El fantasma de los desalojos continúa acechando a las cerca de 100 familias que aún resisten en Vila Autódromo (Río de Janeiro) a las presiones del Gobierno municipal para que abandonen sus casas.
La pesadilla comenzó en 2013 con el inicio de las obras del futuro Parque Olímpico, aunque la amenaza de desalojo viene de antiguo. Los terrenos yermos de la favela, donde vivían originariamente 583 familias, cerca del área de protección de la Laguna de Jacarepaguá, no levantaba el interés de nadie en la década de los 60´ cuando llegaron los primeros moradores, en su mayoría pescadores. Más tarde, con la expansión del barrio de clase media, Barra da Tijuca, Vila Autódromo se convirtió en el objetivo principal para el sector inmobiliario.
En 1994 llegó la primera amenaza por parte del Gobierno municipal, pero a diferencia de otras favelas, los vecinos de Vila Autódromo poseen un título de pose, concedido por el Gobierno del Estado, lo que impidió su demolición. En 2007, el entonces alcalde, Cesar Maia, con la excusa de los Juegos Pan-Americanos intentó nuevamente, sin éxito, acabar con la favela. Sin embargo, Eduardo Paes, el actual alcalde, ante la inminente llegada de las Olimpiadas, optó por indemnizaciones astronómicas y el realojo en urbanizaciones de lujo para conseguir convencer a los moradores del desalojo. Muchos de ellos aceptaron, aunque otros, algo menos de 100 familias, decidieron renunciar y luchar por sus derechos.
Hoy día, a pocos meses de los Juegos Olímpicos, la presión ha aumentado y los vecinos dicen sentirse acorralados. Dos de las casas han quedado aisladas dentro de las obras del Parque Olímpico, debido a que el acceso directo ha sido cerrado por los responsables de la constructora. Los propietarios tienen ahora que recorrer cinco kilómetros obligatoriamente y llevar una acreditación para poder entrar en sus propios domicilios.
Los vecinos aseguran que las presiones son constantes y que la tropa de choque entra en la villa sin previo aviso para derrumbar las casas que ya tienen el decreto de desalojo. Aún así, los moradores tienen la esperanza de que Paes cumpla su palabra de urbanizar la favela y respete la decisión de las familias que quieran continuar en Vila Autódromo.
La Copa del Mundo y ahora las Olímpiadas ha dejado un legado de cerca de 100.000 desalojos. De ellos, la mayoría no recibieron indemnizaciones y el reasentamiento fue a kilómetros de distancia de sus domicilios originales. Muchos de ellos perdieron sus trabajos y algunos menores quedaron sin escolarizar, según denuncian los propios moradores.



