«Velorio Barrabrava»: Nuevo ritual mafioso en el fútbol argentino

    0
    468

    Es sabido que los hinchas del fútbol argentino no conocen de límites ni excentricidades, travesías interminables por alentar al club de sus amores, inmensos tatuajes que cubren el cuerpo de los más vicerales y las más insólitas experiencias, son algunas de las características que los hacen diferentes, especiales.

    Sin embargo, hace varios años, los argentinos tomaron distancia y aprendieron a separar folclore de violencia. No es lo mismo hablar de fidelidad al club que de respeto a códigos mafiosos; suspensión de partidos, reventa de entradas, facciones disidentes, negocios dentro y fuera de la cancha hasta pena de muerte a los traidores, forman parte del ritual que diferencia a los más violentos de los más genuinos fanáticos fútbol.

    El “Velorio Barrabrava” es la última creación de los violentos. Esta nueva modalidad comenzó a instalarse y el sepelio de los líderes caídos, ya encontró escenario: el estadio de su club.

    Conveniencia de los directivos o una forma más de marcar territorio, los Barrabravas hacen y deshacen de su club, lo que les antoje, incluso convertirlo en una improvisada casa velatoria.

    Desde un grande de América, como el club atlético Independiente, hasta el humilde Porvenir que milita en la Primera División “D”, pasando por todas las categorías del futbol local, muchas Barrabravas han ponderado a sus referentes con este insólito rito, a la vista de todos, interrumpiendo entrenamientos y efectuando disparos de arma de fuego, hacen que la despedida de un violento, sea con todos los honores.

    Los deseos de los violentos son órdenes para los dirigentes, que no pueden, o no quieren, ponerle freno a la escalada de mafias organizadas; porque si los Barras son los dueños del club, hay alguien que le dio la llave.

    Pablo Carrozza, es periodista especializado en violencia en el fútbol, interrumpe su programa radial para dar su parecer al respecto: “Acá se está velando a un delincuente, a un asesino a un extorsionador y a la vista de todos no puede pasar, pero el hincha común ha enaltecido a los violentos a lugares insospechados, la gente le pide fotos a muchos jefes de Barrabravas, pero cuando la violencia los toca de cerca, nadie quiere hacerse cargo”.

    Y agrega que “el sepelio termina en la cancha, pero el reconocimiento a los violentos continúa en pintadas en el estadio, retratos en sus banderas y mensajes en las redes sociales que siguen alimentando el monstruo”.

    Por lo pronto, aquí rezamos para que nunca tengamos que velar al fútbol.