El homicidio como derecho supremo en Estados Unidos

- Publicidad -

La búsqueda, a pie, de un refresco frío hace años me llevó en Miami hasta un pequeño centro comercial de la avenida Flagler y, despistado, en vez entrar a la heladería que buscaba me metí al local contiguo, en donde me topé a boca de jarro con un niño rubio de unos 12 años que, con un ojo abierto y otro cerrado, me apuntaba con un fusil de guerra genuino mientras su orgulloso padre le preguntaba si lograba ver correctamente el punto de mira. Las paredes del local estaban llenas de ametralladoras, carabinas, pistolas, revólveres y fusiles de todas las especificaciones imaginables. El público presente examinaba las vitrinas de venta con atención, preguntaba por cada una de las armas expuestas, los dependientes se las alcanzaban para que las tantearan y les recitaban las bondades de cada una para tratar de vendérselas. Cada aparato –explicaban– era susceptible de ser mejorado con equipos adicionales para afinar la puntería o, por ejemplo, con municiones especiales que no solamente dan en el blanco sino que, por un costo adicional, vienen con cargas dentro de los proyectiles que explotan dentro de las víctimas y garantizan su muerte en las condiciones más tortuosas posibles.

Nunca, hasta ese día, había visto una tienda de venta libre de armas en Estados Unidos ni he vuelto a ver otra. Existía en ella mejor armamento que en cualquiera de los frentes guerrilleros o de paramilitares que he visto en Colombia, en donde, aunque usted no lo crea, la delincuencia necesariamente debe ser sigilosa en exceso para introducir y portar armas de fuego, si bien en este país es más grave poseer un fusil que asesinar a una persona: por un homicidio simple se purgan hasta 17,3 años de cárcel mientras que el poseer un fusil tiene una pena mínima de 18 años.

- Publicidad -

Trabé conversación con una vendedora de apariencia adolescente en la tienda de la Flagler para contarle que en Colombia todo lo que ella vendía estaba prohibido y constituía delito gravísimo. No me creyó del todo y al final, pensándolo bien, dio su explicación:

            – Es que Colombia es un país muy violento.

Al salir del almacén me tropecé con una pareja que sudaba subiendo a su camioneta tres toneles de polietileno llenos de municiones para un manojo de fusiles que también acababa de adquirir. Parecía ser gente del campo a juzgar por el barro de las llantas del vehículo, los cachetes colorados por el sol y las ropas sucias y desgastadas de ambos. También adquirieron una suerte de tapetes de espuma ideales, me explicó ella, para acostarse bocabajo a disparar con mayor comodidad, principalmente durante los combates que esperaba sostener al lado de su esposo contra enemigos imaginarios e imprevistos a los que llevaban muchos años esperando. En Colombia ambos habrían sido condenados al menos a 60 años de cárcel por poseer el arsenal que adquirieron allí, como quien compra frutas y verduras en el supermercado.

A propósito de la masacre de la semana pasada en Dallas, Texas, donde un grupo de francotiradores asesinó a cinco policías durante una manifestación antirracista, volví a recordar mi visita fortuita a la tienda de armas de la Flagler. En realidad, me viene a la memoria cada vez que ocurre una masacre en Estados Unidos y entonces me pregunto si el asesino del momento será en esa oportunidad –ya adulto– el niño al que vi cuando su padre le enseñaba con orgullo el uso de un fusil automático en venta.

La opinión pública de los Estados Unidos tiende a creer que la violencia y la barbarie son propias solamente de los países primitivos y salvajes del tercer mundo a los que su gran nación se esmera en corregir, por las buenas o por las malas. No tiene conciencia de su propia irracionalidad homicida.

La compraventa y el uso libres de armas en Estados Unidos son un legado medieval británico, elevado a la categoría de derecho fundamental. Fue consagrado en diciembre de 1791 por medio de la llamada Carta Constitucional de la que hace parte la Segunda Enmienda a la Constitución que, a la letra, dice: «Siendo una milicia bien regulada necesaria para la seguridad de un estado libre, el derecho del Pueblo a tener y portar armas no será vulnerado».

