Adicciones, problemas de pareja y principalmente crisis económicas, pueden ser algunos de los síntomas que terminan con el diagnostico casi seguro de los que habitan la calle, vivir a cielo abierto y hacer de las veredas el lugar mas cómodo para cobijarse, suele ser la principal alternativa.
Los «sin techo» son una parada inevitable a la hora de echarle un vistazo a la ciudad de Buenos Aires; lejos de buscar una salida rápida, a lo que podría ser una situación temporaria, aquellos que terminan durmiendo a la intemperie comienzan a mimetizarse, casi sin darse cuenta, con ese dramático mundo sostenido a base de caridad y buena fortuna, a la hora de investigar en los residuos.
En ese proceso de arreglarse «con lo que venga», la comida cumple un papel fundamental, sacarse el hambre en donde y cuando puedan hacerlo, suele ser la formula elegida por la gran mayoría; no hay almuerzo ni cena, mucho menos las 6 comidas que recomendaría cualquier nutricionista, desde alimentos en mal estado a las sobras de aquel que se lleno antes de terminar el plato, todo es valido para pasar el momento y generar las expectativas del día siguiente.
Para aquellos que formen parte de la reciente descripción y para los que estén cerca de caerse del sistema, existen los «Cocineros de la Calle», una ONG de gastronómicos, con ganas de ayudar a los que menos tienen, que encontraron en las clases de cocina, la forma de hacer mas digna y llevadera la vida de los que menos tienen.
Dos reuniones semanales, debajo de uno de los puentes que cruza la ciudad de Buenos Aires son suficientes para cambiarle un poco la vida a los «sin techo», conocer los alimentos, entender el tipo de cocción, darle un sabor diferente a los platos que ya conocen y básicamente inculcarle la importancia de sentarse a la mesa para compartir una comida, son el propósito de este proyecto social que arranco hace menos de un año y nunca dejo de crecer.
«Una persona que vive en la calle se olvida de lo que es una cena y un almuerzo, comer de la basura es casi el primer habito que tienen», afirma Matias Di Leo, uno de los tantos Cocineros de la Calle, que nos recibe sobre la avenida Juan Bautista Alberdi, del barrio de Mataderos.
Salteando unos trozos de pollo, este cocinero de la calle, traza un claro paralelo entre la comida de la calle y los alimentos de los que tienen la posibilidad de tener un hogar «hoy hacemos Rissotto con Pollo al verdeo, estos mismos ingredientes para un persona que vive de la basura seria pollo hervido con arroz blanco, nuestra idea es darle sabor y utilizar al máximo aquellos alimentos con los que se pueden encontrar en la basura o recibir de parte de un alma solidaria».
Las clases de cocina tienen una franja horaria de entre una y dos horas, sin embargo este lugar es mucho mas amplio que un encuentro gastronómico, es una reunión de amigos donde un mismo menú neutraliza cualquier condición social que pueda notarse a simple vista.



