se puede borrar con un plumazo. Incluso se corre el riesgo de que más empresas decidan emigrar al no tener confianza en las políticas económicas del gobierno norteamericano. Ya tenemos muchos problemas y no hay necesidad de que una política equivocada y populista nos complique las cosas más.

Ojalá y el presidente Trump entienda lo anterior y no tome decisiones cuyos efectos rompan la equidad y generen protestas que pueden subir mucho de tono y afectar el liderazgo económico de Estados Unidos en el mundo, que ya se verá afectado si China decide ocupar el lugar que Estados Unidos deja vacante en el TPP.

Salirnos del NAFTA será un gravísimo error que nos costaría muy caro.

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