La distribución de las bolsas de comida de los Comités Locales de Abastecimiento y Producción (CLAP) se ha convertido en una cadena con numerosos eslabones que propician el trabajo informal, aseguraron fuentes sindicales y comunales que solicitaron guardar sus nombres en reserva.
«Si se habla de empleo formal, los trabajadores bajo esa categoría son los que laboran en las empresas privadas proveedoras y fabricantes de los productos que integran la bolsa, además de la gente de la flota de gandolas de la empresa estatal Mercado de Alimentos S.A (Mercal). Después de ahí, la informalidad laboral es la constante», explicó un consultado.
Esta situación, agregó la fuente, se constata en los alrededores de los centros de acopio de las bolsas CLAP donde numerosas personas prestan el servicio como caleteros de carretillas y empleados de los camiones particulares encargados de repartir los combos en los edificios y casas bajo la coordinación y vigilancia de los consejos comunales.
Según las fuentes, este sistema de distribución involucra muchos trabajadores informales tomando en cuenta la cifra oficial de que 7,5 millones de familias en Venezuela reciben la bolsa de comida.
Trabajo precario
«Las condiciones laborales de los empleados de los camiones y los caleteros corresponden al trabajo precario, de total flexibilización y discrecionalidad sin la firma de un contrato individual ni colectivo», advirtió un consultado.
En Catia (Caracas) un muy joven caletero contó: «Por el traslado de las bolsas en la carretilla y varios viajes me pagan 20 o 50 bolívares más una bolsa de comida».
Por su parte, voceros de consejos comunales de la capital refirieron que el costo de la logística y del transporte -esto es, el pago a los caleteros y conductores y ayudantes del camión más el gasto de fotocopias, resma de papel y teléfono, entre otros- aumenta el precio de los CLAP a los beneficiarios.
Dicha situación causa ruido en las comunidades ya que el precio original del combo de 25 a 30 bolívares sube a 50 y 60 bolívares con la logística y el traslado.
Asimismo, los voceros comunales admitieron que -del lote de bolsas entregadas a las comunidades- ellos pagan de su bolsillo algunos combos para compensar el servicio particular de personas que barren la calle o llevan la basura al contenedor.
Pero una vez en manos de los beneficiarios, muchos de ellos se incorporan a la venta en efectivo o el trueque por huevos, plátanos y verduras de algunos productos en puestos callejeros informales.
Las fuentes indicaron que los productos CLAP provistos por los beneficiarios también son reciclados, esto es, vuelven a ser parte del contenido de otras bolsas.
Las fuentes destacaron que Venezuela figura entre los países con mayores índices (56% de la población económicamente activa o fuerza de trabajo) de informalidad laboral.
