El año 2020 no solo pasará a la historia por la pandemia global ocasionada por el coronavirus, sino también por una serie de hechos políticos -incluida la principal democracia del mundo como es la de Estados Unidos- que han puesto en jaque a las instituciones gubernamentales y la forma cómo se ejerce el liderazgo.
Los contrastes han sido notorios entre los dirigentes no solo por la manera de enfrentar el COVID-19, sino también por la forma cómo conducir sus propias realidades en cada país. Por un lado, está la canciller alemana Angela Merkel dando cátedra de sobriedad y permitiéndose llorar y expresar su preocupación por el hecho de que las medidas de distanciamiento o aislamiento vulneran principios de libertad. Por el otro, se encuentra el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, irrespetando normas sanitarias y cuestionando la institución del voto y del correo en su país.
La institucionalidad en el mundo está en el piso con esta situación que estamos pasando y lo que ha pasado en Estados Unidos es gravísimo porque Trump atentó contra una de las instituciones que es columna vertebral de ese país, como es el correo, comenta Fernando Guerrero, abogado y doctor en Derecho de la Universidad Central de Venezuela. Por parte de varios de los líderes del mundo hay falta de convicción, responsabilidad y mesura, agrega.
Señala que este grupo de líderes se caracteriza por prácticas populistas, carecen de formación, centran su acción política en el inmediatismo y su forma de responder es principalmente a través de redes sociales. Advierte sobre las fallas que están mostrando los procesos electorales para escoger a las autoridades.
La competencia de los líderes está en decadencia desde que el voto dejó de considerarse un deber y un derecho. Ahora es solo de un derecho, pero no un deber. Por eso pienso que el deber de votar tiene que mantenerse. Se debe obligar o conminar a las personas a votar, afirma Guerrero.
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