Además, por mandato de la Novena Enmienda, ninguna ley en Estados Unidos puede violar derechos ya establecidos, de manera que no existe ni la más mínima manera de prohibir el comercio y uso de armas letales si bien es cierto que se trata de una prerrogativa ciudadana inalienable que ya existía, incluso, antes de la independencia del país. Peor aun: en junio de 2010, la Corte Suprema de Justicia produjo una sentencia según la cual ninguna autoridad u órgano legislativo local o estatal pueden restringir el derecho supremo a poseer armas letales.

Para el presbiteriano James Madison (1751-1836), gran esclavista y cuarto Presidente de Estados Unidos, conocido como «Padre de la Constitución», el uso libre de armas tiene el propósito fundamental de garantizarle al ciudadano un medio de defensa legítimo, incluso para el caso que el Estado se extralimite con su poder y deba defenderse de él.

Alexander Hamilton (1755-1804), quien peleó en la guerra de Independencia de Estados Unidos y fue su primer Secretario del Tesoro, también participó en la redacción de la Constitución y se empeñó, como Madison, en defender el derecho consagrado e inalienable del pueblo a poseer armas. También sostenía que el Ejército en cualquier momento puede amenazar la libertad de la nación y en tal caso el pueblo debe tener armas necesarias para impedirlo.

Hoy, Estados Unidos es el país del mundo con más armas de guerra en manos de particulares y es probable que solamente una ínfima minoría sepa porqué razones tiene ese derecho. Hay más armas que habitantes. Existen más puntos de venta de armamento que negocios registrados como restaurantes de comidas rápidas, cafeterías y tiendas de comestibles, de acuerdo con información pública de la Oficina de Alcohol, Tabaco, Armas de Fuego y Explosivos o su acrónimo en inglés ATF.

En 2015 las tiendas de armas sumaban casi 65 mil en todo Estados Unidos frente a 14 mil 248 restaurantes de McDonald’s, 12 mil 521 sucursales de Starbucks y 37 mil 716 registros de tiendas de comestibles. En 2015 las ventas nacionales de armas sumaron US$ 23.100 millones. Solamente en 2014 fueron fabricadas 8 millones 94 mil 301 armas de fuego.

El uso y el comercio libre de armas cuenta en Estados Unidos con el respaldo de la vigorosa, casi sacrosanta, Asociación Nacional del Rifle, o su acrónimo en inglés NRA (National Rifle Association), fundada en 1871. Es la organización de derechos civiles más antigua del país y, con más de cinco millones de socios, está consagrada a defender la vigencia de la Segunda Enmienda para que todo estadounidense pueda poseer las armas de fuego que quiera con fines defensivos, ofensivos, deportivos o de lucro, si quiere, para emplearse como guardaespaldas o agente privado.

Hoy, resulta insólita la existencia de ese derecho fundamental que se ha convertido a la postre en una suerte de legalización intocable del homicidio. En general, nadie tiene un arma para algo que no sea dispararla y dispararla contra un ser viviente.

            A vuelo de pájaro, respecto de la última década puedo contar al menos 19 masacres en Estados Unidos, cometidas todas en «tiempos de paz interna» por asesinos que quizá no habrían matado a nadie de no ser por la facilidad y el sagrado derecho que tienen a comprar armas letales.

Veamos:

            –Masacre de Alabama, marzo de 2009, once muertos, entre ellos el pistolero Michael McLendon.

            –Masacre en la escuela  West Nickel Mines, en el pueblo  de Bart Township, condado Lancaster, Pensilvania, octubre de 2006. Un hombre armado asesinó a cinco niñas.

            –Masacre de Aurora, 20 de julio de 2012. Durante el estreno de la película El caballero de la noche asciende, de la serie Batman, un hombre armado asesinó a 12 personas en el condado de Aurora, Colorado.

            –Masacre de Bnhamton, abril de 2009. Un tirador asesinó a 13 personas en la localidad de Binghamton, estado de Nueva York.

            –Masacre en el hogar de ancianos de Carthage,Carolina del Norte, marzo de 2009. Un hombre armado asesinó a ocho personas mayores.

            –Masacre en la iglesia Metodista Episcopal Africana Emanuel, en Charleston (uno de los templos más antiguos de Estados Unidos), Carolina del Sur, junio de 2015. Un joven armado asesinó a nueve fieles, incluido el reverendo y Senador Clementa C. Pinckney.

