Muy contrario a lo que se pueda pensar, los líderes no son Superman, no poseen su agudeza sobrehumana, ni su invulnerabilidad y mucho menos su infinita fuerza y capacidad de multitasking. Son personas de carne y hueso con grandes fortalezas, pero también debilidades y una de ellas es que en muchas ocasiones desean tener el control de absolutamente todo.
Esto significa que quieren ser los que planifican, ejecutan y resuelven todas las iniciativas que lleva a cabo la compañía, y se niegan a delegar responsabilidades en su equipo.
Y esto es un grave error en cuanto a ser un buen líder, pues esa necesidad de acaparar todo lo que evidencia es falta de confianza en los demás miembros de la empresa e inseguridad en la labor realizada por los empleados.
Como líder, delegar es importante porque no puede (ni debe) hacerlo todo él o ella misma. Delegar empodera a su equipo, genera confianza, contribuye al desarrollo profesional y a la retención de talento. Y, en el caso de los líderes, les ayuda a aprender a identificar quién es el más adecuado para abordar tareas o proyectos.
Por ello, para poder ser un líder motivador y referente entre los trabajadores debe delegar, lo cual es una función básica para maximizar la obtención de los objetivos empresariales, así como a cuidar el bienestar -menos estrés, más tiempo y salud física y mental- tanto del equipo de trabajo, como de su propia persona.
Todos esos aspectos son clave en la gestión de talento, ya que redundan en el beneficio de la compañía en materia de eficacia, productividad, entre tantos otros.
Así que el líder no es un Superman: no puede abarcar ni conocer todo. Es muy difícil, sino inexistente, que las personas sepan todo o tengan la totalidad de las habilidades, aptitudes y capacidades para sacar adelante, por ejemplo, un proyecto.
La buena práctica es el trabajo en equipo, en el que se distribuyen las tareas de manera equitativa y de acuerdo con el conocimiento y habilidad particular de cada uno de los integrantes.
De manera que es importante que el líder tenga un criterio asertivo de confiar en los empleados e identificar sus habilidades, conocimiento y experiencia en las tareas que se les vayan a asignar.
Al final del día, las acciones de delegar se traducirán también en una mejora de la productividad, aumento de la motivación, paz en el ambiente laboral y multiplicación del compromiso, lo que resulta fundamental para que el trabajo fluya en beneficio de construir y hacer crecer a las empresas.
