Los señalamientos más recientes del secretario de Estado de Estados Unidos, Antony Blinken, marcan un viraje de 180 grados de la política exterior de Joe Biden frente a la que tuvo su predecesor Donald Trump. La nueva administración directamente cuestiona la intención que tiene China con sus inversiones, da prioridad a América Latina y objeta la orientación diplomática de la Rusia de Vladimir Putin.
A un poco más de 100 días de estar en el cargo, el secretario Blinken asegura que, gracias a la cooperación internacional, Estados Unidos ha vuelto a asumir un rol preponderante frente a la embestida que tienen Rusia o China.
“Creo que estamos liderando y vamos a liderar cada vez más eficaz. Si retrocedemos un segundo, hay que ver lo que hemos hecho y también hacia dónde vamos”, dijo Blinken en una entrevista para la BBC en su reciente visita a Londres. “Estados Unidos está revitalizando su compromiso con el mundo, liderando con diplomacia», acotó.
En el caso chino, el funcionario estadounidense ha puesto el foco sobre la orientación política que tienen las inversiones de Beijing, las cuales, a su criterio, apuntan más a un objetivo político y no a uno económico o social, como es el de brindar bienestar a la población a través de la generación de nuevas fuentes de empleo.
“Debemos tener mucho cuidado con la naturaleza exacta de esa inversión porque si se trata de invertir en industrias o activos estratégicos. Eso es algo que los países deben analizar con mucha atención”, indicó el jefe de la diplomacia estadounidense. “No se trata de intentar contener o reprimir a China, sino de mantener el orden internacional basado en reglas, en el que hemos invertido tanto durante muchas décadas, y que, a pesar de sus imperfecciones, nos ha servido bien, incluida a China”, acotó.
Blinken ha destacado que la administración Biden tiene tres prioridades en su cooperación internacional hacia América Latina: atender el tema de salud generado por el coronavirus, apoyar políticas orientadas a frenar el cambio climático e impulsar la transición energética y fortalecer la institucionalidad democrática.
Es justamente en estos puntos en los que no solo marca diferencia con las políticas chinas, sino también las rusas. A su criterio, alteran el orden institucional que se creó hace más de 75 años tras culminar la Segunda Guerra Mundial al apoyar a regímenes no democráticos o vinculados a hechos ilícitos y que impulsan el terrorismo.
«Cuando los países que forman la Organización de las Naciones Unidas, en particular aquellos que son miembros permanentes del Consejo de Seguridad, desobedecen esas reglas y bloquean los intentos de responsabilizar a quienes violan el derecho internacional, envían el mensaje de que otros pueden romperlas con impunidad», afirma Blinken.
Al mencionar el tema democrático en América Latina, lo encabeza la forma como “el régimen de Nicolás Maduro sistemáticamente reprime a sus ciudadanos, hay abuso y corrupción”, pero ya no apunta hacia lo que se llamó “estrategia de máxima presión”, que fue la tesis que dominó en los años de Trump, sino que más bien se avanza en un trabajo conjunto con los demás países de América Latina sin obviar que se debe evitar “el sufrimiento de la población venezolana”.
Alertas y defensas
Varios analistas advirtieron la forma en la que, durante el último año de Trump, la administración de Maduro respondió a las sanciones comerciales petroleras que el expresidente impuso a Venezuela: buscar como aliados a China, Rusia, Irán y Turquía, cuyos gobernantes tienen posturas antiestadounidenses.
“El régimen de Maduro, con su amplia gama internacional de aliados, ha demostrado ser resistente y adaptable frente a las fuertes sanciones estadounidenses e internacionales, logrando encontrar las costuras en el sistema financiero global, cambiar las operaciones a nuevas ubicaciones geográficas o traer nuevos socios a su entorno”, advirtió Douglas Farah, presidente de la firma IBI Consultants y profesor del Centro para Investigación Estratégica de la Universidad Nacional de Defensa de los Estados Unidos en un reporte sobre Venezuela auspiciado por el Atlantic Council.
Al respecto menciona, por un lado, como “Rusia es el aliado militar, económico y político más importante de Venezuela” desde los años de Hugo Chávez, al punto que durante la última década y media se registra un monto por 11.000 millones de dólares en armas, que incluyen tanques, aviones de combate avanzados y sistemas de misiles antibalísticos. Por el otro, que “China se convirtió en el principal facilitador financiero”, proporcionando préstamos y en menor escala inversión extranjera directa, básicamente en industrias extractivas como el petróleo y la minería.
Las advertencias incluyen recomendaciones como las de emprender acciones por parte de Estados Unidos, que básicamente comienzan por no ceder espacios y fortalecer esquemas multilaterales con la Unión Europea y los países de América Latina que son aliados de Washington.
“Las sanciones impuestas por Estados Unidos a Venezuela fueron efectivas al principio”, destacó David Voght, managing partner de la consultora IPD y un reconocido experto en materia petrolera durante una conferencia del Instituto de las Américas sobre el tema Venezuela y petróleo. “Sin embargo”, agregó, hoy en día hay “un puñado de empresas desconocidas exportando entre 425.000 y 500.000 bpd, dependiendo del mes, y ese crudo está yendo a China. A China se le está pagando su deuda. Hay una total falta de transparencia… que es contraproducente” para lo que las sanciones “buscan lograr”.
Por su parte, Brian Fonseca, director del Instituto de Políticas Públicas de la Universidad Internacional de Florida, manifestó: “El compromiso de Rusia, China y Cuba con las Fuerzas Armadas venezolanas ha aumentado exponencialmente durante la última década. El personal venezolano ha estado asistiendo a escuelas militares rusas y chinas durante años, y Venezuela es el principal comprador en América Latina de equipo militar ruso y chino”.
Agregó que “en cuanto a los cubanos, sus fuerzas de seguridad comenzaron a brindar asistencia técnica sobre el terreno al ejército venezolano poco después del último intento de golpe de Estado en 2002”.
Fonseca afirmó que a Estados Unidos le llevará años reconstruir relaciones sustantivas con las Fuerzas Armadas venezolanas después de casi dos décadas de distanciamiento, situación que se agrava porque las instituciones gubernamentales en Washington no están preparadas para brindar la asistencia económica y de seguridad que se requieren. Pero, según expresó, se debe emprender una ruta para recuperar ese espacio.