            –Masacre de Hialeah, julio de 2013. Un tirador asesinó a siete personas en un edificio de Hialeah, condado de Miami-Dade, Florida.

            –Masacre en la Universidad del Norte de Illinois, febrero de 2008. Un hombre armado asesinó a cinco personas antes de suicidarse.

            –Masacre de Fort Hood, en las afueras de la base militar  de Killeen, Texas, noviembre de 2009. Un hombre armado, que era psiquiatra del Ejército, asesinó a 13 personas.

            –Masacre en la discoteca Pulse, de Orlando, Florida, junio de 2016. Cuando menos 50 personas fueron asesinadas por un hombre armado que fue abatido por la Policía. El homicida, estadounidense, habría jurado lealtad al terrorista Estado Islámico.

            –Masacre en Isla Vista, California, mayo de 2014. Un hombre armado, de 22 años, asesinó a siete personas en el campus de la Universidad de California en Santa Bárbara.

            –Masacre de San Bernardino, California, diciembre de 2015. Hombres armados asesinaron a 14 personas en el Inland Regional Center durante un banquete del Departamento de Salud Pública del condado de San Bernardino al que asistieron más de cien personas.

            –Masacre de Tucson, Arizona, enero de 2011. Hombres armados asesinaron a seis personas en el parqueadero de un supermercado.

            –Masacre en Kansas, febrero de 2016. Un hombre armado asesinó a tres personas en Newton y Hesston, cerca a un edificio en construcción de Industrias Excel, donde trabajaba el asesino.

            –Masacre del Instituto Superior Umpqua, octubre de 2015, en la ciudad de Roseburg, Oregón. Un hombre armado de 26 años asesinó a nueve personas en el campus.

            –Masacre de Virginia Tech, abril de 2007. Un hombre armado asesinó a 33 personas en el Instituto Politécnico y Universidad Estatal de Virginia (conocido como Virginia Tech), en Blacksburg, Virginia. Es considerado hasta hoy el peor ataque a una universidad en la historia de Estados Unidos.

            –Masacre de Washington Navy Yar, septiembre de 2013. Un pistolero asesinó a 12 personas en un comando naval en Washington.

            –Masacre del Westroads Mall, diciembre de 2007, en Omaha, Nebraska. Un hombre armado mató a nueve personas en la tienda por departamentos Von Maur.

            –Masacre del templo de la fe Sij, de Wisconsin, en Oak Creek, agosto de 2012. Un hombre armado mató a seis personas. El asesino pertenecía a la supremacía blanca y era veterano del Ejército.

Tiene sentido creer en la libertad de poseer armas en los viejos y borrascosos tiempos del salvaje Viejo Oeste. Un revólver o una carabina solían ser el único medio de defensa eficaz de una persona para desenvolverse en el imperio de la barbarie. En la actualidad, con las fuerzas armadas, los cuerpos de policía y las agencias de seguridad más grandes y poderosas del mundo, el derecho a poseer armas letales por que sí no es más que una solemne y cada vez más mortífera estupidez.

Estados Unidos tal vez sea el único país en donde asesinar es un sólido, antiguo e inalienable derecho constitucional.

- Publicidad -

Más del autor

Artículos relacionados

Lo más reciente

Bitcoin como capital digital: corrección, fundamentos y oportunidad

Bitcoin ya no es un experimento técnico ni una protesta marginal. Es la red monetaria digital dominante y un activo global con implicaciones profundas...

Venezuela denuncia nuevo derrame petrolero proveniente de Trinidad y Tobago “con riesgos para los ecosistemas marinos”

El gobierno de Venezuela denunció este viernes 12 de junio, un nuevo derrame de crudo proveniente de Trinidad y Tobago, y asegura que fue...

Larry Devoe asumió la presidencia del Consejo Moral Republicano

El fiscal general Larry Devoe asumió el miércoles 10 de junio como presidente del Consejo Moral Republicano durante el periodo 2026-2027. De acuerdo con la...

¿Quieres recibir las notas de mayor interés en tu email?

Comparte con nosotros tu email y te haremos llegar las noticias de mayor relevancia directo a tu correo