Filas kilométricas y falta de información son el balance del primer día tras la inauguración de los Juegos Olímpicos Río 2016. Hispanopost acompaña a Andrés, un ciudadano español residente en Río de Janeiro, en la aventura por llegar hasta las puertas del Parque Olímpico.
La confusión llega en la estación de la Terminal Alvorada, punto de conexión de aquellos visitantes que poseen la Riocard, la tarjeta que permite utilizar la nueva línea 4 de metro, y aquellos otros que llegan en autobús desde distintos puntos de la ciudad, este último es el caso de Andrés. Al llegar a la estación, no sabe muy bien dónde dirigirse y tampoco se encuentra en el camino a voluntarios de Río 2016 que le presten información.
Una vez en el BRT, el autobús de vía rápida que conecta Alvorada con el Parque Olímpico, la llegada a la estación Río 2 es rápida, pero tras descender del BRT hay que recorrer una distancia de aproximadamente 15 minutos, primero a través de una larga pasarela desde donde ya se alcanza a ver las largas filas para acceder al recinto que aún queda distante para quienes vienen en transporte público.
El acceso es uno solo para todos los estadios y una vez en el recinto hay que pasar un primer control para verificar mochilas y objetos metálicos y después un segundo para la comprobación de los ingresos. Una vez dentro hay que estar atento para seguir las indicaciones de los carteles y llegar a la localización exacta.
El regreso a la ciudad en transporte, se viven también las aglomeraciones de las miles de personas que han llegado a disfrutar de la mayor fiesta deportiva del mundo. Aún así y a pesar de los inconvenientes, la ilusión por ver a los astros del deporte continúa y los elogios de las instalaciones y el transcurso de los juegos diluye las voces críticas.



